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El día que la URSS rechazó jugar en el estadio donde torturaba Pinochet

Chile y Rusia vuelven a enfrentarse 44 años después del partido más vergonzoso del país sudamericano

Hoy Chile jugará en Moscú un partido amistoso contra Rusia. Llevan desde 1973 sin enfrentarse y la última que vez que lo hicieron estuvieron cerca de crear un conflicto político internacional, disputando una de las eliminatorias más escandalosas de la historia del fútbol.

Nada que ver con la pachanga que van a jugar como preparación para la Copa Confederaciones: el “Partido Fantasma” de Santiago de Chile clasificó a los sudamericanos para el Mundial de Alemania’74 en la dura repesca contra la extinta URSS.

Aquella Unión Soviética no viajó entonces a Santiago de Chile por cuestiones políticas y el partido de vuelta jamás se disputó. O al menos no con los dos equipos en cancha. La ida acabó en empate a cero el 26 de septiembre de 1973, solo dos semanas después del golpe militar que derrocó el gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende.

Allende murió defendiendo el Palacio de la Moneda y el general Pinochet tomó el mando del país. Duraría casi dos décadas en el poder.

La URSS, en plena Guerra Fría, y a sabiendas de que EEUU apoyó el golpe militar, no quería que los chilenos entrasen en el país. "Al llegar al aeropuerto en Moscú no nos dejaban entrar en tierra. Tampoco a mi compañero Elías Figueroa", recuerda el ex goleador chileno Carlos Caszely en La Nación.

A Figueroa, un central al que comparaban por su calidad con Franz Beckenbauer, se le impedía el ingreso porque en la foto del pasaporte aparecía con el pelo corto y en aquel entonces llevaba melena. A Caszely porque se había afeitado el bigote. Los dirigentes chilenos tuvieron que intervenir para solucionar el problema viendo las absurdas trabas.

"Rescatamos un empate que era muy bueno para encarar el partido de vuelta, previsto para el 21 de noviembre de 1973", recuerda Caszely, opositor a la dictadura y que tuvo a su madre detenida por el régimen de Pinochet.

[ Lee aquí nuestra entrevista con Carlos Caszely, el mejor futbolista de la época en Chile]

Sin embargo, la URSS jamás se presentó en el Estadio Nacional de Santiago de Chile para jugar la vuelta.

Aquel campo lo utilizaba la dictadura como campo de concentración para encerrar y someter a torturas a los disidentes del 'nuevo Chile' de Pinochet.

A pesar de aquellos sucesos, la FIFA, presidida entonces por el británico Stanley Rous, ordenó que Chile debía presentarse en el estadio, que había sido desalojado poco antes por los militares para dar al mundo una señal de normalidad, mientras los presos políticos eran reubicados en otros centros de detención.

Los once futbolistas chilenos saltaron al césped con su indumentaria de juego puesta pero sin rivales.

Se pararon en el centro del campo, el árbitro pitó para dar inicio al "Partido Fantasma", y cuatro jugadores avanzaron hasta la portería rival pasándose el balón, donde el capitán Francisco Valdés marcó gol a puerta vacía, dándole la surrealista clasificación a Chile para Alemania 1974.

"Fue lo más grotesco que he vivido futbolísticamente. Era el teatro del absurdo", dice Caszely, el único futbolista que no se despidió del dictador en la tradicional visita que realizan la selecciones a los presidentes antes de marcharse a un evento importante. " Habíamos hecho un semicírculo y Pinochet pasó saludando de mano a cada uno de nosotros. Yo las tenía atrás y las dejé ahí. No me moví. Lo hice porque creí haber estado representando a la mayoría de mis compatriotas que rechazaban las dictaduras", explicó.

Caszely fue incapaz de saludar al hombre que le había arrebatado la democracia a su país y le hizo jugar el partido más vergonzoso de su carrera. Motivos no le faltaron.

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