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Bradley Wiggins: adiós al ciclista mod que supo reinventarse

Alcohol, depresiones, polos Fred Perry, scooters y The Who: las luces y sombras del primer británico que ganó un Tour

Bradley Wiggins siempre ha parecido más una estrella de la música que un corredor de bicis. Este ciclista británico aunque nacido en Bélgica acaba de anunciar que se retira con 36 años, dejando atrás una carrera de alcohol, depresión y rock and roll.

Y es que más allá de su manera de entender la vida, Wiggins ya es un mito del ciclismo británico. En 2012 se convirtió en el primer inglés en ganar un Tour de Francia, ha logrado 8 medallas olímpicas, siendo campeón en Atenas, Pekín y Río de Janeiro. Además, el año pasado batió el récord de la hora (más kilómetros recorridos en bicicleta en 1 hora) en el velódromo de Londres, compitiendo con escudos de la RAF, el Ejército del Aire Británico.

La gran pasión de Wiggins es la música, siendo afín a la cultura mod sesentera, yendo con la guitarra a todas partes y los grupos como The Jam y The Who siempre de banda sonora. Como buen mod, viste como tal y colecciona scooters y guitarras.

A pesar de sus victorias y su buen gusto musical, no todo han sido alegrías en la carrera de Wiggins. En sus primeros años como profesional aún pasaba apuros económicos, y se cansó de esforzarse sin tener ninguna recompensa. Después de campeonar en Atenas'04 entró en depresión y se pasaba los días en los pubs bebiendo cerveza sin parar. Le motivaba mas la bebida que la bici.

Unos hábitos con los que convivió desde bien pequeño. Su padre, Garry Wiggins, fue un ciclista australiano que le daba igual de rápido a los pedales que al alcohol y las anfetaminas. Cuando Bradley tenía solo dos años, les abandonó para irse con su amante.

Sin embargo, el ciclista británico salió de la etapa depresiva gracias al nacimiento de su hijo. De hecho, estuvo corriendo dos años sin ninguna ilusión, solo para pagar las facturas que le llegaban. Supo reinventarse. Después de los Juegos de Pekín adelgazó mucho para competir en ruta y dejar a un lado el ciclismo de pista. Gracias a ello firmó el contrato de su vida, fichando por Sky.

Su reconversión fue cuestionada por muchos, acusándole de dopaje. De hecho, su nombre apareció en los datos pirateados de la Agencia Mundial Antidopaje y el mundo entero supo que tuvo autorizaciones para el uso terapéutico de productos prohibidos para los ciclistas. Se defendió alegando que moralmente es incapaz de doparse. "Eso es sólo deporte. El dopaje no merece la pena, simplemente".

Siempre quiso ser una estrella de las grandes vueltas. Creció en Kilburn, un barrio de la periferia de Londres, viendo por televisión como Chris Boardman arrasaba con la bicicleta en los JJOO de Barcelona'92. Desde aquel momento supo que quería dedicarse al ciclismo.

Tan seguro estaba que dejó de tomarse los estudios en serio. Su profesor de francés un día le preguntó por qué no estudiaba el libro y Bradley le respondió que ya aprendería a hablarlo cuando fuera un ciclista profesional en Francia. El profesor se rió en su cara. Hace poco Wiggins se lo encontró por las calles de Londres y le empezó a hablar con un francés fluido. Un hombre de palabra.

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