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Sports

"Ya no me gusta el tenis, solo juego por dinero"

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Bernard Tomic destroza la hipocresía: se ha cansado del tenis profesional tras 8 años en la élite, pero no quiere volver a trabajar

Omar Naboulsi

06 Julio 2017 16:37

Getty

Cuartofinalista de Wimbledon 2011 con 18 años, debutante en el circuito profesional a los 16. Sí, Bernard Tomic era uno de esos tenistas que iban a estar en lo más alto del ranking ATP unos cuantos años, pero por ahora no lo ha conseguido.

No es que no pueda. Simplemente no quiere. Seis años después de sorprender al mundo en Wimbledon, reconoce que se ha quemado.

Llamado a ser figura del tenis australiano desde niño, se ha llevado más atención sus por los escándalos extradeportivos que por sus victorias. Recibir tres multas en un mismo día, pegarse borracho y desnudo en medio de un jacuzzi y estar acusado de llevarse a menores drogadas a sus fiestas son algunos de ellos.



Tomic es un miembro más de la generación de los rebeldes australianos, con Nick Kyrgios como líder supremo, el cual ha sido sancionado y ha tenido que pasar por el psicólogo por su comportamiento en pista.

Al igual que su compatriota, Tomic ha perdido la pasión por la raqueta. Lo dejó bien claro en su último partido, donde ha perdido en la 1ª ronda de Wimbledon -su 15ª derrota del año en 24 partidos- contra Mischa Zverev (6-4, 6-3, 6-4) en apenas 84 minutos de penoso tenis.

No tuvo ni una sola opción de break.

Tampoco le importa. Después de perder compareció ante los medios y aseguró que “el tenis ya no me satisface. Poder levantar un trofeo o hacerlo bien es algo que no me da ya ningún placer”.

No es una neura pasajera. “Es algo que ya he experimentado un montón de veces en mi carrera. Me da igual si en el Open USA -último Grand Slam de la temporada- hago cuarta ronda o caigo en la primera”, reconoce Tomic, que el año pasado llegó a ocupar el puesto 17 del ranking ATP.

Sabe que tiene el futuro resuelto gracias al dinero que gane en su carrera como tenista, aunque no sea lo que más le guste.

“Sé que jugaré otros diez años y que cuando acabe mi carrera no tendré necesidad de trabajar más”.

Aunque pueda sonar algo prepotente, es la pura realidad. De hecho, le honra reconocerse como un trabajador del tenis y no un enamorado, a diferencia de otros deportistas que intentan vender esa imagen de cara al público. En el deporte profesional hay centenares de ellos que preferirían estudiar una carrera o trabajar de lo que sea antes que seguir compitiendo, pero no lo hacen porque sus sueldos son irrechazables.

Sin ir más lejos, Tomic se ha llevado 35.000 libras por perder en la ronda inaugural de Wimbledon -unos 40.000 euros-.



Con su palmarés profesional, donde no figura ningún Grand Slam y se pueden ver tres finales perdidas, ya acumula más de cinco millones de dólares sólo en ganancias en torneos, sin contar patrocinadores, exhibiciones y participaciones en Copa Davis.

En la conferencia de prensa también le preguntaron por la posibilidad de donar su premio en metálico a una causa benéfica y no se le vio demasiado dispuesto.

“Si le pedís a Federer que done sus 500 millones de dólares, ¿qué pensáis que hará? Todos trabajamos por dinero. Quizás cuando tenga 34 años empezaré a hacer donaciones. Si Roger -Federer- y Novak Djokovic lo hacen, yo lo haré sin problemas”.

Tiene un único estímulo y, por lo menos, lo tiene bien localizado.

“Sólo tengo 24 años, pero ya me cuesta encontrar la motivación. Y sé que el tenis merece un respeto, y que yo no se lo estoy guardando. Pero es mi elección personal. Soy consciente de que debería trabajar más algunos aspectos, y no lo hago”.



Es un pez que se muerde la cola: no juega bien porque ya no le agrada jugar, pero sigue porque quiere retirarse y no volver a sudar en su vida, aunque muestre un nivel mediocre que tampoco está dispuesto a mejorar.

Con que sea feliz en esta década que le queda por cotizar, ya le compensará seguir compitiendo, le guste más o menos.



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