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El 'beatle' italiano al que mató su propio presidente

33 años después del homicidio de la estrella de su equipo, el destino le dio otra oportunidad a un fan del Torino. Y falló

Attilio Romero está peleado con aquello que más quiere. No discute con su mujer a diario ni se lleva mal con sus hijos, pero destroza a su equipo de fútbol favorito cada vez que se acerca a él.

Este turinés es un fiel devoto del Torino, el eterno rival de la Juventus. Un club que en los años 40 era el referente del fútbol italiano, tanto que la Azzurra llegó a jugar con 10 futbolistas del Torino en su once titular. Sin embargo, todo se fue al garete el 4 de mayo de 1949, cuando el avión que traía al plantel desde Lisboa, se estrelló contra la Basílica de Superga, en las afueras de Turín.

En total fallecieron 31 personas, toda la plantilla del equipo incluida.

Con aquella fatalidad Romero no tiene nada que ver, es verdad. Solo tenía un año de vida, aunque en su infancia vio lo difícil que fue para el Torino recuperar algo de brillo deportivo.

En los sesenta parecía que el club estaba resurgiendo apoyado en un delantero que tenía loco al país. ¿Su nombre? Gigi Meroni, un lombardo que había llegado al Torino por 300 millones de liras de la época desde el Genoa.

Su estilo de vida bohemio, su amor por los Beatles y el jazz, la forma de actuar ante los medios y su look le convirtieron en una estrella en toda regla. El George Best italiano -así le llamaban- hizo que el equipo ganara la Coppa en 67 y fuera un firme candidato al Scudetto, pero Romero se interpuso en su camino el 15 de octubre de aquel mismo año.

Era una noche para celebrar. El Torino había ganado a la Sampdoria por 2 a 1 y Meroni fue a un bar de Turín en la calle Corso Re Umberto a tomar unas copas con su compañero Fabrizio Poletti.

Lo que no sabía es que no llegaría ni a apoyarse en la barra. Después de aparcar su coche, le atropellaron.

Attilio Romero era el hombre que conducía aquel Fiat 124 Coupe que se llevó a Meroni por delante. Le fracturó la pelvis y las dos piernas a su ídolo. La hemorragia interna producida por el accidente acabó con la vida del futbolista de 24 años.

A Meroni no le dejaron descansar ni después de muerto, ya que algún desalmado grabó en su lápida “Forza Juve”.

Romero se declaró culpable de la muerte de Meroni y entró en una gran depresión con 19 años. Jamás entró en prisión porque disponía de los mejores de la ciudad, su padre era un médico reconocido y podía asumir los costes.

El sentimiento de culpa fue su celda particular.

Con el paso de los años y por oscuras casualidades del destino, Romero acabaría siendo un exitoso gerente de Fiat. Esa brillante gestión hizo que en el año 2000 fuera elegido presidente del Torino por Francesco Ciminelli, que acababa de comprar el club.

Era la oportunidad de Romero de devolverle al club aquello que le había quitado 33 años antes.

Las ansias de victoria se volvieron en su contra e hicieron que pecase de codicioso, fichara a jugadores caros que no rindieron como se esperaba y los resultados no le acompañaron. La mala gestión económica hizo que la Federación Italiana descendiera al equipo de la Serie A por sus múltiples deudas y evasión de impuestos.

Pero lo peor estaba por llegar: el club sería declarado en bancarrota en 2005, desapareciendo un año antes de ser centenario.

El equipo fue refundado de inmediato, pero el futuro de Romero sería algo más oscuro y acabó condenado a dos años y medio de prisión por malversación de fondos. El hombre que había matado a Meroni también estuvo de hacerlo con la institución turinesa.

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