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La gran enseñanza de Arthur Ashe sobre su propia muerte

"50 millones de niños comienzan a jugar al tenis en todo el mundo, 5 millones aprenden a jugarlo, 500.000 llegan a profesionales, 50.000 entran al circuito, 5.000 juegan un Grand Slam, 50 llegan a Wimbledon, 4 a las semifinales, 2 a la final. Cuando estaba levantando la copa nunca le pregunté a Dios: ¿Por qué a mí?"

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Arthur Ashe tuvo que lidiar con dos de las grandes lacras del pasado siglo. Nació como afroamericano en la Virginia de los 40 -con todo lo que eso conlleva- y murió de sida a principios de los 90.

No se le recuerda por lo que sufrió, sino porque es el único negro que ha ganado Wimbledon. Al menos por el momento, aunque a Tsonga, Monfils y Kyrgios no se les ve como favoritos a ganar la nueva edición que empieza hoy lunes.

La victoria de Ashe dio la vuelta al mundo. Más allá del asunto racial, ganó cuando tenía 31 años al Nº1 del mundo, su compatriota Jimmy Connors, con todas las apuestas en su contra. A pesar de las fatalidades, siempre supo ingeniárselas para salir airoso. Siendo un chico negro de Virginia compitiendo en un deporte tan excluyente como el tenis, donde en ese entonces las pistas solo eran para blancos, consiguió competir y destacar.

Su madre murió de al dar a luz a su hermano pequeño y creció con su padre en una casa basada en la disciplina y la recompensa. Por casualidad, el padre era trabajador del departamento de deporte de la ciudad de Richmond y su casa estaba dentro del parque público más grande de la ciudad, donde había algunas canchas de tenis que Ashe podía utilizar.

Bueno, más bien se lo impusieron. Su padre no le dejaba jugar al fútbol americano por ser demasiado debilucho y escogió el tenis, en el que no hacía falta tanto músculo.

En esas largas tardes que se pasaba dándole a a la raqueta le vio un jugador de tenis de la universidad local, que le recomendó que entrenase con un compañero suyo con el que mejoró muchísimo. Alcanzó un nivel tan alto que le dieron una beca para la Universidad de California Los Ángeles. De ahí, a los campeonatos internacionales. Ganó la Copa Davis con EEUU en el 68 y el 69, siendo el primer jugador afroamericano al que convocaban de toda la historia y estuvo un tiempo como sargento en el ejército estadounidense.

De esta manera el sargento Ashe se convirtió en el primer negro que ganó el Abierto de Estados Unidos, el Abierto de Australia y el ya mencionado Wimbledon. Y siempre acompañado de sus gafas cuadradas de montura fina que le daban un aire freak, algo así como el tío moderno de Steve Urkel.

Cuidaba mucho la parte mental del juego. De hecho, en aquella final de Wimbledon la cámara le pilló leyendo estudiando un papel que había guardado en la funda de la raqueta. Estaba meditando. Los berridos de los tenistas profesionales chocaban con su silencio sempiterno. Odiaba todo aquello.

"Me daría vergüenza gritar así. También me daría vergüenza porque al principio pensábamos que ese tipo de exabruptos reflejarían quienes somos como raza. Aquí en Estados Unidos tendríamos a gente que diría 'Ves, ves lo que pasa cuando les das a unos cuantos de ellos la oportunidad de participar... lo echan a perder, transgreden las reglas", llegó a denunciar.

Se vio obligado a retirarse por problemas cardíacos que venían de familia. En 1980 un ataque al corazón le hizo someterse a un cuádruple bypass que casi acaba con su vida.

Tuvo complicaciones coronarias y una segunda operación en 1983, que en teoría era para corregirlas, acabó siendo su perdición. En la transfusión de sangre lo infectaron de VIH. No supo de su enfermedad hasta 1986, cuando el sida era considerado una epidemia, y quiso ocultarlo lo máximo posible hasta que un periódico lo descubrió en el 92.

Su respuesta a la carta que le envió un aficionado preguntándose por qué le había tocado a él tener el sida dio la vuelta al mundo. Filosofía vital por Arthur Ashe:

"En el mundo 50 millones de niños comienzan a jugar al tenis, 5 millones aprenden a jugarlo, 500.000 llegan a profesionales, 50.000 entran al circuito, 5.000 juegan un Grand Slam, 50 llegan a Wimbledon, 4 a las semifinales, 2 a la final. Cuando estaba levantando la copa nunca le pregunté a Dios: ¿Por qué a mí?".

Nunca quiso que le trataran como a un enfermo. Fue columnista del Washington Post, daba conferencias, jugaba al golf y escribió un relato de 1.600 páginas sobre los atletas de raza negra titulado A Hard Road to Glory: A History of the African-American Athlete.

Tras 10 años sufriendo, acabó muriendo la mañana del 6 de febrero de 1993 en un hospital de Nueva York.

A diferencia de lo que muchos esperaban, la aparición de Ashe en la élite del tenis mundial no vino acompañada de una oleada de jugadores negros. Solo Yannick Noah en los 80 y las hermanas Williams han podido recoger con éxitos el testigo del primer negro que triunfó con la raqueta.

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