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Operación Cólera de Dios: el asesinato "por error" que esconde Israel

Así diseñó Israel el mayor plan de venganza en suelo europeo. Así mató a un inocente

4:30 de la madrugada del martes 5 de septiembre de 1972. En plena Olimpiada de Múnich, ocho miembros del grupo armado palestino Septiembre Negro se cuelan en la Villa Olímpica y matan a dos atletas israelíes y mantienen secuestrados a otros nueve. La petición de Septiembre Negro es que Israel debe liberar a 234 presos de sus cárceles, y Alemania a Andreas Baader y Ulrike Meinhof, miembros del grupo armado ultraizquierdista Facción del Ejército Rojo.

Los Juegos se detienen pero la primera ministra israelí Golda Meir lo califica como "el peor de los chantajes" y anuncia que no negociará. Las autoridades intentarán emboscar a los secuestradores primero en la propia Villa, y después con la falsa promesa de proporcionarles un avión que les dejaría en El Cairo y que debía despegar desde una base de la OTAN cercana a Múnich. Sobre aquella pista se produce el tiroteo final. El resultado: 15 muertos, los nueve atletas rehenes, cinco secuestradores y un policía alemán.

Por primera vez desde el Holocausto, eran asesinados judíos en suelo alemán.

En los altos despachos del estado israelí comenzaba el diseño de la venganza.

Dos días después de la masacre de Múnich, Golda Meir ordenaba bombardear campos de refugiados palestinos en Siria y Líbano, pero eso era solo el aperitivo.

En secreto, Meir se reuniría aquel otoño con el ministro de Defensa Moshe Dayan y el jefe del servicio secreto, el Mosad, Zvi Zamir. Aquella élite se llamó Comité X y de ahí surgió el diseño, ultrasecreto, de la Operación Cólera de Dios. Israel iba a buscar a los ideólogos de lo sucedido en Múnich y matarles. Horas antes de cada "ajusticiado", sus familiares recibirían flores con el mensaje 'No olvidamos ni perdonamos'.

El 16 de octubre de 1972 el Mosad asesinó a Wael Zwaiter, un traductor que ejercía como líder de la Organización para la Liberación de Palestina en Roma. La OLP negó que Zwaiter estuviera conectado con Múnich. El siguiente en la lista fue Mahmoud Hamshari, representante de la OLP en París. Otro activista palestino fue empujado bajo un autobús en Londres. El 24 de enero de 1973 una bomba mataba a Hussein Al Bashir, cabecilla de Septiembre Negro en Chipre, según el Mosad. Le siguió el presunto suministrador de armas Basil Al-Kuwaissi. Israel mandó varias cartas-bomba contra palestinos de Bonn, Copenhague, Argelia o Libia.

Para los siguientes objetivos, el Comité X montó la Operación Primavera de la Juventud en Líbano. Militares israelíes desembarcaron en playas libanesas para a continuación matar a tres miembros de la OLP y Septiembre Negro, además de a cuatro civiles. Hubo más muertos en Atenas y París. Hubo protestas en el mundo árabe, donde la opinión pública aseguraba que todas estas víctimas no habian tenido nada que ver en Múnich. En Israel, familiares directos de los atletas asesinados en las Olimpiadas, como Ankie Spitzer, viuda del entrenador de esgrima, se mostraban contrarias, cuando no horrorizadas, ante la operación de venganza.

En ese momento, Israel puso en el punto de mira a quien consideraban responsable intelectual del golpe de Múnich: Ali Hassan Salameh. Una pista anónima situaba al objetivo número 1 del Mosad en la pequeña ciudad noruega de Lillehammer.

En julio de 1973, varios agentes volaron hacia allí y a las pocas horas creyeron identificar allí a Salameh a partir de una foto suya que llevaban. Les llamó la atención, eso sí, que el presunto cerebro terrorista libanés se movía como pez en el agua en una ciudad que en principio no conocía como era la noruega.

En Tel Aviv dieron el OK.

Dos miembros del operativo dispararon varias veces a aquel hombre que volvía a casa en compañía de su esposa embarazada. Murió casi en el acto. Pero no era Salameh, sino Ahmed Bouchiki, un camarero nacido en Marruecos que trabajaba en Noruega desde hacia cinco años y que era hermano de "Chico" Bouchiki, cantante del grupo posteriormente famoso Gipsy Kings. Por supuesto, no tenía nada que ver con Múnich. Salameh les había despistado con una pista falsa que había pillado al Comité X sin capacidad de reacción. Habían enviado a agentes poco experimentados. Cayeron.

Noruega detuvo a seis israelíes, que serían condenados a entre un año y cinco de prisión que no cumplieron. Algunos llegaron incluso a desvelar información sobre el secreto programa nuclear israelí, hecho público solo trece años más tarde. El Mosad tuvo que desmovilizar a sus hombres en gran parte de Europa. Acabaría pagando una compensación a la viuda de Bouchiki, pero jamás aceptó oficialmente su implicación en el asesinato. 

Golda Meir suspendió la operación. Israel tuvo que abortar la Cólera de Dios.

Solo oficialmente. Seis años después, el Mosad encontró a Salameh en Beirut y lo mató.

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