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Quería ser el primer africano en ganar una etapa del Tour... pero acabó así

La leyenda etílica de Abdel-Kader Zaaf

"¡Pongáme un Zaaf!", gritan a veces los parroquianos de los Alpes franceses en los bares de siempre, esos de partida a diario. Exactamente, lo piden en los pueblos cercanos a Nîmes. Entonces, el camarero de turno pone un vaso de vino tinto sobre la barra.

El hombre que da nombre al vaso es Abdel-Kader Zaaf (1917-1986), un ciclista al que siempre se le recordará por una foto.

Apoyado en un árbol, inconsciente durante el Tour de Francia de 1950, mientras a su alrededor los aficionados le auxilian, posan para los fotógrafos y miran con curiosidad. Todo el mundo quería saber qué le había pasado a Zaaf, un argelino con mucho carisma que se había convertido en una estrella de la competición.

Aquellos Tours tras la Segunda Guerra Mundial seguían siendo sucios, peligrosos y con un punto de heroísmo. En esa edición participó un equipo africano dirigido por Tony Arbona, periodista del periódico argelino Dépêche Quotidienne, compuesto por argelinos, tunecinos, marroquíes y europeos que vivían en la colonia argelina.

Era una mezcla de árabes, kabiles bereberes y pieds-noirs -pies negros-, los norteafricanos de origen europeo.

El equipo no pasó desapercibido para el público y la prensa, que convirtío a los seis ciclistas del conjunto africano -el propio Zaaf, Zélasco, Molines, Khebaili, Dos Reis y Charroin- en los protagonistas de sus crónicas.

Siempre con textos paternalistas, con un tono racista que en aquella época pasaba de puntillas. Las revueltas por la independencia de Argelia no habían comenzado y la sociedad francesa era todavía condescendiente con sus colonias africanas.

Los artículos ensalzaban la gran acogida que los norteafricanos estaban teniendo tanto por la afición como por el resto de los ciclistas combinados con otros que comparaban a los argelinos con boxeadores negros como Joe Louis, definiciones como "vendedores de alfombras" y comentarios como que Zaaf había ganado tanto dinero en Francia pedaleando que al regresar a Argelia "podría tomar otras tres esposas para él solo e invitar a todos sus amigos a un gran festín de cuscús".

Con ese ecosistema no es de extrañar Zaaf se convirtiera en una gran figura del pelotón. Era el más veterano de los africanos, con 33 años, y el único que ya había corrido el Tour con el equipo regional del Sudeste Francés.

Sin embargo, lo que hizo eterno a Zaaf fue lo que sucedió en la 12ª etapa entre Perpignan y Nîmes.

En aquel verano caía un calor extraordinario y la mayoría de los ciclistas no estaban acostumbrados a pedalear a 40 grados a la sombra, y menos los africanos. El equipo pasó a la ofensiva y tanto Zaaf como Marcel Molinès -un pied-noir de 21 años-, escaparon del pelotón abriendo un hueco que parecía definitivo. Zaaf es demasiado anárquico y se marcha solo para conseguir una victoria que parece segura.

Hasta que la foto se hace realidad.

Todos sabemos qué pasó, pero seguramente jamás se conozcan las causas al 100%. A falta de 30 kilómetros para la meta de Nîmes, Zaaf empieza a ir más despacio, empieza a tambalearse por la carretera y acaba cayendo al suelo. Cuando se incorpora vuelve a subir a su bicicleta y pedalea en sentido contrario, dirección al punto de salida. Solo unos metros, ya que vuelve a caer al suelo. Unos aficionados arrastran al ciclista casi inconsciente hasta la sombra de un platanero.

Allí intentan reanimar durante dos horas a Zaaf, que no entiende lo que pasa. Llegó a Nîmes en ambulancia, fugándose al día siguiente del hospital saltando un muro para recorrerse todos los hoteles de la ciudad buscando a Jacques Goddet, jefe de la organización, para pedirle que le deje seguir compitiendo en el Tour.

Se lo negaron porque hizo los últimos kilómetros de la etapa en un vehículo y no pudo ser el primer africano en ganar una etapa del Tour

Pero, ¿por qué se acabó desmayando Zaaf?

La leyenda dice que el argelino tomó de una botella que le ofreció algún espectador y se la bebió de un trago, sin darse cuenta de que no contenía agua... sino el fuerte vino tinto que se produce en la zona.

Zaaf, musulmán practicante, jamás habría probado el alcohol, y la mezcla del esfuerzo con el vino hizo que se deshidratara por completo, quedando inconsciente. El público, que quería refrescarle, le roció la cara con más vino.

Así es como Zaaf acabó inconsciente bajo un platanero, desmayado por el esfuerzo y la deshidratación, y apestando a alcohol.

Quizás el vino no tuvo nada que ver y las anfetaminas que se tomaban muchos ciclistas en la época fueron las que dejaron pajarito al argelino, pero nunca se sabrá.

No importa. Zaaf se convirtió en toda una personalidad para el público francés. De hecho, aquel año hizo su debut en el mundo de la publicidad como imagen de la marca de vino St. Raphael.

Por ese motivo, la gente en Nîmes y alrededores sigue pidiéndose un Zaaf en los bares.

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