Resulta que llega Andy Butler a un Madrid asfixiado de calor, se pone a pinchar y nos evapora la timidez y bailamos toda la noche celebrando que haya pasado por la capital en esos dÃas en los que la ciudad se queda vacÃa. Conversión de la pista de baile en sauna por convicción y no por inducción. Hits finos y bailoteo interminable.