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No, no es lo mismo violación, tocamiento o insinuación. Pero todo forma parte de lo mismo

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Una violación es acoso sexual. Pero un tocamiento también y un chantaje y un masaje inapropiado por parte de tu jefe. Analizamos la definición de acoso sexual para despejar algunas dudas.

anna pacheco

14 Noviembre 2017 16:35

Un hombre llega un día y te viola. Es acoso. Un hombre te chantajea y te explica que para poder publicar ese libro o hacer esa peli te iría bien acostarte con él. Es acoso. Un hombre se te insinúa reiteradamente en su despacho, te incomoda con preguntas sobre tu novio o tu vida personal y te explica que ha tenido sueños en los que él se acostaba contigo. Resulta que ese hombre, además, es tu superior jerárquico. Es acoso. Un hombre te saca el pene sin que tú se lo hayas pedido cuando os quedáis un momento a solas. Es acoso.

Estos días estamos escuchando mucho el término acoso sexual. El reguero de hombres poderosos acusados por conductas inapropiadas hacia las mujeres destapa un sistema completamente carcomido por los vicios machistas. La disparidad de poder en todas esas relaciones es el campo de batalla en el que han parasitado durante años estos acosadores. Esta estructura encubierta de abuso y poder ha dificultado su denuncia durante décadas y ha invisibilizado a las víctimas, casi siempre mujeres.

¿Pero de qué estamos hablando cuando hablamos de “acoso sexual? Recientemente Juan Soto Ivars en El Confidencial mostraba su “preocupación” por el hecho de que se estuviera tratando con la misma dureza a un acosador y a otro. Ivars agregaba dos calificaciones alternativas para Hoffman (a quien él trataba de “insinuador”) o para Louis C.K, a quién decidía llamar “exhibicionista”. A Weinstein, en cambio, sí lo trataba como un acosador. ¿Qué cambia entre esos tres hombres? Según esta clasificación, parece que un acosador tiene que ser alguien que denigra a más de 80 mujeres y viola a, al menos, a seis. Como si un asesino solo pudiera serlo si lo es en serie.

Esta interpretación tan sumamente benevolente ignora, además, la propia definición de acoso sexual y el motivo por el que es importante que la usemos sin vacilación y sin eufemismos. Un seductor claro que no siempre es un acosador. Pero un acosador puede ser un seductor. Y un caballero. Y un tipo muy simpático y cariñoso con sus hijos. No podemos caer en trampas semánticas como la del “insinuador” o el “exhibicionista”. O como la del acosador que, en realidad, es “seductor” o “alguien que corteja”. Esto es una propuesta de definición, por cierto, que expresó Carlos Herrera en el especial de TVE sobre el acoso sexual. Cuantísima desinformación pagada por todas.

Pero un acosador puede ser un seductor. Y un caballero. Y un tipo muy simpático y cariñoso con sus hijos. No podemos caer en trampas semánticas como la del “insinuador” o el “exhibicionista”

El paraguas jurídico debe ser uno y no otro y se llama acoso sexual. No desviemos. No cambiemos de tema. Acoso es una figura jurídica porque responde a un delito: insinuador, seductor, ligón son adjetivos sin ninguna validez legal. Claro que pueden serlo. Los acosadores pueden ser todo lo que quieran, pero sobre todo son acosadores.

Exhibicionista, en cambio, sí es una figura jurídica. Pero no podemos quedarnos con esto. ¿De verdad vamos a asumir que Louis C.K solo era un exhibicionista? ¿Que Louis C.K enseñaba el pene y se masturbaba delante de mujeres de su gremio y que hacía lo mismo, por ejemplo, en su balcón o delante de menores? Louis C.K es un acosador que, tal vez, también era exhibicionista. Pero sobre todo ha sido un acosador. Él mismo ha admitido que abusó de mujeres porque previo a eso abusó de su poder. Por mucho que duela.

Acoso sexual es toda situación en la que se produce “cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea en un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”. Esto lo dice la directiva 2002/73/CE del Parlamento Europeo.

Y esto es lo que, definitiva, han hecho todos los hombres que aparecen en estas listas interminables. Estos hombres te humillan, te degradan y devalúan, menoscaban tu trabajo y tu valía haciéndote alguna proposición del tipo sexual. Y lo hacen cuando no tienes herramientas para defenderte, ya sea por una diferencia jerárquica, de edad, de clase. O bien porque existe una relación de admiración. Se parte, casi siempre, de una relación de poder asimétrica. Cómo vamos a llamar “insinuador” [en referencia a Hoffman] a alguien que le pide a su becaria de 17 años un desayuno a “base de huevo duro y clítoris hervido” y que luego le pide que le haga un masaje en los pies y le agarre el culo.

Estos hombres te humillan, te degradan y te devalúan, menoscaban tu trabajo y tu valía haciéndote alguna proposición del tipo sexual. Y te la hacen cuando no tienes herramientas para defenderte, ya sea por una diferencia jerárquica, de edad, de clase.

El episodio tercero de la última temporada de Girls sintetiza muy bien lo que es el acoso. El agresor no es un Weinstein depravado, el acosador de Lena Dunham es un escritor reputado. La propia Lena Dunham asiste a su casa para intentar confirmar si son ciertas las acusaciones de abuso sexual que han denunciado dos jóvenes sobre el escritor. El episodio desbarata en 20 minutos todos los clichés sobre el acoso: pone a Dunham, en principio fuerte e inteligente, en una posición de admiración y vulnerabilidad. Ella misma acaba siendo víctima del novelista respetado. Cuando le pilla con las defensas bajas, cuando le ha regalado las orejas diciéndole que es una buena escritora y que tiene talento: pam. Se tumban en una cama y él le saca su pene.

Está claro que existe nivel de gravedad dentro del acoso. Para eso está la justicia, que debería castigar en base a un criterio de proporcionalidad. No es lo mismo tocar una rodilla o hacer una masaje a una chica en contra de su voluntad que agredir sexualmente a alguien o abusar sexualmente de un menor. Desde un punto de vista de afectación a la víctima, claro que no es lo mismo un chantaje en una habitación de hotel o un manoseo en un ascensor o una masturbación no consentida.

Acoso sexual puede ser agresión sexual en caso de que intervenga la fuerza o la intimidación. Un acoso sexual puede ser un abuso a un menor. Un acoso sexual puede ser un tocamiento. Un acoso sexual puede ser un comentario inapropiado en un entorno de trabajo. Pero no podemos negar lo que es, no debe impedir que hablemos de acoso sexual.

Acoso. Acoso. Acoso.

No debería dar miedo utilizar la palabra. Por fin estamos socializando las violencias que hemos vivido, silenciadas durante tantos años. Por fin estamos poniendo en común algo que durante mucho tiempo vivimos como algo personal. Claro que es necesario dar credibilidad y cobertura a los cientos de testimonios que están surgiendo —desde los más graves hasta los más cotidianos— porque es ahí donde reside la magnitud de la tragedia.

Por fin estamos socializando las violencias que hemos vivido, silenciadas durante tantos años. Por fin estamos poniendo en común algo que durante mucho tiempo vivimos como algo personal.

Es lícito que exista un juicio social y moral en las redes. Es lícito que caigan proyectos y que haya despidos y que se retire material de plataformas privadas. La justicia es otra cosa. Nosotras solo estamos decidiendo de quién nos rodeamos.

Solo hablando de estos temas, de todos, podremos por fin quebrar este sistema tóxico de poder, abuso y machismo. Quienes habitualmente ostentaron el poder ahora lo ven tambalearse y por eso se esfuerzan tanto en decir lo que es acoso y lo que no. Quienes dicen aquello de "hombre, acoso, acoso tampoco es" es probable que, en realidad, estén cagados de miedo porque esto les obliga a cuestionarse toda su vida. Por eso da tanto pudor decir la palabra acoso, porque abre los ojos y demuestra que todo estaba lleno de fango. Que hay tantas víctimas como acosadores: incluso aunque a veces fueran solo comportamientos automatizados, aunque a veces nosotras no los identificáramos como tal, aunque calláramos durante veinte años por miedo, incluso aunque esto signifique que hay más acosadores de los que nos gustaría ver.

Acoso sexual.

No esquivemos la palabra, o no habrá limpieza.

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