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Creció en la calle y ahora es la pintora española más cotizada del mundo

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Hija de una prostituta gitana, Lita Cabellut creció siendo mendiga. Hoy, es la pintora española viva más cotizada. Hablamos con ella sobre cómo su infancia en la calle configuró su arte y su forma de ver el mundo

alba losada

20 Septiembre 2016 06:00

Lita Cabellut tuvo a Camarón como maestro, a Goya como referente pictórico y a la calle como escuela.

Tiene 55 años, es la pintora nacional viva más cotizada de la actualiad y ha expuesto en lugares como Holanda, Hong Kong, Nueva York y Londres. Tanto ella como su arte son muy españoles. Y, sin embargo, en su país sigue siendo una gran desconocida.

Cabellut nació en Barcelona en 1961, hija de una prostituta gitana que la abandonó cuando sólo tenía 3 meses. Bajo la tutela de su abuela, pasó los días en la calle y no fue a la escuela. Sin embargo, aquel fue el principio de su carrera artística. A pesar de que ella no lo sabía, esas experiencias estaban forjando lo que años después sería su arte.

"Aprendí a vivir con un palo, sin comida y descalza. Enfoco mi niñez como una escuela de la vida. Yo no fui al colegio pero aprendí muchas cosas que son esenciales para vivir", explica desde Holanda, al otro lado del teléfono.

Deambulando por las calles del Barrio Chino, ahora conocido como El Raval, entendió 2 cosas esenciales: no había tiempo para derrumbarse y era necesario tomar riesgos. Años después, uno de ellos sería el de apostar por una carrera de pintora en el extranjero.

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Francisco de Goya y Camarón de la Isla también fueron su inspiración. De hecho, artísticamente se comunica de la misma forma que ellos. Dotaban lo sórdido de belleza, hablaban de temas tabú e iluminaban lo más oscuro. Y según Cabellut, "esto se parece demasiado a lo qué he vivido". "No se trata de opinar, sino de sentir".

Lita Cabellut pasó su infancia en la calle y no fue a la escuela. Sin embargo, aquellas experiencias configuraron lo qué hoy es su arte

La calle le dio "esa super visión" a través de la cual mira el mundo y lo retrata. Para ella, el hilo rojo de su obra y su vida son "los personajes del underground, los marginados". Los protagonistas de muchas de sus pinturas para los que siempre tendrá un lugar en su obra.

Cuando la gente los ve por la calle, suelen apartar la vista. Pero Cabellut los cuelga en la pared de alguna exposición para que los contemplen. Para que los quieran."Son mis compañeros abandonados a los que siempre voy recordar. Yo también soy parte de aquello y los necesito".

En sus palabras podría percibirse cierto trasfondo de responsabilidad. Quizá porque la vida le brindó una segunda oportunidad.

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Cuando su abuela murió, los días en la calle llegaron a su fin. Tenía 10 años y fue al orfanato en el que viviría hasta cumplir los 13. Fue entonces cuando una familia catalana la adoptó y le ofreció las oportunidades que la convertirían en la artista que es hoy.

Siempre voy recordar y dar un espacio en mis exposiciones a mis compañeros abandonados, a los marginados del underground

Solo necesitó una visita al Museo del Prado para saber que quería pintar. Aquello significó un antes y un después en su vida. "Es difícil de describir, pero fue como entrar en otro planeta. Vi que la pintura era un medio por el que podía comunicarme y así es cómo hablo ahora".

Tras su larga trayectoria, también es capaz de ver sufrimiento dónde aparentemente no lo hay. Incluso, lo ha palpado en mujeres que han tenido una vida de éxitos, como la pintora y poetisa Frida Kahlo y la diseñadora Coco Chanel. Eran fuertes y triunfadoras, pero ella palpó su tristeza .

"La tristeza es una forma de saber, un acto de inteligencia porque quiere decir que estás analizando. Estás en desacuerdo con el mundo y te da pena saber que hay posibilidades que no se pueden dar o que hay cosas que nunca se podrán solucionar", dice.

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Durante los años siguientes a aquella visita al Museo del Prado, recibió las clases particulares que le enseñarían a comunicarse con el pincel. Pasado el tiempo, cuando ya había cumplido los 19, sentía que España se le quedaba pequeña. Era el momento de irse. Cogió un billete rumbo a Holanda y allí entró en la escuela de arte y diseño Gerrit Rietveld de Amsterdam. El lugar en el que empezaría a plasmar sobre el lienzo las experiencias de su vida.

Barcelona había sido el escenario de su niñez y de sus primeros pasos como artista. Holanda el lugar en el que materializaría los pensamientos de aquella niña. Con aquel viaje podría delimitar las dos partes de su vida: la primera fue la que le tocó y la segunda la que elegiría. De esta forma, pintaría el recuerdo de aquellos años con perspectiva. Lejos de casa.


Es capaz de ver sufrimiento dónde, aparentemente, no lo hay, como muestra en los retratos de Frida Kahlo y Coco Chanel. Considera que son mujeres tristes porque son inteligentes y son conscientes de lo que pasa en el mundo


Para Cabellut, el contacto con la calle es fundamental para ser un verdadero artista. En su opinión, un artista debe estar comprometido con la sociedad y, para ello, tiene que salir fuera, observar el mundo y comunicarse. "No se puede imaginar un artista que no esté comprometido con el momento que vive y que no aporte cambios al mundo".

La vida de Cabellut es una historia de superación y de lucha. Cuando era pequeña, ni siquiera imaginaba que la vida le habría reservado este destino. Su experiencia demuestra que siempre hay esperanza para el cambio. Sea por casualidad o por el afán de superación ante la adversidad.

"El interés por superarse es una cuerda a la que agarrarse y, si esto funciona, se puede conseguir lo más bonito del mundo".


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