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Anna tiene 32 años y un miedo atroz a hablar: así es vivir con mutismo selectivo

Lleva desde los 6 sin ser capaz de hablar con nadie fuera de su familia. Le resulta demasiado aterrador

oi oi

Hace 15 años, cuando tenía 17, Anna Clark escribía esto en su diario: "Siento que estoy en la mitad de la pista de aterrizaje de un aeropuerto mientras el resto del mundo está fuera en los campos verdes. Me siento atrapada en una caja".

Siempre fue tímida, pero desde los seis años su voz comenzó a desaparecer por completo. A menos de que estuviera a solas con su familia, las palabras simplemente se negaban a salir de su boca.

Ahora, a sus 32, siguen sin hacerlo.

"Cuando estaba en el colegio conseguí hablar un poco a un par de amigos, pero en el instituto volvió. No era capaz de hablar con ninguno de los profesores o estudiantes. Algunos de mis compañeros me hablaban, pero yo no podía responder, así que básicamente me evitaban", ha explicado por email a Broadly.

Anna empezó a ser conocida como "la chica que no habla". Cuando necesitaba algo le pasaba una nota por escrito a su profesor. A la hora de comer, siempre se sentaba fuera, sola.

A los 15 años, este aislamiento acabó por colapsarla por completo, y la depresión y los ataques de pánico que sufría constantemente la alejaron de la escuela durante "una buena temporada". Cuando volvió, fue con un tutor que la acompañaba sentado a su lado permanentemente, como un escolta.

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad bastante desconocido. Aunque generalmente se supera en la infancia o la adolescencia, existen casos de personas que al llegar a la edad adulta siguen atrapados en su propio silencio.

Quienes lo sufren son capaces de hablar en situaciones muy concretas, generalmente en su familia dentro de su zona de confort, pero el resto del tiempo permanecen mudos. Aunque se manifiesta de forma física, su raíz es siempre psicológica.

Cuando Anna intenta hablar, todo su cuerpo se bloquea. "Mi cara se contrae. Mi garganta se cierra. Mi estómago se retuerce. Mis rodillas tiemblan...".

Para evitar este tipo de episodios, directamente evita todas las cosas que, en conjunto, conforman una vida normal: trabajar, salir a cenar, irse de vacaciones, coger el metro o el autobús, ir de compras... Consiguió sacarse el carnet de conducir gracias a que su hermano la acompañó a las clases y habló por ella, pero nunca ha cogido el coche por miedo a tener un accidente o que la policía le haga un control y no poder responder.

Hay algunas pequeñas excepciones en las que Anna es capaz de hablar: puede decir adiós a la familia lejana siempre y cuando lo haga escondida detrás de una puerta o una pared. También puede susurrar un "gracias" en las tiendas de cuando en vez, siempre y cuando no sea en su ciudad natal, donde todo el mundo la conoce.

En cierto modo, parece que parte del problema de Anna reside en que, a pesar de su limitación, puede continuar con su anormal vida con perfecta normalidad.

Anna vive en una granja en Nueva Zelanda acompañada de su madre, y recibe cada mes recibe una pensión por enfermedad. Cuida de los animales, da largos paseos y ve películas en DVD, especialmente "dramas históricos de la BBC, como Orgullo y prejuicio". Solo sale de casa para ver a su psiquiatra, al que le escribe mensajes en su móvil para que él pueda leerlos.

La mayoría de personas con mutismo selectivo, como es el caso de Anna, vienen de familias con problemas de ansiedad. Aunque sus padres "hicieron lo que pudieron", parece que el problema nunca se ha abordado de la forma correcta.

Como explica el doctor Aimee Kotrba, uno de los pocos especialistas en ansiedad con experiencia en casos de adultos con mutismo selectivo, la protección del entorno puede ser terriblemente contraproducente: "Muchos adultos con MS tienen seres queridos y compañeros que 'acomodan' su falta de expresión, por lo que están menos motivados para hablar".

Además, considera que los afectados aceptan su trastorno como parte de su identidad, lo que enraíza más el problema. "El mutismo se convierte en un hábito, en parte de su repertorio conductual, además de parte de quienes son, lo que hace que su conducta sea incluso más difícil de cambiar".

Aunque todo esto suene muy desalentador, Kotbra considera que un tratamiento exitoso es posible. "La clave es que exista una motivación y deseo de cambiar, y la fuerza de voluntad suficiente para retarse a sí mismos a integrarse en situaciones sociales, aunque les resulte muy difícil".

[Vía Broadly]

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