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De la farándula al Congreso: 8 celebrities que se pasaron a la política

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Steven Seagal es el último famoso que ha decidido meterse en camisa de once varas y cambiar el cine por la militancia política. Pero no es el único: antes estuvieron Reagan y Jesús Gil

Javier Blánquez

07 Enero 2014 16:22

Hubo una época en la que Steven Seagal era el rey del videoclub. Sus películas de principios de los 90, vagamente emparentadas con el género de las artes marciales (pero cruzadas con el subgénero del justiciero solitario que tanto triunfó en aquellos años de apogeo del republicanismo liberal; algo así como el sustituto de Chuck Norris, si es que Norris puede ser sustituible), fueron éxitos de taquilla comparables a los que protagonizaban Stallone, Schwarzenegger y Jean-Claude Van Damme. El hombre de la coleta, el pulverizador de muñecas, antiguo guardaespaldas del mito sexual Kelly LeBrock (aka La Mujer de Rojo) hasta que se casó con ella, le hizo tres hijos, le pasó la mano por la cara y forzó un divorcio, vuelve a estar de actualidad después de unas declaraciones en las que se manifiesta en contra de la inmigración ilegal en Estados Unidos, hasta el punto de mostrar una repugnancia racial extrema y dejar caer que podría presentarse (por el Partido Republicano, cómo no) a la elección como Gobernador de Arizona para desfacer tamaños entuertos.

Si así lo hiciera, Seagal no sería el primer caso de actor -o celebridad en general- que decide dar el paso y cambiar de área profesional para dedicarse a la política. Y para saber de lo que estamos hablando, aquí va el top del transfuguismo de la parafernalia hacia el cargo público. Mitos de los tiempos presentes que merecen un lugar en nuestro Valhalla de los freaks.

1. Ronald Reagan

Ronald Reagan

Un pionero. Durante toda su juventud se dedicó al cine, en melodramas, westerns y cintas bélicas de medio pelo que nunca consiguieron eclipsar a las de rivales de altura como John Wayne o Jimmy Stewart, pero que le dieron cierto aire de galán de Hollywood -sección B- y fama de llevarse al huerto a Jane Wyman, actriz de las consideradas guapas por entonces. Pero tras la retirada le picó el gusanillo de la política y, contra todo pronóstico, alcanzó la mayor cota posible: la presidencia de Estados Unidos de 1980 a 1988, previo paso por la gobernación del estado de California. Miembro del ala dura del partido republicano, suya es una de las épocas de mayor expansión de la ideología conservadora en la política internacional: hostilidad abierta contra las emergentes dictaduras religiosas en Oriente Medio, desgaste del bloque soviético mediante el programa bélico-espacial de ‘La Guerra de las Galaxias’ y, finalmente, entente cordial con la URSS de Gorvachov que condujo a la reducción del arsenal nuclear. Tan importante en política que, en realidad, ya nadie recuerda sus películas.

2. Arnold Schwarzenegger

Arnold Schwarzenegger

El heredero. Su carrera como actor es mucho más distinguida que la de Reagan -con roles memorables en obras maestras como “Conan El Bárbaro”, “Terminator”, “Comando”, “Depredador”, “Perseguido” y “Desafío Total”-, y ya no digamos como culturista: el austriaco lucía en sus años mozos una musculatura que le hizo ganar el título de Mr. Olympia. Pero cuando su declive físico llegaba a su fin arribó la lozanía derechista, se postuló a gobernador de California y ganó dos veces, en 2003 y 2007, arrollando a su rival demócrata. Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar: más radical que un tertuliano de Intereconomía, Gobernator bloqueó leyes que permitían el matrimonio homosexual y la investigación con células madre, convirtiéndose así en un pilar fortísimo -por algo le apodaban El Roble de Estiria- de los republicanos. Ha vuelto al cine en películas freakísimas como la saga “Los Mercenarios”, pero por lo que suspiran sus fans de verdad es por su regreso a la política presentándose para senador, que lo de Obama ya huele.

3. Ilona Staller, alias ‘Cicciolina’

Ilona Staller, alias ‘Cicciolina’

El mito de Cicciolina siempre irá asociado a aquella escena del caballo, en la que se cuenta que la entonces actriz porno italiana se amorraba al pilón de un bellísimo ejemplar equino de blanquísima pelambre árabe y, tras estimularle salva sea la parte, se daba una copiosa ducha de esperma. Eran aquellos tiempos en los que el porno europeo se estaba ganando fama de ser más guarro que el americano -eran finales de los 70 y todos los 80, época de matojos peludos y actores con bigote-, y Cicciolina reinaba en un panorama en el que aún estaba por llegar la sofisticación arty de Mario Salieri, con esa lencería y las primeras enculadas en alcobas de mansiones toscanas. Pero concluido el peregrinaje por el porno (y por las televisiones), Ilona regresó a su nombre verdadero y a sus convicciones políticas ecologistas y se presentó como diputada por el Partido Radical al parlamento italiano. Alcanzó el escaño en 1987, paseó su seno rosado por el hemiciclo y desde entonces ha estado dedicada a la política fundando diferentes partidos, entre ellos el muy kitsch Partido del Amor.

4. Clint Eastwood

Clint Eastwood

Harry el Sucio tenía que ser necesariamente un bastión de la derecha más autoritaria. Clint Eastwood se ha cultivado una carrera de tipo duro, de mirada entrecerrada, gesto torcido y caliqueño con la brasa titubeante, como para luego ir por los sitios en plan George Clooney, defendiendo los derechos de pacifistas, homosexuales y demás estorbos del capitalismo rampante. Y aunque sus opiniones en materia de armas de fuego no eran tan radicales como las de su colega Charlton Heston, lo cierto es que Eastwood no ha dudado en ser una pared maestra en los últimos años del Partido Republicano. Su acción política no ha sido demasiado ambiciosa: como el protagonista de “Gran Torino”, Clint sólo se preocupa de una posesión pequeña e íntima -fue alcalde de su pueblo, Carmel-, pero cuando se le ha necesitado para repartir estopa, ahí ha estado él, no con la Magnum del 45 en la mano, sino con una silla soltándole todo tipo de improperios a un Obama invisible. Hizo un poco el ridículo, aunque no menos que en “Firefox”.

5. Gari Kaspárov

Gari Kaspárov

Los expertos no son unánimes al señalar a Gari Kaspárov como el mejor ajedrecista de la historia, pero sí hay un consenso más o menos establecido para considerarlo como un mito moderno. No tiene el aura rebelde y la genialidad innata de Bobby Fischer, ni la longevidad de Capablanca, ni la frialdad analítica del que fuera su rival durante varias finales del campeonato del mundo, Anatoli Kárpov, pero como ocurre con Plácido Domingo en el mundo de los tenores, Kaspárov es la suma de todas las virtudes en un único cuerpo (y mente) perfectamente entrenado para destrozar a su adversario con los escaques. No es el mejor en lo particular, pero invencible en el global. Hasta se recompuso tras la dolorosa derrota ante Deep Blue -el primer ordenador que ganó al ajedrez a un ser humano- en el primer cibertorneo del ajedrez y acabó machacando a la máquina en unas partidas legendarias. Y tras agotarse su fuerza mental, afianzó su camino de la política. En los 80, cuando era el rey del tablero, ya era un símbolo del entonces decadente PCUS, y tras el derrumbe de la Unión Soviética participó en el refuerzo de los pilares de la nueva Rusia -a pesar de ser bielorruso de nacimiento-, al lado del equipo de Boris Yeltsin, y en contra de la deriva contra los derechos humanos de la era Putin. Ahora como dirigente de La Otra Rusia, Kaspárov lucha por convertir su país en un lugar más justo, lo que le ha llevado a tener encontronazos sonados con la autoridad: hace poco más de un año fue detenido, acusado de haber mordido a un policía, en una protesta por la liberación del trío punk Pussy Riot. El Ogro de Bakú, aunque no tenga un alfil en la mano, sigue dando miedo.

7. Toni Cantó

Toni Cantó

Era uno de los guapos oficiales de España. Actor normalito, pero perfecto yerno en aquellos finales de los 80 en los que se empezaba a renovar el star system actoral español. Desapareció, pero volvió de manera sonada como protagonista de “Siete Vidas”, una de las primeras sitcoms de éxito de la televisión privada y antecedente directo de “Aída”, y entonces fue cuando el valenciano Cantó se colocó en el imaginario pop español. Lo que nadie esperaba es que, en pleno desahogo izquierdista del sector de actores, cuando protestaban en bloque en los Goya contra la guerra de Irak y contra las políticas de Aznar, Toni Cantó fuera a las televisiones para manifestarse a la contra. En sus diálogos con Jordi González se atisbaba un espíritu liberal, partidario de la unidad de España, crítico con los nacionalismos y con la cultura de la subvención, y el error de todos fue considerarle como un cachorro del PP: Cantó iba por otro camino y rápidamente se alistó en UPyD, ganó el escaño por Valencia en las últimas generales y desde entonces ha dado la nota bastante en el Congreso, tanto en speeches desafortunados como el que cuestionaba el sufrimiento animal, como en sus gloriosas meadas fuera de tiesto en Twitter. Necesitamos a Cantó, sobre todo si es como competidor del cantante Francisco, que últimamente está tonteando con Ciutadans.

8. Silvio Berlusconi

Silvio Berlusconi

Bien, Silvio no es una celebrity propiamente dicha. Le conocimos como magnate de la televisión y propietario del A.C. Milán, dos triunfos absolutos en la carrera vital del Cavaliere: en el primero estableció el actual modelo de pan y circo catódico que todavía hoy impera en la televisión privada, llenando nuestras pantallas de mujeres en cueros, concursos cutres e informativos tendenciosos, y en el segundo, gracias a las dos copas de Europa conquistadas por la escuadra de Arrigo Sacchi (Maldini, Gullit, Van Basten, Ancellotti, Rykjaard, etc.), financió el fútbol moderno. Si la tele y el fútbol son el opio del pueblo, podemos considerar a Berlusconi como un activo importante del faranduleo, y de ahí su presencia en esta lista, gracias a su conquista continuada del cargo de Primer Ministro italiano, hasta que el "bunga-bunga" y los escándalos de corrupción le han acabado retirando forzosamente de los cargos. Y es, además, la excusa para introducir en este texto a dos grandes del empresariado patrio que transmutó en fútbol y posteriormente en política: José María Ruiz Mateos, expropiado de Rumasa, comprador de la empresa de flanes Dhul y del Rayo Vallecano (y eurodiputado), y Jesús Gil y Gil, mito atlético, alcalde de Marbella y el pez más gordo de la España corrupta. Y tal y tal.

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