Trash

He-Gassen: la competición de pedos del Japón medieval que ha sacudido la red

Se vuelven virales unos dibujos del periodo medieval Edo que reproducen un concurso de ventosidades al más puro estilo “Humor Amarillo”

Cuando éramos adolescentes, nos tirábamos muchos pedos. Oh, wait! Si eso lo seguimos haciendo ahora, en todas sus variantes posibles: la de estírame el dedo y mira como cruje, el horno holandés, la metralleta, el pestilente, el gemido ahogado, el pedo silencioso en lugares públicos... Peerse (que es más correcto que ‘pederse’) siempre ha sido un placer culpable y muy privado, disfrutamos de ese cosquilleo que se percibe en las paredes del recto cuando la ventosidad se aproxima a la desembocadura, como aire dulce en una flauta travesera interpretando el célebre concierto de Mozart, pero por vía rectal. Ese sonido fuerte y resonante, estirando la pierna y girando el glúteo para aumentar el volumen y la potencia, buscando la resonancia de ese eco que a veces se percibe nítido durante un nanosegundo, a veces premiado por el aroma rancio de la podredumbre intestinal tras una buen almuerzo de alubias. Yo os digo: ¡cuescarse sin pudor, sacad el animal que lleváis dentro, convertid vuestras vidas en establos de palacete francés del siglo XVIII!

Esto que hoy os cuento es tan antiguo como el cagar. Japón, lugar donde la moral siempre ha sido muy distinta a la nuestra, ha sido un paraíso para todo tipo de prácticas que aquí diríamos propias de bárbaras o de cochinos. Allí asaban a la gente en ollas hirviendo, se abrían las tripas por honor, morir no era el fin de la vida y para ridiculizar a los occidentales, gaijins considerados poco menos que cerdos, se usaban sus propias armas. Un rollo de papel con dibujos a tinta del período imperial Edo, correspondiente a la penúltima etapa de la edad media japonesa (de 1603 a 1868), y que se han vuelto viral en estos últimos días, muestra cómo unos nobles japoneses practican lo que se conocía entonces como he-gassen, que es una competición de pedos en la que gana el más prolongado, el de más fuerza en la agitación de aire y volumen de sonido. No es que fuera deporte en el Japón de la época, como los concursos de escupitajos del videojuego Monkey Island, sino una manera de exponer el odio al extranjero (ergo, el gaijin occidental), de ridiculizarle, aunque en los dibujos los pedos van dirigidos a todo tipo de personas y animales.

Las imágenes que os dejamos a continuación están sacadas del rollo que podéis ver completo en forma digitalizada aquí. Y ahora, si me lo permiten, me voy a desayunar garbanzos mientras veo reposiciones de “Humor Amarillo”.

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