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¿Eres mujer y quieres ganar un Oscar? Interpreta a una esposa

Hollywood sigue siendo sexista

Hace unas horas Julianne Moore ha ganado el Oscar a la mejor actriz protagonista por su papel en “Siempre Alice”. En la película, Moore interpreta a una profesora universitaria a la que diagnostican una forma de precoz de alzheimer. La profesión de su papel debería ser una cuestión anecdótica. Lo que importa es la calidad de su interpretación, ¿no? Pero si analizamos las estadísticas salta a la vista que se trata de un detalle importante para entender la posición de las mujeres en Hollywood.

El sexismo es cuestión del... presente

Desde 1929, la Academia ha entregado 87 premios en las categorías de Mejor Actor y Mejor Actriz. En Fusion han analizado las profesiones de los papeles que interpretaban los ganadores. Y los resultados son descorazonadores.

En el caso de los hombres, el mayor porcentaje de premiados interpretaban a un criminal (13%), seguido por militares (11%), artistas (9%), creadores o escritores (8%) y miembros de la realeza o la nobleza (8%). Los porcentajes de las mujeres, en cambio, son significativamente distintos. El primer lugar lo ocupan las esposas (16%), seguidas por las artistas (14%), la viudas (11%), las trabajadoras obreras (11%) y las mujeres de la alta sociedad o herederas (8%). En el número seis están las prostitutas con un 7%.

Así es. La mayoría de mujeres que han ganado el Oscar a la mejor actriz lo han hecho por interpretar a una esposa. El porcentaje de actores que ha ganado el premio interpretando a un esposo, en cambio, es de solo el 2%. Los responsables de elaborar las estadísticas aclaran que solo categorizaron al personaje como “esposa” en aquellos casos en los que esta característica era vital en su identidad. Es decir; si era una mujer poderosa que, a su vez, estaba casada, no contaba.

El mensaje de los números es evidente: Hollywood ha preferido premiar a las mujeres que interpretado a personajes que encajan con los roles de genero tradicionales. Y en los casos en los que han trabajado fuera de casa, a menudo sus trabajos se han visto limitados a profesiones de baja cualificación como, por ejemplo, camarera o empleada del hogar.

Estas estadísticas recogen cerca de 90 años de Oscars y, por tanto, puede que tengan más que ver con el pasado de los premios que con el presente. Pero esto no significa que el sexismo en Hollywood no siga siendo candente.

El pasado año, un estudio de la San Diego State University arrojó datos tan llamativos como que solo el 30% de papeles hablados en las películas de 2013 habían correspondido a mujeres. Otro dato significativo era que la mayoría de personajes femenino estaba entre los 20 y los 30 años de edad, mientras que la mayoría de personajes masculinos estaba entre los 30 y los 40. A su vez, mientras que los personajes masculinos tendían a tener objetivos más orientados al trabajo que a la vida personal (75/ 25), en el caso de las mujeres estaba mucho más repartido (48/52).

Todavía más sorprendente resulta que solo el 13% de las 100 películas más populares del año contara con el mismo número de personajes principales masculinos y femeninos. Y eso en un año en que películas como Gravity, Frozen o Los Juegos del Hambre -todas ellas protagonizadas por mujeres- habían estado entre las grandes triunfadoras.

La publicación del estudio coincidió con una conferencia de Lena Dunham en la última edición del festival SXSW en la que comparaba la proyección de Adam Driver con la de sus compañeras de reparto femeninas en la serie Girls. “La gente está preparada para ver a Adam interpretar a un millón de tipos distintos en un año -desde seductores a villanos pasando por nerds-. Mientras que Allison Williams, Jemima Kirke y Zosia Mamet todavía están esperando papeles que les puedan interesar”, dijo. Para Dunham, esta diferencia es sintomática de la actitud de Hollywood hacia las mujeres.

La alfombra roja como oportunidad perdida.

Esta actitud va más allá de la pantalla. Un buen ejemplo de ello es la cobertura que hacen los medios de la alfombra roja en las entregas de premios es otra muestra de ello. Mientras que a los hombres se les preguntan sobre sus papeles y los de otros nominados a las mujeres se les pregunta sistemáticamente por el vestido que llevan puesto.

Hace un año, The Representation Project inició la campaña #AskHerMore con el objetivo de fomentar el debate sobre el tipo de preguntas que recibían las actrices en la alfombra roja. La iniciativa cogió fuerza en los premios Emmy del pasado año y ha servido como hilo conductor de la concienciación. Resse Witherspoon ha sido una de las actrices que ha manifestado su apoyo a la iniciativa coincidiendo con la ceremonia de anoche.

Este año, actrices como Jennifer Aniston o Julianne Moore se negaron a mostrar sus manos en la mani-cam de la cadena E!, una cámara pensada exclusivamente para mostrar la manicura de las mujeres. En los Globos de Oro, Elisabeth Moss optó por un método más expeditivo, accediendo a mostrar su mano a la cámara pero luego haciendo una peineta. Estos pequeños actos de rebelión ya han tenido sus frutos: anoche no hubo mani-cam en los Oscars.

Otra actriz que se ha revelado contra los tics sexistas de los medios ha sido Cate Blanchett. En los SAG Awards del pasado año , la australiana interpeló a un cámara que estaba haciendo una panorámica vertical de todo su vestido y le preguntó si hacía lo mismo con los hombres.

Hace unos días, Buzzfeed llevó esta idea a la práctica. Durante la entrega de los premios BAFTA en Londres, una reportera realizó el mismo tipo de preguntas banales que suelen recibir las actrices a las celebridades masculinas. Cosas como si llevaban faja o cuanto tiempo habían tardado en arreglarse. El desconcierto inicial de los entrevistados demuestra que se trata de preguntas un tanto absurdas. Pero, ¿por qué solo suenan extrañas cuando se hacen a los hombres?

      

Anoche todos los ojos del mundo volvieron a estar puestos en la ceremonia de los Oscars. Pero volvió a ser una oportunidad perdida. Quizá pretender eliminar las preguntas sobre los vestidos es una quimera, pero en ningún caso deberían ser las únicas preguntas que se hacen a las actrices. Las mujeres que pasan por esa alfombra tienen demasiado talento, carisma e influencia como para limitarse a mostrar únicamente su belleza.

Los Oscars son uno de los mayores escaparates del mundo, y siempre que se utilizan como trampolín de ideas los resultados son demoledores. Anoche, Patricia Arquette pronunció un intenso discurso en favor de la igualdad de la mujer al recoger el premio a la mejor actriz de reparto. Sus palabras están siendo momento más compartido y comentado de la ceremonia de ayer. A ella no le han dado el Oscar por interpretar a una esposa, sino a una madre soltera. Puede que, a pesar de todo, los tiempos estén empezando a cambiar.

El mejor premio sería acabar con el sexismo

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