Oysho

El amor nunca es perfecto, y estas historias lo demuestran

5 lecturas únicas que cambiaron el curso de nuestros corazones y una danza de amor gracias a #OyshoStudio

De la mano de Oysho te traemos algunas de nuestras historias literarias favoritas en pareja. Porque toda gran historia de amor es una excelente coreografía…

El amor no tiene definición.

Aunque eso ya es una definición en sí misma.

El amor que se define es un amor roto, sin fundamento, sin carne. Porque el amor sólo puede demostrarse a través de su vida. A través de su historia.

Una cosa está clara y es que no hay historia de amor en este mundo que no sea única. Sin embargo pocos saben contarlas con la precisión, la intensidad y la paciencia que merecen.

Por eso me gustan tanto los libros que ahondan en su arquitectura, en su coreografía íntima, en su máxima explosión.

La literatura ha intentado una y otra vez dejar constancia de esas grandes pasiones, y son muchas las novelas que se amontonan polvorientas en las estanterías, esperando que alguien las lea con los ojos muy abiertos y el corazón en un puño.

Narrar es difícil, emocionar es complicado, confeccionar esa danza perfecta es una ardua guerra que pocos consiguen vencer con éxito.

Toda mi vida he buscado una historia de amor perfecta, y sólo entre las páginas de cuatro o cinco libros he conseguido llegar a la conclusión de que lo perfecto se hace esperar. De que sólo se construye a partir de sus pequeñas, bellísimas y necesarias imperfecciones.

Desde adolescente, devoro páginas tratando de encontrar una respuesta. Cada libro que me deslumbraba era como una enseñanza más.

Primero estuvieron Humbert Humbert y Dolores Haze, los protagonistas de la célebre y polémica novela de Nabokov, Lolita. Ellos me dieron una lección sobre la pasión, sobre el erotismo, sobre lo imposible y sobre cómo ciertos enamoramientos pueden ser peligrosos.

Después vinieron Amélie y Elena, las dos niñas que en El sabotaje amoroso, de Amélie Nothomb, rompen todas las reglas de los adultos y deciden tejer una bellísima historia de amistad y cariño. Entre la inocencia y la picardía que este libro destila, aprendí que a pesar de todo, no hay historia de amor imposible.

Horacio y la Maga me pegaron un puñetazo en el estómago. En Rayuela, de Julio Cortázar. ¿Se puede estar obsesionado toda la vida con una persona? La respuesta es que sí. La respuesta es que hay rostros, y voces, y manos, que por mucho tiempo que pase, nos acompañarán siempre.

Marc Marronnier y Anne Marronnier no sobrevivieron al tiempo. En El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder, cada página me hizo temblar. En verdad, jamás conseguí quitarme su título de la cabeza, ¿de verdad que cuando pase el umbral de los tres años, mi relación se desquebrajará? Afortunadamente la fórmula matemática de Beigbeder no funcionó en mi vida. Pero su advertencia fue clara: cuida aquello que merece la pena, no querrás que te ocurra lo que a mí.

El amor no tiene definición, por eso necesitamos contarlo, dejar constancia de él.

Si algo sé, tras estas lecturas, es que cuando hable de mis sentimientos quiero poder hacerlo sin complejos. Pienso entonces en Marcel y en Louise, los dos jóvenes atormentados de El libro de Monelle, y caigo en la cuenta de que mi historia está construida a base de piezas que he leído en las historias de los otros.  

Quizá al fin y al cabo las mejores historias de amor no estén hechas al rededor de dos personas solo. Quizá de lo que se trata es de costruirlas, leerlas, contarlas, bailarlas entre todos. Eso es lo que hacen precisamente los protagonistas de A beautiful film about love: velar por los amantes del mundo. Tensar sus músculos, como si fueran un corazón:

Caer, volar, saltar, volver a levantarse: el amor no puede tener definición cuando es un continuo aprendizaje

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

cerrar
cerrar