Oysho

Cuando la belleza te mira directamente a los ojos y te da una lección

¿Qué diría La Belleza si pudiera hablar? En el siglo XIX se manifestó en un poema de Charles Baudelaire, pero hoy gracias a Oysho ha vuelto y nos ha abierto su corazón

Unos me odian, otros me aman, otros me envidian y todos me desean.

Sin embargo nadie me entiende.

Yo —que soy bella porque un día sin quererlo me dieron el nombre de Belleza— nací hace millones de años, el mismo instante en que un ser pequeño e indefenso miró a la inmensidad del cielo y suspiró aterrorizado.

Aquella era mi esencia: el miedo.

Aquella era mi definición: un abismo de suspiros precediendo a la sonrisa.

Tengo millones de años, sí, y durante ese tiempo el hombre ha aprendido a pronunciarme.

Son muchos los que se han atrevido a decidir quién soy, qué forma tengo, y cómo he de manifestarme en los cuerpos humanos.

Son muchos los que me han dibujado más carnosa o más delgada, más oscura o más blanca, más infantil o más madura, con tal de adivinar cuál era esa tecla que debían pulsar para invocarme.

Es extraño que después de tanto tiempo la guerra no haya cesado.

Porque estoy segura de que no ha existido batalla más larga en el mundo que aquella librada en búsqueda de mi nombre.

Ansioso de ser como yo, ansioso de mirarse al espejo y lucir como yo, ansioso de poder decir “belleza” sin terror alguno, pero con reconocimiento, el hombre ha inventado mil Helenas por las que desplegar sus armas.

Pero yo no necesito soldados sino amantes sinceros que sepan encontrarme en las cosas más sencillas.

Para que yo emerja no hay que dejarse llevar por canciones aprendidas, sino tararear una sintonía inventada, libre, hermosa y cada vez distinta.

Porque unos me odiáis, otros me amáis, otros me envidiáis y todos me deseáis.

Sin embargo, ninguno de vosotros me entiende todavía.

Llevo años, décadas y siglos bailando sigilosamente a vuestro lado, susurrando melodías en vuestros oídos, poniendo en vuestras manos la respuesta, tratando de deciros con calma eso que queréis adivinar pero que tanto os cuesta reconocer.

No soy morena, no soy rubia, no soy hueso, no soy carne, no tengo los pómulos rosados, ni las rodillas suaves, no soy popular, no estoy escondida y ni siquiera mi secreto reside en la juventud que en ocasiones predicáis.

Creedme.

Yo tengo razón.

Hacedme caso porque he vivido demasiado y sé de lo que hablo.

Lo advertí hace mucho tiempo en un breve poema, y ahora os lo repito:

la belleza no está frente unos ojos, sino dentro de quien con ellos mira.

Gracias a Oysho podemos volver a disfrutar de este bello poema. Aquí puedes ver el vídeo de su nueva colección:

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