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Médicos y agentes políticos cargan contra la 'guerra contra las drogas' por considerarla un fracaso

El sueño de un "mundo libre de drogas" parece que está lejos de conseguirse. Y es ahora cuando muchos se preguntan qué se ha estado haciendo mal en esta guerra química

250 millones de adultos tomaron drogas en 2014. Lo que viene a ser 1 de cada 20 personas en el mundo o el equivalente a la suma de la población de Alemania, Francia Italia y Reino Unido. Un consumo que tiene consecuencias devastadoras para la salud.

En su Informe Mundial Sobre Drogas, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito alerta de que más de 29 millones de personas que consumen drogas sufren trastornos relacionados con ellas. Además, 12 millones de esas personas son consumidores de drogas por inyección, de los cuales el 14% viven con el VIH.

Mientras tanto, cada año se dedican en el mundo más de 100 mil millones de dólares para luchar contra las drogas, según datos reflejados en un informe publicado en la British Medical Journal (BMJ). Lucha que, como destacan los editores del informe, parece que no está funcionando.  

La llamada “guerra contra las drogas” es un fraude, aseguran los médicos firmantes de ese artículo. No es solo que la lucha contra las drogas no haya reducido sustancialmente los niveles de tráfico y consumo de drogas en el mundo, sino que se han incrementado en gran medida los daños médicos y sociales derivados de su consumo.

 

Las leyes de prohibición mundial de las drogas, conocidas coloquialmente como “ guerra contra las drogas”, se basan en 3 tratados de las Naciones Unidas que buscan “mejorar la saludad y el bienestar de la humanidad” al prohibir el uso no médico de algunos medicamentos. “Con ese fin, los países penalizan a los productores, traficantes, distribuidores y usuarios con un costo anual de 100 mil millones de dólares”, incide el informe.

Sin embargo, estas medidas a menudo producen el efecto contrario. La guerra contra las drogas se convierte en una guerra contra sus consumidores y los castigos más desproporcionados caen contra las personas pobres, las minorías étnicas o las mujeres. De hecho, la criminalización de la droga lleva a las prácticas de riesgo en el consumo (como compartir jeringuillas o consumir drogas cortadas con sustancias tóxicas) y a que los adictos se alejen del sistema sanitario.

Las leyes de prohibición mundial de las drogas, conocidas coloquialmente como “guerra contra las drogas”, se basan en 3 tratados de las Naciones Unidas que buscan “mejorar la saludad y el bienestar de la humanidad” al prohibir el uso no médico de algunos medicamentos

Por otra parte, la pretensión de un mundo libre de drogas “niega a dos tercios de la población –más de cuatro mil millones de personas– el acceso a opiáceos para el control del dolor, escriben en el informe , “e impiden la investigación sobre el uso médico del cannabis y otras drogas prohibidas a pesar de la evidencia de un beneficio potencial”, sentencian.

Y, como en todas las guerras, siempre hay víctimas y violaciones de derechos humanos. La guerra contra las drogas ha provocado una escalada de la violencia de los carteles de droga que compiten por el control de los mercados, como en el caso mexicano, con más de 80.000 asesinatos por drogas en la última década. También es un ejemplo de esta violencia la persecución masiva a drogadictos y traficantes de droga que se está produciendo en Filipinas y que lleva más de 5.000 muertes desde verano.

Según Ruth Dreifuss, expresidenta de Suiza y coautora de otro artículo en el que se piden reformas en la política global antidroga a la vista del fracaso de la prohibición actual, el crimen organizado relacionado con la producción y el tráfico de drogas genera 320 mil millones de dólares al año. "La guerra contra las drogas ha sido incapaz de reducir ni el suministro ni la demanda a un nivel local o global", escribe la política.

Este año, una revisión exhaustiva de la evidencia internacional llegó a la conclusión de que los gobiernos deberían despenalizar los delitos menores de drogas, fortalecer los enfoques de salud y del sector social, moverse con cautela hacia los mercados de drogas regulados siempre que sea posible, y evaluar científicamente los resultados de construir una política pragmática y racional”, destacan en la editorial del British Medical Journal.

Los profesionales de la sanidad firmantes de ese artículo piden que las drogas sean vistas como un problema médico, en lugar de uno legal, ya que “la salud debe estar en el centro de este debate”. Inciden, además, en que deben ser los profesionales de la salud los que aborden la problemática ya que “los médicos son de confianza e influyentes y pueden aportar una dimensión racional y humana a la ideología y retórica populista de ser duro con el crimen”.

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