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Los monos también se vuelven abuelos gruñones con la edad

Básicamente, les empieza a dar igual todo

Los monos, como nosotros, también cambian su forma de ser con la edad. Investigadores de Alemania y Suiza analizaron el comportamiento de más de cien ejemplares de diferentes edades para estudiar cómo evolucionaba su forma de relacionarse y, efectivamente, con los años los señores mono se vuelven unos refunfuñones.

La investigación confirmó que, con el paso de los años, los monos (de la especie Macaca Sylvanus) pierden las ganas de explorar cosas desconocidas y limitan sus interacciones sociales. Esto ya se había comprobado en estudios anteriores, pero no quedaba claro si se trataba de una pérdida de interés por parte del animal o si eran los miembros del grupo los que iban dándole de lado.

Con el paso de los años, los monos pierden las ganas de explorar cosas nuevas y limitan sus interacciones sociales.

Para poder valorar el grado de curiosidad por explorar de los primates los científicos expusieron a monos de diversos rangos de edad a tres objetos desconocidos para ellos: un juguete en forma de animal, un cubo lleno de piezas de plástico de colores en un líquido viscoso y un tubo opaco cerrado con comida en su interior.

Los jóvenes se interesaron por los tres elementos, los adultos prestaron mucha más atención al tubo con comida y los ancianos únicamente se centraron en este último.

Como sucede en nuestra propia especie cuando los abuelos contemplan unas obras y critican a la juventud en la distancia, los abuelos primates también se dedican a comentar las cosas sin participar. Aunque los monos viejos prefieran actuar como espectadores el resto del grupo los mantiene integrados e interactúan con ellos aunque no sean muy receptivos y no quieran colaborar en las actividades.

Con los años también acaban limitando su círculo social. Van teniendo menos amigos. Los primates mayores se estresan al socializar, así que restringen sus relaciones a un número pequeño y conocido, del que puedan predecir sus respuestas.

¿Se quejarán también los abuelos mono de cafres que son los chavales mono?

¿Les repetiran constantemente que los plátanos de antes estaban mucho más buenos?

¿Pasará como con nuestros abuelos que, aunque a veces sean muy pesados, casi siempre acaban sabiendo qué amigos nos convienen?

Nos parecemos bastante, pero los monos molan más.

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