Martini

5 razones por las que el domingo de vermut es el mejor momento de la semana

Y nadie nos lo va a arrebatar

Asumámoslo: pocas cosas nos traen más paz que el Momento-Vermut del domingo. De la mano de Martini hacemos memoria para entender por qué podríamos vivir en un loop continuo donde el Momento-Vermut se repitiese una y otra vez… ¿verdad?

1. Porque puedes salir con tu padre, con tu hijo, con tu amigo, con tu amante

Da igual a qué grupo de WhatsApp pertenezca: si es tu amigo del alma, si es tu tío, si es esa chavala que conociste en Tinder, si es tu primo pequeño, tu padre, o un colega de la Universidad al que llevas tiempo sin ver… El domingo de vermut es la clase de celebración a la que puedes ir con quien quieras: sirve para celebrar una reunión familiar de esas que acaban con la abuela bailando, para cotillear sobre con quién ligaste o no ligaste la noche anterior, para enamorar a alguien haciendo brillar tu sonrisa con el sol dominical o incluso para tomarte la merecida copa con tu pareja mientras hay niños que arman jaleo y corretean entre las mesas. Y esto, irremediablemente, sube puntos.  

2. Porque los mediodías son las nuevas madrugadas

Hubo un tiempo en que nos encantaba poner excusas para no salir de casa las mañanas de domingo. Como si las sábanas y las mantas se nos pegaran a la piel y no nos dejaran poner un pie en el ascensor, o como si de pronto nuestro armario sólo hubiera chándales y pijamas. Pero eso se acabó: ahora los domingos son los nuevos sábados, y, mejor aún, los mediodías son las nuevas madrugadas. Hay que salir de la cama, hay que guardar el pijama y hay que reinventar ese día que los calendarios marcan con rojo. Gafas de sol, Instagram a punto. Hay que ir a petarlo.

3. Porque está permitido disfrutar como si no hubiera un mañana

Es domingo a mediodía, y es posible que ni siquiera hayas desayunado. Mejor que un buen desayuno, mejor que un brunch, mejor que cualquier otra cosa que puedas hacer en la vida será el sabor de las bravas picantes, la tortilla, las olivas rellenas o esos pinchos que pasarán tus papilas gustativas durante un domingo de vermut. Un vaso siempre en mano. Una tapa, y otra, y otra. Al contrario que los sábados por la noche, aquí comer no sólo está permitido, sino que es una obligación. Perfecto.

4. Porque si no te apetece ir a un bar, siempre puedes montártelo en casa

Es verdad que a veces uno sale mucho, uno gasta mucho, y al final de la semana todo se hace cuesta arriba sólo de pensar en la cartera. Pero el domingo de vermut tiene una variable igualmente infalible: el Martini en casa. Un par de botellas de líquido dulce, un par de bolsas de picoteo salado, una lista relajada de Spotify probablemente titulada “de domingueo”, y las mismas ganas de pasar las próximas horas compartiendo charlas con los nuestros. 

5. Y porque aunque el lunes se acerca peligrosamente, aún estás a tiempo de una siesta

Son las cinco de la tarde, y el alcohol ya lleva unas horas recorriendo los toboganes de nuestro cuerpo, estamos contentos, llenos de vida. Somos definitivamente felices, porque incluso hemos sido capaces de olvidarnos de que mañana es lunes, y de que ya toca de nuevo comenzar a girar la rueda de la rutina. Regresamos a nuestra casa satisfechos, pero sabemos que aunque la celebración se ha terminado, ahora viene uno de los momentos más alucinantes del domingo: es la hora de la siesta, y ese pequeño placer, pase lo que pase, absolutamente nadie nos lo va a arrebatar.

Los domingos son los nuevos sábados, los mediodías son las nuevas madrugadas. 

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