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Diez discos que te harán la boca agua y que no te debes perder

Progresa el año y con él la avalancha de música interesante. Para no perder el ritmo de la actualidad, te destapamos una decena de obras que te recomendamos encarecidamente

2014 va avanzado, poco a poco, sin prisas, y nos está ocurriendo lo que cada año: que a medida que se acelera enero y todos los releases son más frescos que el pescado del día, se nos acumula el trabajo y se doblan las dificultades para seleccionar el material que marca la diferencia. Va creciendo la calidad media de la cosecha musical que se publica en territorios cercanos a lo indie, lo electrónico o lo urbano (por no hablar de lo experimental, porque hoy traemos algunas tundas de ruido muy serias), y ha llegado una semana más el momento de separar el grano de la paja. A continuación vamos a demostrarlo con diez títulos de una calidad exquisita nos han tocado la fibra: una selección de lo mejor que ha caído en nuestras manos (y en nuestros discos duros) en los últimos días. El próximo miércoles, más. Apúntatelo en tu agenda.

Bill Callahan: “Have Fun With God” (Drag City)

Bill Callahan: “Have Fun With God”

Nota: 7.4

Lo nuevo de Bill Callahan es mucho más que una boutade. Aunque parezca mentira, este folkie de tomo y lomo siente un amor especial por el dub de los 70 y la música jamaicana. Y su nuevo trabajo, “Have Fun With God”, es una recreación de su último álbum, “Dream River”, en clave dub, es decir llena de ecos, ritmos pesados y tratamientos vocales. Y no es ninguna locura porque los resultados son más que interesantes. Sí, es cierto es que sólo está destinado para aquellos que sean súper fans del músico o que necesiten escuchar “Dream River” bajo otro prisma, con unas percusiones más suaves y unas líneas de bajo tan profundas como la voz de Callahan. Con todo, es un experimento digno de tener en cuenta. Con el paso de los años no será recordado como una de sus obras más interesantes, pero sí es un buen añadido a su colección de discos, que cada vez es más inabarcable. RM

Holly Herndon: “Chorus” (RVNG Intl.)

Holly Herndon: “Chorus”

Nota: 8.0

Si esto se considerara pop, sin duda estaríamos ante la canción pop más radical –en la forma, pero también en el mensaje– que nos hemos cruzado en mucho tiempo. Pero Holly Herndon no es una autora de canciones, aunque ha aprendido a trabajar su propia voz de una manera tan original que parece que lo haga. Licenciada por la Universidad de Stanford en composición electrónica, sus técnicas le han llevado a convertirse en la última sensación de dinámicas minoritarias como la computer music, la electroacústica y la música concreta, ocupando el espacio que, por agotamiento y aburrimiento, habían dejado nombres como Matmos. Su primer EP era un viaje a las formas del techno a partir del sampleo y manipulación de ruidos extraños, hasta que el mismo techno se disolvía en una especie de vómito digital. Este nuevo single contiene sólo dos canciones, pero más ideas que las obras completas de Kaiser Chiefs: “Chorus” es un muestreo de su vida cotidiana –ruidos del ordenador, de los objetos a su alrededor– mientras juguetea con la voz de una manera que podría recordar al “Psyché Rock” de Pierre Henry adaptado al siglo XXI. “Solo Voice” prescinde de cualquier sonido no humano y construye una inquietante polifonía con vocales aleatorias surgidas de su garganta, revoloteando como alondras en el cielo azul. Lo dicho, no es pop ni es techno, tampoco es ambient ni experimentación dura, pero es el colmo de lo geek. RG

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Haf Haf: “Notch” (Gang of Ducks)

Haf Haf – Notch

Nota: 7.7

Gang of Ducks es un sello italiano fundado en 2013 que, por el momento, cuenta sólo con tres referencias firmadas por My Panda Shall Fly, Traag y Shape Worship, que para quien no haya buceado en las profundidades más oscuras del underground de los beats zarrapastroso es algo así como el encuentro líquido entre los ritmos del house y el hip hop, pero con una capa de herrumbre, putrefacción y alquitrán. De Haf Haf no se sabe mucho más: es un productor de Milán que debuta con este alias con los tracks de esta referencia, un mini-álbum digital (que también se puede adquirir en cassette) que transmite una madurez sorprendente, como si el sonido que hubiera estado buscando terminara cuajado a la primera. No es prudente esperar ni una nitidez propia de una producción profesional (y a veces esterilizada) ni una estructura que funcione en la pista de baile: esto es al techno contemporáneo de artistas como Huerco S. o el último James Holden lo mismo que el post-rock de Chicago al indie-rock de los 90: un difuminado acuoso, un borrado de huellas reconocibles y de estructuras sólidas que permitan reconocer un discurso concreto. Aquí los beats suenan como metales abollados o como colchones con las tripas fueras, rodeados de un eco de dub enfermo, avanzando con lentitud y dolor. Una de las sorpresas más inquietantes de esa escena musical que no quiere salir a la luz, pero que debería. RG

Marissa Nadler: “July” (Sacred Bones)

Marissa Nadler: “July”

Nota: 7.8

Marissa Nadler es una de esas cantautoras que no se corta cuando tiene en su mano la pluma. Sólo hay que comprobar los dos primeros versos de su nuevo disco, “July”, el primero que edita en el exquisito sello Sacred Bones. “If you ain’t made it now / You’re never gonna make it”. Más claro el agua, ¿no? Su música vaga en algún terreno entre el shoegaze, el folk y el doom-metal, de ahí a que haya conseguido captar el interés de la plataforma estadounidense. Resuenan ecos de Mazzy Star en “July”, o de PJ Harvey en “Was It A Dream”, con una línea de guitarra de toma pan y moja. En su sexto álbum demuestra que no pierde fuelle, más bien al contrario. No sería osado catalogarlo como su mejor trabajo hasta la fecha. En él han colaborado ni más ni menos que Randall Dunn –Earth, Sunn O))), Wolves In The Throne Room– como productor y le acompañan Eyvind Kang a las cuerdas, Steve Moore en los sintes y Phil Wandscher en la guitarra. Pero ella emerge como la protagonista total, especialmente en el plano vocal con cortes como “I’ve Got Your Name”. RM

Pangaea: “Fabriclive 73” (Fabric)

Pangaea: “Fabriclive 73

Nota: 8.3

El que fuera uno de los productores más refinados de aquello que bautizamos –más por necesidad que por gusto– como post-dubstep y que se asentó en las gloriosas tres ‘H’ circa 2010 (Hessle Audio, Hemlock, Hotflush) recoge el testigo de la serie Fabriclive. Olvidad al Pangaea sibilante y embaucador de himnos como “Why” porque los preceptos de esta serie requieren de otras artes. Kevin McAuley las ha entendido a la perfección y las ha aplicado de manera casi sistemática en este CD mix que ya desde el segundo tema, con Lee Gamble, echa leña al fuego más purificador del nuevo techno. Las atmósferas vienen y van, en ocasiones aprietan y huelen a sudoración divertida (ahí está el guiño a Speedy J o el tema de Truncate), en otros momentos te dejan respirar y concentrarte en el ritmo (gracias a Mumdance o Pev y Kowton). Aquí no hay luz al final del túnel, sino atractiva oscuridad, y el camino lo guía un bombo marcial. Si amaste, has amado y amas el techno con fervor religioso, abrazarás este “Fabriclive 73” como tu nueva banda sonora litúrgica. MF

Ricky Eat Acid: “Three Love Songs” (Orchid Tapes)

Ricky Eat Acid: “Three Love Song

Nota: 7.2

Como productor, Sam Ray, alias Ricky Eat Acid, hacía tres años que no lanzaba un álbum. Ahora por fin la espera se ha terminado con “Three Love Songs”, el disco de debut de este nuevo nombre de batalla que ha escogido para sus canciones más emocionales y ricas musicalmente hablando. El de Maryland ofrece aquí una extraña mezcla que va del ambient drone a una suerte de house orquestal (cogido con pinzas esto, ya sabemos) sin apenas despeinarse. Hay aquí momentos de ruido blanco, sonidos intermitentes y otros más orgánicos y cálidos. Un buen ejemplo de su modus operandi es “In Rural Virginia, Watching Glowing Lights Crawl From The Dark Corners Of The Room”, con grabaciones de un predicador de radio vengativo que dan muestra de su amplia apertura de miras. Por lo que se refiere a las letras, mientras que anteriormente trataban sobre la muerte y la pérdida, esta vez ha optado por contar experiencias más reales, honestas, que puedan ser compartidas por todos. Una rareza digna de escuchar. RM

Sevendeaths: “Concreté Misery” (Lucky Me)

Sevendeaths: “Concreté Misery”

Nota: 7.9

Sólo quien haya profesado hasta el límite de lo obsesivo la religión de LuckyMe recordará a American Men. No eran americanos, aunque sí hombres en plural –un dúo de Edimburgo–, y compaginaron una actuación hace algunos Sónar con un álbum en vinilo. Eran una apuesta extraña en aquel caldo de cultivo tan hirviente de los beats abstractos y el hip hop con texturas de púrpura eléctrico, con algunas derivas hacia el post-rock, y tan pronto como llegaron a la escena desaparecieron. Tres años después, Steven Shade hace su reaparición en el sello del doble ojo y lo hace cubierto todavía por el manto de misterio y la inexplorada mezcla de sabores amargos que ya entonces se adivinaban en American Men. Sevendeaths suena tremebundo en el nombre, pero más aún en el interior de una música que parece como un amasijo de tripas revueltas y aún sangrantes: desde el mismo comienzo de “Petrograde” estallan simulaciones de guitarras procesadas (nada reales, es todo máquina) con software para que se enrosquen entre líneas de sintetizador sin pulimentar, un encuentro salvaje entre drones, noise, metal expansivo y, a partir de “All Night Graves” y “Ghostache”, suaves arpegios modulados con discreción y un efecto embellecedor, como si de entre un montón de deshechos emergiera la punta de un diamante. Básicamente, el disco que harían Emeralds si, en vez de estar colgados con Tangerine Dream, lo hubieran estado de Mogwai o Coil. Tú morirás, pero esta clase de hardcore no. RG

Shackleton: “Freezing Opening Thawing” (Woe To The Septic Heart)

Shackleton - Freezing Opening Thawing

Nota: 8.2

Hace algo menos de dos años, Shackleton demostraba que dominaba varios de los territorios más profundos de la música electrónica –de baile y no de baile– con un álbum doble que elaboraba nuevas técnicas rítmicas en su primera parte y creaba otras maneras de inducir a la hipnosis en su segundo tramo, completamente ambiental. “Music for the Quiet Hour / The Drawbar Organ” establecía un récord de calidad y autoinvención al que pocos músicos podían aspirar, y que casi marcaba el tope de exigencia que podía lograr la música de Shackleton, pero este nuevo EP pone en duda que su límite estuviera ahí, al menos en lo que corresponde al capítulo rítmico. Los tres cortes de “Freezing Opening Thawing” parece que avancen con una exactitud de metrónomo, pero no son nada precisos, son pequeños bucles que trazan curvas irregulares y que se montan unos encima de otros al estilo de la percusión africana o el mismo tratamiento que de las músicas orientales hicieron compositores minimalistas como Steve Reich –pero en un contexto sintético/analógico–. Los tracks dinamitan todo lo que les quedaba de dubstep para quedarse únicamente con la herencia ancestral, la repetición como mantra, la hipnosis, el trance casi religioso, todo ello en un impresionante contraste entre lo primitivo y la más puntera tecnología. Reinventarse no es demasiado difícil, pero hacerlo sin abandonar el lugar de privilegio en lo más alto sólo está al alcance de los genios. RG

Xiu Xiu: “Angel Guts: Red Classroom” (Polyvinyl)

Xiu Xiu: “Angel Guts: Red Classroom

Nota: 7.1

A estas alturas, todo el mundo sabe que no puede esperar un disco convencional de Xiu Xiu y no es precisamente el caso de “Angel Guts: Red Classroom”, su nuevo álbum, que sucede a ese LP de covers de Nina Simone que editaron hace unas semanas. Esta nueva obra es tan escurridiza, oscura, marciana y enfermiza como casi todo lo que ha hecho Jamie Stewart. Sus 14 canciones están inspiradas en la reciente mudanza del líder de Carolina del Norte a un barrio peligroso de Los Ángeles y de la película noir erótica japonesa de la que coge el título. La temática de estos cortes son los recurrentes (o, por lo menos, los esperados) en la banda: criminalidad, sexo racial, doble suicidio, doble penetración o el miedo al daño físico. Esta vez Stewart lo ha grabado a medio camino entre su estudio casero de Los Ángeles y en un estudio de Dallas con el reputado productor John Congleton. No es su obra maestra, vaya por delante, pero seguro que saciará las ansias de los seguidores del grupo e inyectará una siempre interesante dosis de mal rollo entre quien tenga la piel fina y el corazón sucio. RM

Yong Yong: “Greatest It’s” (Night School)

YONG YONG: Greatest It'

Nota: 7.1

El dúo Yong Yong se dio a conocer el año pasado con un álbum de estreno, “Love”, que servía para calmar las heridas después de que supiéramos, o intuyéramos, que no habría más continuidad del proyecto Hype Williams, del que tomaban gran parte de su inspiración. Como ocurre con la música de Dean Blunt e Inga Copeland, las construcciones sonoras de Yong Yong –portugueses ahora afincados en Glasgow, por si a alguien le interesa el dato– parecen envueltas en un denso humo narcótico. Nada de lo que flota en esa nube de psicodelia parece estable: las voces suenan trémulas, los ritmos no tienen ninguna solidez, los zumbidos son como los de una televisión conectada a una señal muerta y a punto de averiarse. Y entre toda esa confusión se cuelan influencias que dan forma a una papilla nutritiva: algo de hip hop, breves fogonazos de techno, pop ácido, samples vocales como surgidos de un sueño, guitarras distorsionadas y capas electrónicas borrosas. Entre “Love” y “Greatest It’s” hay una disminución del factor sorpresa y un escaso avance real en el discurso sonoro –el segundo parece una copia menor del primero–, pero aún así conserva el efecto de disociación de la realidad, como si en vez de doce tracks fueran doce dosis de un barbitúrico especialmente poderoso. RG

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