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Diez discos que te harán la boca agua y que no te debes perder

Progresa el año y con él la avalancha de música interesante. Para no perder el ritmo de la actualidad, te destapamos una decena de obras que te recomendamos encarecidamente

2014 va avanzado, poco a poco, sin prisas, y nos está ocurriendo lo que cada año: que empieza la temporada con novedades fresquísimas de enero y todavía con algunos releases tardíos de diciembre coleando. Lo que se mantiene también es la calidad media de la música que se publica en territorios cercanos a lo indie, lo electrónico o lo urbano (por no hablar de lo experimental, porque hoy traemos algunas tundas de ruido muy serias). Vamos a demostrarlo con diez títulos de una calidad exquisita nos han tocado la fibra: una selección de lo mejor que ha caído en nuestras manos (y en nuestros discos duros) en los últimos días. El próximo miércoles, más. Apúntatelo en tu agenda.

Container: “Adhesive EP” (Liberation Technologies)

Container: “Adhesive EP” (Liberation Technologies)

Nota: 7.7

Se titula ‘adhesive’, pero este sonido de Container no tiene nada de pegajoso, o en todo caso sería esa sensación sucia de haber estado revolcándose por el suelo sobre un lecho de chicles sucios, mojados en alquitrán y barro. Todo lo que hace Ren Schofield es guarrísimo por fuera y tenso por dentro, un ejercicio de nerviosismo techno que, a medida que avanzan los años se hace más extremo –su primer álbum, recordemos, asomó la patita en 2011 en el sello Spectrum Spools y desde entonces ha publicado dos más en los que se rinde un homenaje a aquel techno ácido de mediados de los 90 que, sobre todo, alcanzó niveles de corrosión insoportables en la Holanda más hardcore–. “Adhesive” no es muy distinto de “Treatment”, su EP del año pasado en Morphine Records: es techno regurgitado sin control, aunque aquí lo que se aprecia es más orden, más textura pastosa, más control a la hora de expulsar el detritus, aunque luego se nos presente ante nuestros oídos como marronoso y pestilente. Quien llegue a “Glaze” y “Slush” con el tímpano intacto y el sistema nervioso relajado merece una medalla al valor. JB

Cooly G: “Hold Me” (Hyperdub)

Cooly G: “Hold Me” (Hyperdub)

Nota: 7.2

Dos noticias, una buena y una mala. La buena es que Cooly G se ha dejado de hostias y vuelve a hacer música de baile. Su debut “Playin Me” colaba mientras se consumiera en la tranquilidad del hogar –y para quien firma, ni eso–, pero llevado al directo era un auténtico cuadro, porque Cooly G ni canta bien ni sabe cómo manejar Ableton, ni mucho menos hacer las dos cosas a la vez sin abochornar a quien ha pagado por verla. La mala noticia es mala a medias: los tres cortes de este “Hold Me EP” suenan tal y como ha sonado siempre la londinense, a ese UK Funky circa 2010 que llenaba las ondas de las radios pirata; con menos pegada pero doble ración de feminidad etérea y pulsión sensual. “Oi Dirty” funciona como riddim bizarro –la impronta de Scratcha DVA es ineludible– y “Molly” nos muestra a una Cooly más renovada, con un ritmo más marcial y un toque ácido. Si “Molly” es la senda a seguir, se quedará a rebufo de Ikonika. Pero este EP es, sin duda, un buen nuevo comienzo. MF

I Break Horses: “Chiaroscuro” (Bella Union)

I Break Horses: “Chiaroscuro” (Bella Union)

Nota: 7.0

Tras tomarse un año de merecido descanso una vez terminaron la gira que les llevó por todo el mundo para presentar su álbum de debut, “Hearts”, el dúo sueco I Break Horses ya está de vuelta. Para completar su segundo disco, “Chiaroscuro”, que empezaron a grabar a principios de 2014, tardaron seis meses, una buena muestra de que Maria Lindén y Fredrik Balck prefieren tomarse las cosas con calma antes que precipitarse. Explica ella que “su único objetivo cuando empezó a escribir fue olvidar cualquier expectativa de segundo álbum y dejarse llevar a la hora de escribir canciones de lo más felices y también de lo más tristes”. Un ejemplo de esto segundo es la bella y oscura “You Burn”, con la que abren el LP, y en la que se muestran más electrónicos que nunca. En otras palabras, han dejado de lado ese sonido shoegaze que les dio tanta fama para acercarse a una electrónica a medio camino entre M83 y Daft Punk ( “Faith” podría estar sacada de la banda sonora de “Tron: Legacy”). Los resultados puede que no convenzan a todo el mundo, pero con pelotazos ochenteros como “Denial” se les perdona cualquier cosa. RM

Oliver Coates: “Towards The Blessed Islands” (Prah)

Oliver Coates: “Towards The Blessed Islands

Nota: 8.2

Muchos de los elogios que se han vertido sobre Francesco Tristano por trabajar simultáneamente en el circuito de piano clásico y en el de la experimentación electrónica, y sin abandonar nunca la excelencia, también servirían para Oliver Coates, su equivalente en lo que se refiere al violonchelo. Coates ha trabajado para la London Sinfonietta y para el sello Warp, ha tocado la música de Bach y la de Shostakovich, ha puesto su instrumento al servicio del rapero DOOM y de una pieza icónica de Boards of Canada, y su manera de grabar anda siempre en persecución de lo inesperado: busca ecos y resonancias, llenar los espacios vacíos con misterios e inflamar el aire con lo inefable. Tras un largo periodo dedicado a la interpretación –por sus manos han pasado partituras de Thomas Adès, Sofia Gubailduina, Helmut Lachenmann y otros importantes compositores contemporáneos vivos–, “Towards the Blessed Islands” es su primer disco en solitario y uno de esos artefactos que insisten en localizar las zonas en común entre la música académica y la experimentación para públicos inquietos (y a poder ser jóvenes). Coates hace aquí un ejercicio de remix, más que de interpretación: a partir de temas originales Iannis Xenakis ( “Kottos”), Squarepusher ( “Tommib Help Buss”), Max de Wardener o el jazzman Roy Harper ( “Another Day”), su arco indaga entre disonancias y notas suspendidas, atrayendo la partitura a un terreno sin reglas ni límites. Incluso se permite samplear –a Chopin, dentro de una pieza de Larry Goves, “The Clouds Flew Round with the Clouds”–, desordenar y desmontar a su gusto para que el chelo suene como un instrumento alienígena y esta música a sonido genuino del siglo XXI. Una revelación. JB

Negra Branca: “N B” (Ono Tesla)

Negra Branca: “N B” (Ono Tesla)

Nota: 7.9

Gnod es un colectivo de Manchester al que cuesta seguirle el ritmo y, sobre todo, la pista: escurridizos como una anguila, llevan unos cuantos años dedicados a trabajar en lo más recóndito de la escena de la electrónica analógica y psicodélica. Beats irregulares, largas secuencias de sintetizadores lisérgicos, marañas de ruido, voces selváticas: son como la versión desastrada y resplandeciente de Demdike Stare o una réplica todavía más lo-fi, más esquiva y desconocida de Animal Collective (si les añadiéramos, de paso, unas influencias dubstep). Y como colectivo que es, en Gnod no hay jerarquías ni roles. Marlene Ribeiro es una de las componentes de Gnod, y tal como había entrado, ahora ha salido (brevemente) para darle forma a un spin-off que comparte buena parte del lenguaje de la banda, aunque con un matiz esotérico interesante (esotérico en el sentido Pye Corner Audio o Ghost Box de la expresión, para que nos entiendan los más expertos en electrónica primitiva). “N B” es el primer álbum oficial de Negra Branca, el alias estrenado por Ribeiro el año pasado en un par de cassettes, y de entrada la aproximación al sonido es más calmada, se tiene la sensación de que la música suena al fresco, en una habitación de ventanas abiertas o en un pequeño rincón de campo. Es como un disco de Hype Williams sin el humo de porro y con un largo vaso de zumo de naranja recién exprimido en la mano: su voz susurra, los sintes abren el campo, las guitarras están entre lo pastoral y lo cósmico, y de principio a fin aporta una sensación de relax sólo a ratos interrumpida por un susto rítmico o una textura de pesadilla que mancha lo que parece un sueño dulce y profundo. RG

Mouse On Mars: “Spezmodia” (Monkeytown)

Mouse On Mars: “Spezmodia” (Monkeytown)

Nota: 7.3

En su regreso de 2012, a Mouse On Mars se les notaba renovados. Las vacaciones de seis años que se habían tomado tras un largo periodo de soluciones mecánicas a sus problemas musicales –que les habían llevado a tomar el camino de la experimentación difícil, perdiendo por el camino el humor y la ingenuidad que había marcado sus primeros discos de los años 90– les sentaron la mar de bien y fue más un renacer que la interrupción de un periodo de hiato. En “Parastrophics” y “WOW” recuperaron la sonrisa y la travesura, y la corriente se mantiene en el pórtico de 2014 con un “Spezmodia” que tiene extensión de EP, pero forma de álbum: las ideas son tan abrumadoras, están tan concentradas, que lo acabas con la sensación de haberle dedicado una generosa cantidad de horas y neuronas. Lo que le falta a Andy Toma y Jan St. Werner es la frescura de los comienzos, la espontaneidad, el estar conectados naturalmente a las corrientes creativas del momento, y hasta cierto punto se nota que son dos señores con una cierta edad que han escuchado mucho los discos de Modeselektor –como ejemplo más evidente, y porque son los dueños de Monkeytown–, han detectado ciertos patrones de comportamiento y los llevan a su terreno: los bleeps raveros, los ritmos más quebrados que de costumbre, la psicodelia acotada en el trasfondo de los ritmos para que parezca que es música de baile torcida, y no música torcida con baile. Al principio parece extraño que esto venga de la mente de Mouse On Mars: parece más de Siriusmo. Pero son esas contradicciones y ese factor inesperado lo que mejora las perspectivas de un “Spezmodia” que podría aspirar a más. JB

Bee Mask: “Pear Growers Series 1 (Surgeon & Abdulla Rashim Mixes” (Pear Growers Series)

Bee Mask: “Pear Growers Series 1 (Surgeon & Abdulla Rashim Mixes”

Nota: 7.8

Lo último que supimos de Bee Mask, uno de los grandes artistas de la avanzadilla neo-analógica que ha vuelto a poner de moda el uso y disfrute de los sintetizadores modulares, fue su álbum de 2012 en Spectrum Spools: “When We Were Eating Unripe Pears” no era su material más intenso, pero sí el más depurado, y le puso un cierre de alto nivel a un año en el que también había firmado el que por ahora es su corte más perfecto, “Vaporware”. Y desde entonces, nada. O mejor dicho, nada que nos haya llegado por su propia mano de manera inmaculada, porque hay dos proyectos de remix que han contribuido a elevar más si cabe el caché de Chris Madak. A mediados del año pasado se planchó el de Donato Dozzy, que le daba la vuelta por completo, y en siete versiones distintas, a “Vaporware”. Y ahora este 12” que inaugura su ¿propio? sello Pear Growers Series con dos remixes de “Unripe Pears” encargadas a dos barandas del techno de ayer y hoy, dos morlacos del beat oscuro que le apagan la luz a los temas originales, los vuelven negros como la pez y los bañan en tensiones desgarradoras. En la cara A se encarga Surgeon de engarzar un bombo a contrapié sobre las habituales cascadas cósmicas de Bee Mask –hasta llevarlo a un territorio reconocible como ‘Detroit’, sección UR o Red Planet–, y en la B es Abdulla Rashim quien se tira por el camino fácil: bombo hermético, fondo como de cuchillo afilándose contra una piedra pómez, y densidad aplastante. Ahora que llegue más material original, que ya tarda. JB

Varios: “Sulla Giostra Nell’Ombra” (Violet Poison)

“Sulla Giostra Nell’Ombra” (Violet Poison)

Nota: 8.1

¿Te gusta el mal rollo? ¿Te jactas ante tus amigos de que te pone palote Vatican Shadow? Pues atención a este recopilatorio que deja al ‘bueno’ de Dominick Fernow a la altura de la madre de Bambi. Se trata de “Sulla Giostra Nell’Ombra”, el nuevo lanzamiento del sello Violet Poison –propiedad del dúo Violetshaped–, que presenta a cuatro artistas a los que merece la pena seguir la pista. El primero de ellos es O/H, Ontario Hospital, el proyecto de power electronics comandado por Richard Oddie y Dave Foster (a quien conoceréis por su trabajo como Teste). Lo que entregan es una pieza industrial de bajas frecuencias que hará sangrar tus tímpanos. Luego está el irlandés Sunil Sharpe, que ha editado algo en el sello de Blawan, y que rebaja sólo un poco la intensidad. Lo suyo suena a una brillante relectura de British Murder Boys. En el envés encontramos al dúo de Belgrado Ontal, con su alocada mezcla entre techno de beats rotos y drones flotantes, y por último CSA, el nuevo proyecto del berlinés Ascion, que entrega una pieza de ambient pervertido y malsano con cacofonías del otro mundo. Hay que tenerlos cuadrados para escuchar esto. RM

Various Artists: “Pop Ambient 2014” (Kompakt)

Various Artists: “Pop Ambient 2014” (Kompakt)

Nota: 7.7

A estas alturas, ¿qué más se puede decir en el ámbito del ambient? Muchos te argumentarán que ya está todo dicho, pero no Kompakt, que se empeña en lanzar un recopilatorio anual celebrando lo mejor del género con sus artistas fetiche. Y su edición de 2014 es de lo más especial básicamente por el retorno de diversas luminarias del sonido ambient. Está el maestro Ulf Lohmann, que vuelve seis años después, The Bionaut, alias de Jörg Burger para sus incursiones más espaciales y que en los 90 causó estragos entre toda una generación gracias a “Ultramarine”, y, por último, Wolfgang Voigt retoma su proyecto Gas, que estaba inactivo desde 2008 para remezclar uno de los últimos pelotazos de The Field. Este trabajo se presenta francamente variado con piezas cercanas a la IDM como “Moorpark” de Cologne Tape, otras más introspectivas y paisajísticas, como la aportación de Thomas Fehlmann con unos pianos que son pura gloria y cortes celestiales y meditabundos como el de Mikkel Metal con una guitarra melancólica aunada con loops y melodías de ensueño. RM

Jacaszek: “Piesni” (Narodowe Centrum Kultury)

Jacaszek: “Piesni” (Narodowe Centrum Kultury)

Nota: 7.6

“Piesni” en polaco significa “canciones”, y aunque este nuevo álbum de Jacaszek sea completamente instrumental, tiene su origen en una colección de melodías litúrgicas de la iglesia católica. Lo cual no deja de ser un paso coherente en su evolución: tan interesado como ha estado siempre el de Gdansk en la música antigua y barroca –“Pentral” (2009) y “Glimmer” (2011) abundaban en sonidos de órgano–, era de esperar algún día un trabajo que se centrara completamente en la parte mística de su sonido, y es que el gran hallazgo estético de Jacaszek está en cómo conseguir extraer el alma y la fe a un patrón de trabajo puramente artificial entroncado en la música electroacústica. La complejidad de su música jamás será como la de compositores polacos decisivos del siglo XX como Lutoslavski o Penderecki, a quienes tiene como maestros, ni alcanzará los cotas de dolor de Górecki, pero hay algo que tiene Jacaszek y que transmiten estas ‘canciones’ creadas por encargo: un temblor dentro de su frialdad, una emoción incluso cuando es la recreación estática de una melodía con un par de notas de chelo y un zumbido. No es música para contactar con dios, pero disco a disco se va ganando un lugar en el cielo. RG

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