Jägermeister

Mi padre reescribió su destino gracias a esa reunión de clase

Reencontrarte con tu pandilla del colegio puede cambiarte la vida

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Desde que mi madre se había largado, mi padre no había levantado cabeza. Llevaba dos años hundido. Hay pocas cosas más tristes que el hecho de que tu padre te dé lástima. Y yo llevaba sintiéndome así desde los dieciséis.

Mi hermano mayor ya llevaba dos años viviendo con su pareja. Y después del verano yo me iba ir a otra ciudad para estudiar en la universidad. Me preocupaba cómo iba a afectar eso a mi padre. Tenía la sensación de que yo era su única motivación para seguir adelante.

Desde que cayó en la depresión había intentado ayudarle a rehacer su vida. Le obligué a hacerse un Facebook. Le apunté a páginas de contactos. Me lo había llevado a conciertos. Incluso traté de liarle con la madre de un amigo que también se había separado. No funcionó.

Pero un día Facebook dio sus frutos: le llegó una invitación para una reunión de antiguos alumnos de su colegio.

–Hace 35 años que no veo a la mayoría de esa gente, me dijo mirando a la pantalla.

–Ves, para estas cosas Facebook mola, contesté.

Su primera reacción fue decir que no. Dijo que no se veía con fuerzas, que no quería sentirse como un perdedor y que las comparaciones solo empeorarían las cosas.

Pero yo tenía la intuición de que era una buena idea.

Le estuve dando la tabarra durante tres semanas. Le convencí de que era peor quedarse inmóvil.

A mi también me daba un poco de miedo. A lo largo de los últimos meses, su comportamiento se había vuelto extraño. Salía más de la cuenta. Las mujeres con las que se había visto eran un desastre. Creo que todo ello estaba empezando a afectar a su trabajo. Realmente creía que le iba a sentar bien reencontrarse con sus viejos amigos. Le ayudaría a buscar nuevas perspectivas.

2

La noche de la reunión yo fui a un concierto. Cuando volví a casa, mi padre todavía no había llegado. Quise pensar que era una señal de que lo estaba pasando bien.

A la mañana siguiente se levantó a las 11:30. Nunca le había visto despertarse tan tarde.

–¿Qué tal anoche?, pregunté.

Respondió que muy bien y que se habían reído mucho. Quise detalles. Me contó que se había reencontrado con la que fue su primera novia. Y que habían estado más de dos horas hablando sin parar. Ella acababa de salir de su segundo divorcio. Quedaron en que volvieran a verse.

Tres semanas después fueron a cenar.

Y a esa cena le siguieron otras.

Y después de las cenas vino una escapada de fin de semana.

Y luego la trajo a casa.

Se llamaba Mónica y parecía agradable. Las arrugas que marcaban sus facciones revelaban que había tenido una vida intensa. Pero, sin embargo, tenía un efecto balsámico sobre él. Por primera vez en mucho tiempo le veía relajado.

Esa noche me contaron la historia de su relación. Mi padre había estado enamorado de ella desde los 13 años. Pero no se dieron el primer beso hasta la fiesta de fin de curso de 3º de BUP. Luego salieron durante nueve meses. Se separaron para las vacaciones de verano con la promesa de reencontrarse en septiembre. Pero ambos empezaron en universidades distintas, conocieron a gente nueva y sus vidas se bifurcaron para siempre.

Les conté que, justamente, yo me encontraba en ese momento de la vida. Que me marchaba a Madrid a estudiar y que no sabía qué esperar.

–Confía en el destino, dijeron a la vez.

Se miraron y rieron.

El amor no fue lo único que mi padre reencontró en esa reunión. Desde los 14 años había tenido un grupo de música con 4 compañeros de clase. Tocaban versiones de los grupos de rock que les gustaban entonces. Eran las estrellas de todas las fiestas del colegio.

Todos habían seguido tocado por separado esporádicamente. Mi padre el que menos. Pero esa noche las copas les convencieron para volver a reunirse. Se pusieron un reto: tocar en la próxima reunión de la clase. Alguien ya había proclamado que se haría al año siguiente.

Empezaron a ensayar enseguida. Quedaban una vez a la semana. Mi padre se lo tomaba muy en serio. Se pasaba el día en YouTube buscando tutoriales para probar nuevas versiones. De pronto ya no me preocupaba tanto marcharme de casa.

3

Mi primer año de universidad pasó volando. Cada vez que venía de mi visita veía a mi padre más feliz. Mónica se había mudado a casa. Seguía ensayando cada semana. Estaba radiante.

Cuando terminó el curso volví a Barcelona para pasar las vacaciones. Mi vuelta coincidió con la reunión de antiguos alumnos. Mónica me contó que mi padre llevaba dos semanas practicando sin parar. Me dijo que la gente de la clase había corrido la voz entre sus amigos. Todo apuntaba a que habría mucha gente en el público. También me pidió que fuera para darle una sopresa a mi padre.

–Por supuesto, tengo ganas de verle encima de un escenario, contesté.

El concierto fue un éxito. Nunca había visto a mi padre de esa manera. Parecía un adolescente.

Mientras tocaban una versión del Cosmic Dancer de T-Rex, pensé en el giro que había dado la vida de mi padre desde que recibió esa invitación de Facebook. Estaba con la chica que siempre había querido, había vuelto a revivir el sueño de ser músico y había recuperado la ilusión para vivir. Todo gracias a un par de reuniones de antiguos alumnos.

El concierto no acabó hasta que el dueño de la sala les pidió que se bajaran del escenario. Hubo un brindis masivo en el backstage. Mi padre me abrazó como nunca lo había hecho y me dio las gracias. Que tu padre te dé las gracias es un sentimiento extraño. Pero mucho mejor que la compasión.

Esa noche decidieron que iban a seguir tocando.

4

Ocurrió un año más tarde.

Se dirigían a dar un concierto a un pueblo de la costa cuando la furgoneta que habían alquilado se salió de la carretera. Dio tres vueltas de campana. Mi padre murió al instante. Otro de los compañeros de la banda se rompió un pierna. El resto solo sufrió heridas leves.

–Dicen que no se ha enterado de nada, me dijo Mónica por teléfono con la voz ahogada.

En otoño la banda se reunió por última vez. Esta vez para hacer un concierto en su honor.

Fuimos todos. Incluída mi madre. Volvió a sonar Cosmic Dancer. Y pensé en lo caprichoso que era el destino. En como esas reuniones escolares le habían devuelto la vida para luego arrebatársela definitivamente.

Estaba roto por la tristeza. Y el inevitable torrente de porqués irrumpió en mi cabeza.

Pero había algo que me serenaba. Tres años atrás mi padre ya estaba muerto. Y la vida le dio la oportunidad de renacer para vivir cómo siempre había soñado. Su final podía parecer trágico. Pero para mí había sido un privilegiado.

Porque hay conexiones que te llevan a lugares inesperados, Jägermeister te presenta esta historia.

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