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Las cosquillas parecen inútiles, pero también tienen explicación científica

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Las cosquillas son nuestra capacidad más extraña: pueden ser placer o tortura, y somos incapaces de producírnoslas a nosotros mismos. ¿Cuál es su origen?

Elena Rue Morgue

16 Enero 2017 15:45

Si tienes perro o gato es probable que esta escena te resulte familiar:

Exámenes finales. Tienes que estudiar, por lo tanto, estás buscando cualquier cosa con la que entretenerte para evitar tener el culo en la silla. El pobre animalillo que comparte la vida contigo es el objetivo perfecto. Se está echando la siesta, pero te la pela, esta vez eres tú el que le va a dar la brasa y para jugar un poco. Como pasa olímpicamente de tu cara intentas jugar sucio tratando de hacerle cosquillas. En la tripa, en el sobaco... le da igual, su respuesta es la más absoluta indiferencia. Es inmune al poder del cosquilleo.

Y en ese momento te vienen a la mente grandes preguntas filosóficas que te librarán un buen rato más de repasar tediosos apuntes: ¿Qué carajo son realmente las cosquillas? ¿Acaso solo los humanos las tenemos? Y, sobre todo, ¿cuál es su función?

Según el diccionario, las cosquillas son la "excitación o estimulación producida por el roce suave sobre algunas partes del cuerpo, que provoca sensaciones agradables o desagradables y, normalmente, risa involuntaria".

Y no, no somos los únicos que las tenemos. La mayoría de mamíferos, de los monos a las ratas, las tienen. Aunque sus reacciones son diferentes a las nuestras que nos puede costar identificarlas.

Pero, entonces, ¿tienen las cosquillas algún propósito a nivel biológico? A priori, parece que no, pero no es así

En 2004, el neurocientífico Robert Provine realizó un estudio para tratar de encontrar una explicación a las cosquillas.

A nivel psicológico, una de las posibles respuestas a por qué desarrollamos respuesta tan intensa a la sensación de cosquilleo fue protegernos de los parásitos y otras criaturillas desagradables. Este es probablemente el motivo por el que los niños se retuercen como acto reflejo cuando libran una batalla de cosquillas (podéis apuntaros este dato para justificar vuestros ataques de histeria relacionados con arañas y otros bichos).

Pero es una obviedad que las cosquillas han evolucionado más allá de ser un mecanismo de defensa. A diferencia de lo que sucede con el sexo y la masturbación, las cosquillas son algo que solo otros pueden a hacernos sentir. No podemos producirnos cosquillas a nosotros mismos y eso tiene un porqué.

Según Provine, cuando somos niños, las cosquillas son una forma de aprender a separar nuestro cuerpo del de los demás. "Este mecanismo puede ser el fundamento de la sensación de identidad y el primer paso en la evolución de una personalidad propia y la computación neurológica de sus límites", escribió.

El neurocientífico va más allá, diciendo que esta respuesta puede ser incluso más poderosa que la propia sexualidad. "Cosquillearse a uno mismo es una experiencia todavía más vacía que tener sexo con uno mismo: puedes masturbarte hasta tener un orgasmo, pero no puedes hacerte cosquillas a ti mismo".

En este sentido, las cosquillas tienen una doble función : hacer que te identifiques a ti mismo como individuo, pero también como individuo con una necesidad de interacción social.

"La risa", dice Provine, "nos revela como mamíferos sociales, despojándonos de nuestra capa de la cultura y el lenguaje y desafiando la hipótesis de que somos criaturas racionales en pleno control de nuestro comportamiento".

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