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Historias

Jesucristo ha vuelto a la tierra, se llama Aless y da superconsejitos

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¿Es humanamente posible no venirse nunca abajo? Hablamos con Aless Gibaja para descubrirlo

María Yuste

26 Abril 2016 11:28

Es que no somos conscientes de que la vida se va... Que se va y no vuelve....

Aless Gibaja me sorprende poniéndose metafísico en un tono serio y afectado, alejado de los vídeos que lo han hecho famoso en Instagram.

– Aunque luego algunos me digan que hay 8 ó 9. ¡NO! Solo hay una vida y se va muy rápido.

Es un día lluvioso y gris en Barcelona pero Aless come “Cheesecake” en mini shorts y botas de agua para que, cuando la vida se le vaya, pueda afirmar que, ni siquiera el mal tiempo, le impidió ser quien quiso ser en todo momento.


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Gibaja (que te enseña a pronunciar su apellido tomando como referente los sonidos onomatopéyicos de la risa) es uno de esos famosos horneados en internet cuya profesión es difícil de definir.

Para algunos es un gurú del carpe diem y el buen rollo, otros lo catalogan de humorista y, para un puñado de trolls y gente demasiado seria, está considerado un friki de la vida... En realidad, Aless no es más que un ser humano. Un licenciado en comunicación y marketing del que podría decirse que él mismo es su propio producto.

Todo empezó de forma accidental, a finales de los años dos mil, del mismo modo que cualquier otro adolescente que se abre una cuenta en redes para estar en contacto con sus amigos.



"Tenía 17 años, estaba terminando el instituto y era la persona que más visitas tenía en Tuenti. Un día, un grupo de personas llegó buscándome porque decían que, en su colegio, era "superfamoso" y, a partir de ahí, empezó a venir gente que quería hacerse fotos conmigo".

Desde fuera, suena surrealista. Sobre todo, teniendo en cuenta que, por aquel entonces, Aless ni siquiera había empezado a regalar sus "superconsejitos" ni a saludar a la cámara con su característico “hola, bebés”. Con ser él mismo, un chico que vestía de forma extravagante y con ropa considerada tradicionalmente de mujer, había tenido suficiente para levantar tal revuelo en pleno centro de Madrid.

“Cuando todo empezó, pensaba que era 'supercool' que la gente viniera a pedirme fotos, sin embargo, luego me di cuenta de que ser famoso conlleva una gran responsabilidad. Tienes que ofrecerle al mundo algo que los demás no den”.

“¿Y qué ofreces tú?”

Paz, amor y buena vibra”.

Para predicar su palabra, acaba de lanzarse al mundo editorial con Manual para ser feliz around the world (Cross Books, Planeta), un libro de autoyuda para niños que sufren bullying o tienen problemas de autoestima y depresión por sentirse diferentes

Gracias a su espíritu maternal, a la vez que aniñado, Aless se ha convertido en un ídolo de masas preadolescentes. Me enseña su móvil enfundado en un cupcake de plástico rosa y atestiguo que tiene 800 mensajes de Whatsapp sin leer. Cada minuto le entra alguno nuevo.

“Son de niños que consiguen mi número y me escriben”.

Confían en él para contarle sus problemas y casos de acoso escolar. Probablemente, si Jesucristo naciera hoy también tendría el móvil petado de mensajes a los que no daría abasto para contestar.




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De hecho, su filosofía es muy parecida a la que tendría un mesías hippie que se hubiera unido a una comuna en los años sesenta y hubiera descubierto el LSD: poner la otra mejilla, valorar lo inmaterial por encima de lo material, hacer el amor y no la guerra...

Aunque, a priori sus superconsejitos puedan sonar a cliché, no hace falta pasar mucho rato con él para darse cuenta de que Gibaja es realmente un soñador que cree en la posibilidad de cambiar el mundo solo con amor. Todo ello a pesar de que no todo en su vida es Dior y purpurina...

El bullying que recibe por su forma de ser crece de forma proporcional a su popularidad.

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“A mí me han hecho más bullying virtual que en persona. Es más, en persona 'superrara' vez me dicen algo pero, sobre todo, nunca dejo que me afecte. No puedo tomarme a pecho los insultos que me dedican por hacer algo que no daña a nadie".

En las distancias cortas, fuera de la exageración y exaltación propia de las redes, uno puede comprobar que Aless es la persona enérgica y positiva que aparenta. Sin embargo, una pregunta sigue en el aire: ¿de verdad es humanamente posible no venirse nunca abajo?

"¿Qué haces cuando te sientes deprimido?"

"Leo los mensajes de los bebés, me pongo mis canciones favoritas a tope, grito, salto, bailo y no paro... Lo mejor es salir a la calle, no encerrarte nunca y hacer siempre algo que te guste".

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Básicamente, su método consiste en ignorar cualquier sentimiento que se salga del cánon de la felicidad y la alegría. Así que, cuando le vemos saltando y bailando en sus vídeos sin ningún motivo aparente, ¿se trata siempre de un acto espontáneo de euforia o también de uno con el que intenta espantar la rabia y tristeza?

"Si piensas en lo bueno, se te olvida lo malo. Cuando camuflas lo bueno con lo malo, lo malo ya no está. Yo creo que la balanza de lo bueno siempre gana a lo malo".

Hasta ese momento, nunca me lo había planteado pero, ¿podría ser el optimismo exacerbado de Aless Gibaja la consecuencia de un esfuerzo sobrehumano para espantar el dolor?

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Sea como sea, lo que está claro es que el secreto del éxito de sus vídeos reside en que funcionan a dos niveles: para muchos, Aless es un auténtico faro en la noche y, para otros tiene el mismo efecto que un Orfidal o una cerveza de más.

Porque, aunque la mayoría nos hayamos llevado demasiadas decepciones como para seguir creyendo en eso del que la sigue siempre la consigue, hay algo reconfortante en observar cómo otra persona cree en ello tan fervientemente.

Sumergirte en el mundo multicolor e hiperactivo de Aless Gibaja; ver sus vídeos, escuchar sus superconsejitos es, en definitiva, como llamar a tu madre solo para escuchar que todo va a salir bien aunque sepas que, en realidad, todo es un desastre.



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