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Historias

“Mis amigos me admiran por vivir en África, pero a mí me sigue preocupando mi acné”

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María Ferreira acaba de publicar un libro que es un antídoto contra el tópico del buen samaritano que se va a África

María Yuste

07 Abril 2016 21:04

Cuando era adolescente y tenía un mal día, María Ferreira veía Memorias de África. El entorno que retrataba la película le parecía el summum de la belleza y pensaba que todos los dramas que sufría la protagonista no eran, en realidad, tan dolorosos solo por estar allí.

Sin embargo, todo cambió cuando, a los 20 años, ella misma llegó a Kenia. De repente, en vez de sentirse extasiada por la pureza de la naturaleza, se sintió estafada por todo el cine y la literatura que le había vendido una versión romantizada de África.

¿Dónde estaban los negritos que sonreían en los documentales a pesar de tener el vientre hinchado? ¿Por qué todo se parecía más al set de rodaje de The Walking Dead que al de Memorias de África?



Makuyu, el lugar en el que María aterrizó para trabajar en un pequeño psiquiátrico destartalado, no era un lugar bucólico sino un pueblo de putas y drogadictos. Una aldea con un lago lleno de vómitos y orines donde flotaban los condones y sobrevivían, a duras penas, algunos anfibios.

Así que no le quedó más remedio que ponerse a escribir Tierra de brujas (Viajes al pasado, 2016). Un libro sobre darse de bruces contra la edad adulta en un poblado en el que las enfermedades mentales aún son cosa de maldiciones y espíritus. Un libro que ha acabado convirtiéndose en el antídoto perfecto contra el tópico del buen samaritano asociado al blanco que se va a África.


1. La gran estafa

Escrito sin un atisbo de paternalismo, María nunca presume de sus cicatrices en sus páginas. Ni siquiera de forma velada. Precisamente, porque, cuando llegó a Kenia, lo primero que descubrió es que se trataba solo de un pedacito más del mundo y que ella seguía siendo exactamente la misma, con todas sus cosas malas.

Aunque algo sí había cambiado: cómo la veían desde España. De pronto había gente que le escribía para decirle que la admiraba solo por estar viviendo allí. “Se supone que solo por eso ya eres buena persona y no es así. Una de mis máximas preocupaciones sigue siendo que me salga acné ”, confiesa Ferreira vía Skype desde Nairobi.

Resulta irónico pero, cuando se mudó al denominado tercer mundo, la psicóloga y escritora arrastró con ella un desorden alimenticio que hizo que, hasta los más necesitados, repararan en su delgadez.


#holyweek in #Kenya

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el


“Es un ejemplo de que estar aquí no soluciona de pronto todos tus problemas. Si tienes problemas de alimentación en España, los sigues teniendo en Kenia. Yo incluso estaba peor porque empecé a tener una razón para no malgastar la comida. Estaba jodida porque se trataba exactamente del mismo argumento que mi madre me daba de pequeña para que me acabara la cena. Y ahora la tenía delante de mis narices”.

María se refiere a esa frase, aparentemente inocente, con la que a todos nos han obligado a comer en alguna ocasión en nuestra infancia: “Cómetelo todo porque los niños en África se mueren de hambre”.


Those smiles ????

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el


Así, poco a poco, fue dándose cuenta de la visión perversa que se tiene en occidente del continente africano.

Según Ferreira, en muchos países africanos, la pobreza se ha convertido en un producto que vende mucho porque, en el momento en que asociamos “pobreza” a “bondad” nos tienen en el bote para hacer de ella un negocio.

“En Kenia, por ejemplo, se destinan millones de dólares a la ayuda humanitaria pero hay, constantemente, escándalos por corrupción, por dinero que no llega a su destino o que es utilizado con otros fines. Esta es la razón por la que, aunque se sepa que, si realmente se quiere ayudar, se debe dar una caña y no un pez, nunca se hace así”.


Discussing the unacceptable Security Risks that leave thousands without health care in Mandera.

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el



2. Bebés en la nevera y niños borrachos

En un momento dado de Tierra de brujas, María afirma que, en la parte trasera de su coche, han muerto más hombres de los que la han amado.

La muerte es una de las grandes protagonistas de su historia. En este caso, su visión sobre la misma sí ha cambiado tras su paso por Kenia.

“En España no vemos tanto la muerte y, si la vemos, es antiséptica. Se trata todo con mucho miedo y un respeto extremo”.


Love heals ?

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el


Una de las primeras pacientes a las que tuvo que atender Ferreira fue a un bebé malnutrido por los pechos secos de sus madre que murió en sus brazos.

Después de aquella dura jornada de trabajo fue a la sala de descanso a tomarse una cerveza y se encontró el cadáver en la nevera, junto a las latas.

“Yo era una chica que venía de un mundo en el que los bebés no mueren y, si mueren, es una tragedia en la que hay un funeral con flores y gente llorando. Sin embargo, allí ni flores ni gente llorando. Cervezas. Fue muy duro pero, a la vez, fascinante porque me rompió los esquemas por completo”.


Subax wanaagsan, #Somalia ????

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el



El bebé tenía que estar en la nevera porque era el sitio donde podía conservarse pero eso no quitaba que las cervezas también pudieran estar allí. María no tuvo otra opción que desmitificar la muerte, algo que encontró increíblemente reconfortante.

Porque, tal vez, una de las mayores enseñanzas que se desprende de su libro es que más dura que la muerte resulta la vida.

Las bebidas alcohólicas de mala calidad que van matando poco a poco a muchos de los habitantes de Kenia son la prueba. Es el caso de la changa'a, una bebida destilada que, a menudo, se adultera con sustancias como combustible de avión o líquido de baterías y a la que se enganchan hasta niños de 10 años.

That happiness ????????????

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el



“Es algo que pasa en zonas realmente empobrecidas. Son niños que, o son huérfanos o viven en la calle y no tienen ningún tipo de control. Pero tampoco quiero dar una imagen de que Kenia sea solo esto. Kenia también es un millón de cosas más entre las que hay muchas buenas”.

– ¿Por eso, a pesar de todo, te quedaste?

– Creo que me he quedado para aprender. Porque, para ayudar, tienes que saber.

– Entonces, ¿no pierdes la esperanza de poder ayudar?

– Para nada. A veces la ayuda consiste en estar ahí mientras un paciente se muere para que no lo haga solo. Sé que eso no vende, que no puedo hacerme una foto para Facebook pero la ayuda no tiene por qué poder contarse.


FRIDAY ????????????

Una foto publicada por María (@emeferreira0) el




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