Historias

Ser virgen después de los 24 no es como te imaginas

Cuatro voces se rebelan contra el estigma de la virginidad en la vida adulta

Carlos tiene 40 años y es virgen. Es consciente de que dobla la edad media a la que los españoles pierden la virginidad (entre los 16 y los 18 años). No obstante, Carlos dice que hace tiempo que el tema dejó de obsesionarle. No cree en Dios, tampoco se considera particularmente feo o guapo; "del montón", dice. Ha tenido encuentros con chicas. No muchas. Las ha besado y ha llegado a tener sexo oral con alguna, pero el momento de la relación sexual completa no ha llegado a producirse.

A Carlos lo conozco a través de un tuit en donde expreso mi interés por conocer a gente mayor de 24 años que siga siendo virgen —esa curiosa palabra que describe a quienes no han experimentado la penetración, con independencia de todas las demás prácticas sexuales en las que hayan participado…—. Mi propósito es contactar con gente virgen porque quiero conocer su verdad más allá del estereotipo del devoto religioso o del informático freak. Intuyo que existen y que no son como habitualmente los imaginamos.

Clara, Diana y Javier son algunos de los testimonios con los que hablamos para descubrir cómo se relacionan con su sexualidad.

Clara, 28 

«Soy lesbiana. Tengo pareja estable pero mi himen está intacto. La verdad es que me gusta el sexo que tengo con mi pareja y no siento la necesidad de tener penetraciones, aunque sí percibo el estigma de la sociedad.

»Hace poco fui al ginecólogo por primera vez y me mandó a la matrona para que me hiciera un exudado. Me tenía que tomar unas muestras y para ello debía introducirme un bastoncillo gigante por la vagina. Le avisé de que era virgen pero no me tomó en serio. Sentí el dolor más atroz que he sentido en mi vida.

Soy lesbiana y no quiero ser madre. La virginidad no es algo que me importe

»Antes de ese episodio tenía remordimientos. Me sentía un bicho raro por no querer experimentar una penetración. Como si todo el mundo conociera un secreto en un idioma que yo no podía entender.

»Puede que igual tenga un problema y no sea normal no querer tener penetraciones, pero me da igual. Soy lesbiana y no quiero ser madre. Me lo puedo permitir».

Diana, perdió la virginidad a los 31

«Soy una chica normal y siempre he atraído al sexo masculino, pero tenía 31 años y mi experiencia sexual se resumía a cuatro besos.

»A los 16 ya había chicos que se interesaban, por mí pero yo me veía aún niña para involucrarme con ellos más allá de una amistad. Además, mi grupo de amigas era bastante retrógrado respecto a ese tema.

Yo tenía un miedo inculcado por mi madre. Ella solía decirme siempre tenía las de perder frente a un chico

»Luego tuve algunas malas experiencias que me hicieron perder la confianza en los hombres y en las relaciones amorosas. Tenía miedo a que me hicieran daño. Era un miedo en parte inculcado por mi madre, que solía decir que una chica siempre tiene todas las de perder frente a un chico.

»Hace ahora unos meses perdí la virginidad con un hombre de mi edad al que conocí a través de una página de contactos. Fue un chico con el que conecté desde el primer momento y, tras haber estado hablando un par de meses, quedamos. Después seguimos quedando un mes más y, entonces, en la sexta cita tuve el valor de desnudarme por primera vez delante de un chico y tener sexo.

»Más allá de una experiencia sexual, para mí, en parte, fue una lección de seguridad sobre mi propio cuerpo».

Javier, 31

«Yo no sigo siendo virgen porque nadie haya querido acostarse conmigo.

»Hasta los 20 no tuve mi primer flechazo. No es que fuera asexual, pero hasta ese momento no había conocido a nadie que me despertase ganas de tener sexo. Aquella chica me correspondía pero nuestros encuentros físicos fueron escasos. Éramos como dos adolescentes aprendiendo a pasear de la mano y besarse, aunque, si hubiéramos durado un poco más, probablemente ahora mismo no estaría contando esto.

Me obsesioné con tener pareja por una especie de obligación sociocultural. Luego dejé de darle impotancia

»Después de aquello me obsesioné durante mucho tiempo con tener pareja. Al principio para llenar el vacío que había dejado aquella chica, pero luego por una especie de obligación sociocultural.

»Pasaron los años.

»Rechacé y fui rechazado.

»Finalmente, dejé de darle importancia.

»Hoy tengo un grupo de amigos y amigas numeroso con el que salgo todos los fines de semana. Nunca me he planteado salir a ligar. No es que desapruebe las relaciones sexuales fuera de una relación sentimental, pero salir a buscar gente receptiva con la que copular no me interesa. Sé que me estoy perdiendo uno de los placeres de la vida, pero hay más cosas».

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