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Historias

En el siglo XXI todavía quedan exploradores intrépidos

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La Unknown Fields Division viaja a las fronteras desconocidas del mundo para averiguar cómo será el planeta del futuro

Natxo Medina

29 Enero 2015 13:34

El 14 de diciembre de 1911, Roald Amundsen plantó su pica en el Polo Sur. Con ese gesto, cerraba la última gran época de los exploradores, los años en los que Shackleton, Cook o Scott emprendieron misiones extremas en las latitudes polares para alcanzar la gloria, dejándose la cordura o incluso la vida por el camino. Sus gestas en el hielo han quedado para siempre grabadas en nuestro imaginario a través de poderosas fotos en blanco y negro.

Un siglo después, en plena era digital y a todo color, pensamos que aquello fue el fin. Que no queda ningún rincón de la Tierra por descubrir gracias a nuestros satélites y drones y sondas y nuestro empeño por asentarnos en los lugares más hostiles. Pero lo cierto es que en nuestro mundo todavía quedan regiones por descubrir y nuevos paisajes con los que fascinarse. Sean reales, imaginarios o digitales. Estén en nuestro presente o en nuestro futuro. Y la Unknown Fields Division quiere conocerlos todos.

Entre el documental, el arte, el urbanismo y la narrativa de ciencia-ficción, este “estudio de diseño nómada” tiene una misión: viajar a los lugares más remotos del planeta para imaginar desde allí los universos posibles que nos depara el futuro. Así, estudian e investigan paisajes recónditos en busca de respuestas sobre cómo será nuestra vida y nuestro planeta dentro de unos años. Y las encuentran.

La división está liderada por los británicos Liam Young y Kate Davies, quienes, por encima de todas sus actividades, se declaran "futuristas": personas cuya principal dedicación es imaginar el mundo que vendrá, o perseguirlo allá donde ya esté. Con ese objetivo en mente, sus expediciones han recorrido los campos de petróleo en la Amazonia ecuatoriana, las Islas Galápagos, los límites del Océano Ártico, las regiones industriales de China las minas de zafiros en Madagascar, el Area 51 o la zona prohibida de Chernobyl.

A todos esos lugares viajan acompañados de artistas, programadores, fotógrafos o cineastas. Desde allí, la División crea obras que nos enfrentan a una realidad invisible. En sus manos, conceptos como tiempo o espacio se vuelven fluidos, se convierten en un torrente de datos y belleza extraña. Realidad y ficción, ciencia y especulación se mezclan. Su trabajo es también en un arma política que rompe con los relatos establecidos y fuerza los límites de los poderes que moldean el planeta.

¿Su siguiente objetivo? Las minas de litio de Bolivia y el inmenso desierto de Atacama, lugar en el que se encuentran y desde el que nos han ofrecido algunas pistas para entender mejor sus actividades, y nuestro mundo:

Sobre el espacio-tiempo

"Hay una cita muy famosa de William Gibson, el autor de Neuromante, la novela donde la palabra "ciberespacio" apareció por primera vez. Dice: 'El futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido de forma equitativa'. Si esa cita es cierta, debe ser posible viajar por el mundo, encontrarse esos reductos del futuro, habitarlos y enviar noticias desde allí. Eso es lo que intentamos hacer en Unknown Fields, buscar las señales y tendencias emergentes que pronto moldearán nuestro hábitat. Por ejemplo, en Londres el cambio climático puede ser algo que nos pasará a nosotros o nuestros hijos en algún momento dentro de 20 o 50 años. Pero si vas a las regiones perdidas de Alaska, encontrarás comunidades que ya se están teniendo que adaptar en respuesta al clima cambiante. Vemos cómo sus patrones de caza de ballenas se ven amenazados, o pueblos enteros cayendo al mar debido a la erosión. A través de nuestras expediciones es posible experimentar el futuro en lugar de lidiar con él en abstracto".

Sobre la naturaleza

"Hemos viajado por toda la Tierra, a los rincones más alejados, y nunca hemos encontrado un vacío total. Incluso en los rincones más remotos encontramos gente dejando la huella de una existencia más o menos corriente. La selva amazónica ha sido modificada por la ocupación humana durante miles de años y se entiende mejor como un jardín que como un bosque sin domesticar. Al límite de la placa polar ártica, a 40º bajo cero, hay un restaurante mexicano, y en Australia hay una mina de oro tan grande que genera su propio clima. El término naturaleza ya no es suficiente para describir este tipo de paisajes. Necesitamos una nueva palabra que no esté contaminada por esas ideas de "lo puro" o "lo intocable". Tenemos que cambiar nuestras ideas sobre la industria como opuesto a lo natural, e imaginar un contínuo que empezó hace miles de años. Gran parte de lo que hacemos es contar historias sobre estas nuevas "naturalezas", de manera que el público conecte con ellas".

Sobre nuestras ciudades

"Para entender la ciudad contemporánea, tienes que considerar no sólo el lugar que ocupa la ciudad, sino también las sombras que arroja sobre otros lugares del mundo. Los paisajes que la ciudad moldea a causa de su necesidad de recursos y energía, los lugares donde se manufacturan los objetos que la componen, etc. Nosotros tratamos de remapear la ciudad y sus conexiones complejas, y quizás la tecnología pueda ayudar a manejar estos datos a una escala planetaria, que es la escala de las cadenas de producción actuales. Creemos que ese es el verdadero potencial de la "smart city". A ese respecto, las ciudades nunca fueron libres o caóticas, simplemente son percibidas así porque los mecanismos de control son extremadamente complejos e invisibles. La ciudad siempre ha estado controlada de una manera u otra, así que lo único que podemos esperar es que la tecnología nos ayude a manejarla mejor".

Sobre nuestro futuro compartido

"El futuro no desaparece como quien limpia una mancha, es algo que debemos moldear y definir activamente entre todos. Nosotros realizamos un trabajo que habla sobre el futuro pero realmente lo que nos interesa es conectar activamente con nuestro presente y contar historias que equipen al público con el conocimiento para tomar mejores decisiones sobre los futuros que quieren habitar. En tiempos de complejidad radical como el nuestro, el futuro tiene que volver a ser nuestro gran proyecto común".


El futuro ya está aquí, pero hay que salir ahí fuera para enfrentarlo



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