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Historias

La última fiesta: la inquietante moda de los funerales con el muerto "vivo"

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Una mujer de Nueva Orleans protagoniza el último ejemplo de "funeral fiesta"

Jordi Berrocal

25 Junio 2014 17:49

La pasada semana, una imagen de Miriam Burbank dio la vuelta al mundo. En la fotografía, esta mujer de 53 años de Nueva Orleans aparecía sentada en lo que parecía ser el salón de su casa. Tenía un cigarrillo mentolado en una mano y una copa de cerveza en la otra. Sobre la mesa, dos cascos de los New Orleans Saints en miniatura, una lata de Busch y un cenicero. Una escena cotidiana sin nada excepcional, sino fuera porque Burbank estaba muerta y eso no era el salón de su casa, sino la iglesia donde se celebraba su funeral.

La idea había sido de sus hijas. Cuando la funeraria Charbonnet-Labat les preguntó cómo les gustaría que fuese el velatorio, dijeron que querían algo distinto, que mostrase a su madre “llena de vida”. Por eso decidieron representarla tal y como pasaba la mayor parte de sus días.

Bastones, cigarros, champán

El de Burbank no es el primer funeral de este estilo que organiza Charbonnet-Labat. En 2012, el líder de la banda de marcha Treme Brass Band, Lionel Batiste, fue velado de pie, con las manos en su bastón y su amado sombrero bombín. El pasado mes de abril, una conocida filántropa llamada Mickey Easterling, célebre por su animada vida social, fue despedida vestida de fiesta, con un cigarrillo en una mano y una copa de champagne en la otra. Louis Charbonnet, director de la funeraria, ha dicho al NY Times que la inspiración para este tipo de funerales viene del caso de Willie Stokes Jr., un corredor de apuestas de Chicago que, en 1984, fue enterrado al volante de un ataúd que imitaba un Cadillac Seville.

El fenómeno de los “funerales fiesta” apareció en Puerto Rico en 2008, cuando la familia de Angel Luis Pantojas, un joven de 24 años que murió asesinado, celebró su funeral en su sala de estar, con su cuerpo atado a la pared. El evento se conoció como "muerto parao" y causó sensación. Dos años después, un hombre fue velado vestido como el Che Guevara, puro incluido; otro, un paramédico, sentado detrás del volante de su ambulancia. Este mismo año, el cuerpo de un boxeador fue mostrado en un ring de combate y el de una anciana en su mecedora. Todos ellos han sido organizados por la funeraria Marín, situada en San Juan.

Elsie Rodríguez, vicepresidente de la funeraria, ha explicado al NY Times que este tipo de eventos se han convertido en un “boom” en Puerto Rico. “La gente ha pedido todos los tipos de funerales que puedas imaginar. Hasta la fecha solo hemos hecho seis, porque la gente que los ha pedido todavía no han muerto”. Ante las posibles acusaciones de frivolización, Rodríguez también aclara que “esto no es evento divertido; la familia está pasando por mucho dolor”. Para él, “las familias literalmente sufren menos porque ven a su ser querido de un modo que les hubiese hecho felices, les ven de un modo en el que todavía parecen vivos”.

Hasta la fecha, esta clase de servicios han sido escasos fuera de Puerto Rico, pero a raíz del caso de Miriam Burbank, funerarias como Charbonnet-Labat han visto cómo las peticiones se han multiplicado. Los críticos lo consideran inapropiado e, incluso, sacrílego, mientras que las funerarias que ofrecen el servicio defienden que únicamente cumplen con los deseos del muerto y la familia. Está por ver si estamos ante el nacimiento de una tendencia generalizada o de una extravagancia para casos muy puntuales. En todo caso, el debate entre está abierto: ¿fiesta o falta de respeto?

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