Historias

"Aspiré más mierda que la hostia": los trabajos más raros de la redacción de PG

Tragaperras, estafas, mascotas que mandan o espectáculos burlesque… Los redactores de PlayGround cuentan los trabajos más raros que han hecho en verano

En verano, el surrealismo y la explotación laboral llegan a su cénit, dejando un rastro de experiencias difíciles de olvidar. Los redactores de PlayGround atesoran un historial de curros que van de lo más mugriento e inesperado a lo más sensual.

"DOBLÉ CAMISETAS EN UN ANTIGUO PROSTÍBULO"

María Yuste, redactora de PlayGround y ex dobladora de camisetas

"Con 19 años fui dobladora de camisetas de grupos, de esas que luego se venden en la Fnac por un ojo de la cara. El taller estaba en un piso que antes era un prostíbulo por el que se decía que habían pasado personalidades eclesiásticas locales. Las paredes eran de color rosa y aún había espejos en el techo, así como una moqueta llena de mierda que estoy segura de que podía transmitir todo tipo de ETS. Cobraba unos 20 céntimos por camiseta doblada y empaquetada. Aún así, es uno de los mejores trabajos que he tenido. No era exigente, no te obligaban a fingir que aquel trabajo no era una mierda absoluta que sólo hacías por necesidad, y te dejaba la cabeza libre para tus cosas mientras tu cuerpo se movía solo. Podías hablar con los compañeros, escuchar música o aprender italiano por fascículos si querías. Me pagaban en negro y me podía organizar las horas como quisiera".

"ASPIRÉ MÁS MIERDA QUE LA HOSTIA"

Ignacio Pato, redactor de PlayGround y ex limpiador de conductos de aire acondicionado

"Limpiador de conductos de aires acondicionados en oficinas de madrugada con Mustafá, un riojano nacido en Marruecos. Aparte de aspirar más mierda que la hostia, paseándote por oficinas desiertas de marcas top de parque empresarial puedes jugar a la sociología barata tratando de adivinar qué tipo de empleado/a trabaja en cada mesa. Y tengo que decir que todas las mesas estaban adornadas de subidón de éxtasis. Miniositos de peluche enganchados a los laterales del ordenador. De ese palo".

"NO SÉ CÓMO ACABÉ EN UNA ESTAFA DE COMERCIALES"

Antonio J. Rodríguez, editor de PlayGround y ex agente comercial fraudulento

"Con 18 años me puse a buscar trabajo y no sé cómo acabé en una estafa de comerciales. Para que aprendiese el oficio me obligaron a acompañar a una tipa que al parecer era la máxima vendedora de la zona. Íbamos de casa en casa tratando de endiñar paquetes telefónicos y mierdas así a ancianos y toda clase de gente solitaria y sin recursos, una cosa despreciable, repugnante y absolutamente inmoral. El asunto consistía en exprimir pensionistas y sacarles hasta el último céntimo. A mitad del cursillo, la tipa se puso a llamar por teléfono a su novio: “Hey, he estado mirando vacaciones y no sé si Cancún o Cuba”. Estuve un rato larguísimo chupándome esa conversación y casi me quejé a sus jefes; me fastidiaba ella y me fastidiaba que quemase las horas de la formación en aquellas llamadas (hay que ser inocente para reivindicar moralidad en un empleo como ese…). Con el tiempo vi que aquella llamada solo era un teatrillo para hacernos ver que en aquel trabajo se ganaba lo suficiente como para pegarte las vacaciones que te diera la gana. La formación incluía unos cursos de motivación y coaching aterradores. Era una mezcla de secta y vendedores de crecepelo. Al cabo de 5 horas, lo dejé".

"BUSCABA NOTICIAS DE LADRONES DE FRUTA Y COBRE"

Silvia Laboreo, redactora de PlayGround y ex buscadora de noticias de ladrones de fruta y cobre

"Durante un mes de agosto fui presentadora de radio y técnico en una pequeña radio local de pueblo. Cada día me trasladaba a la emisora, buscaba noticias de ladrones de fruta y cobre (sí, esas eran las hard news allí), entrevistaba a reinas de pueblo, contactaba con los niños que estaban de campamentos y hacía reportajes sobre rutas de senderismo por la comarca. Cuando llegaba la hora del boletín ya era la hostia, no había técnico y te tenías que meter tú los pitos, las ráfagas y los cortes de audio a la vez que locutabas en directo. El follón era máximo: me inventaba nombres, me trababa y metía ráfagas aleatoriamente a mitad del informativo. ¿Lo bueno? No me escuchaba ni Dios".

"LLEVÉ LA CAMA CON CLAVOS DE UNA TÍA QUE ERA FAQUIR"

Elena Rue Morgue, redactora de PlayGround y ex asistente de espectáculos de burlesque

"Una noche trabajé en el Taboo, un espectáculo de burlesque en el teatro Apolo al que traen a artistas buenísimas de UK, Las Vegas... Como en un show de este tipo no luce demasiado poner a un señor enseñando escote de albañil haciendo los cambios de escenario, se habían inventado el papel de la vecinita, que consiste en hacer el mismo trabajo pero muy bien peinada, con pestañas postizas, taconazos y ligueros de los 50. Como la vecinita original se había roto una pierna me cogieron para sustituirla, así que ahí andaba yo recogiendo ropa con plumas y lentejuelas llevando de un lado a otro la cama con clavos de una tía que era faquir. Iba muy torpe intentando no matarme por las escaleras con todos los trastos y la lié parda un par de veces con los ventiladores y algún foco, pero no incendié nada. Cuando terminó el espectáculo me llamó la presentadora para que saliera a despedirme, entonces vi la cantidad de gente que me había visto y me morí de vergüenza. En las fotos se me ve intentando huir del escenario muy patéticamente".

"SENTÍ QUE ESTAFABA A LA CIA, AL FMI Y A GEORGE BUSH JUNTOS"

Angie Varela, community manager de PlayGround y ex monitora de esquí

"Con 21 años me anoté a un Work&Travel para trabajar una temporada en EEUU con una amiga (quería sumergirme a fondo en "el imperio yankee"). Estaba entre un McDonald's en Hawái o instructora de esquí para niños en New Hampshire. Elegí la nieve, todavía no tengo ni puta idea del por qué ya que mi único encuentro con la nieve fue en un viaje del colegio, con una leve inclinación de 10 metros, resaca y aún así, cayéndome en todo momento. Entrevista, avión, golpe, caída, morados, llanto (MUCHO llanto), risas, llanto de nuevo... Y así 2 semanas. ¿Cómo terminó? Aprendí a esquiar, tenía niños que peleaban por ir con mi grupito por la montaña y recibí propinas de los padres porque sus hijos no lloraban. Sin duda, una de las cosas más aterradores y brillantes que hice en mi vida. Sentí que estaba estafando a la CIA, al FMI y a George Bush, todos juntos".

"MIS JUGADORES PONÍAN REGGAETÓN PARA CONCENTRARSE"

Juan Carlos Saloz, redactor de PlayGround y ex entrenador de fútbol

"Durante varios años fui entrenador de fútbol. Estuve en un equipo de Sant Vicenç dels Horts (el pueblo de Oriol Junqueras) llevando al Juvenil A cuando tenía solo 19 años. Ellos tenían de 16 a 18 y muchos eran de entornos humildes. Al principio me costó bastante hacerme con el equipo. Ponían reggaetón a todo trapo en el vestuario "para concentrarse", alguna vez quedaron con jugadores de equipos rivales antes de los partidos para ir calentando el ambiente (una vez hasta vino la policía preguntando por uno) y venían a los partidos de resaca o con algún porrillo de más en el cuerpo. Aunque me da la sensación de que esto les hacía un efecto de dopping por el que acababan jugando mejor de lo habitual. Fueron meses muy complicados en los que temía acabar acuchillado por dejar a alguien en el banquillo, pero ahora son todos muy colegas".

"LE HABLABA EN INGLÉS A UN PERRO COMO SI ME FUERA A ENTENDER MEJOR"

Astrid Otal, redactora de PlayGround y ex au pair

"Durante un año, en Inglaterra, pasas muchas penurias económicas. Y si la familia con la que convives te dice que tienes que quedarte a cuidar de su perro mientras ellos marchan de felices vacaciones, lo haces. Lo haces aunque vayas a estar sola en una casa de dos plantas de un pueblo de 40 habitantes al lado de un bosque. Así que pasé dos semanas viviendo por y para un perro un pelín caprichoso. Le daba la mitad de mi comida porque al perro no le gustaba la suya. Conducía porque, el señor, prefería pasear por un parque que estaba a veinte minutos en vez del bosque que teníamos al ladico. Le bañaba y le perseguía por toda la casa cuando me tocaba secarlo. Pero qué voy a decir, acabé queriendo a ese perro al que, por alguna razón extraña, le hablaba en inglés como si me fuera a entender mejor.

"SI AVERIGUABA CÓMO IBAN LAS TRAGAPERRAS, VIVIRÍA SIN TRABAJAR"

Alba Muñoz, redactora de PlayGround y ex operaria en una cadena de montaje de máquinas tragaperras

"Con 17 años trabajé en la cadena de montaje los chips que hacen funcionar las máquinas tragaperras. Lo primero que pensé es que iba a averiguar cómo funcionaban para forrarme en cuanto finalizara mi contrato. Según mis cálculos (basados en nada), con 50 euros en monedas podría vivir tres años sin trabajar. Al principio me pusieron a montar las piezas que después se encajaban en las enormes placa verdes: resistencias, baterías, regletas. Me fijé en que esa era la sección más aburrida, y que sólo la ocupaban señores metidos en cubículos. Estaban todos un poco cohibidos. Más tarde comprendí por qué: la cadena de montaje funcionaba como un matriarcado, ese era el verdadero núcleo de poder de aquella nave industrial. Una decena de mujeres capitaneadas por Paqui, una pelirroja de armas tomar, movían sus dedos como pianistas japonesas, colocando componentes electrónicos en agujeritos minúsculos. Después, la placa pasaba por una piscina de estaño que parecía un jacuzzi de mercurio. Paqui me adoptó y me sentó en la cadena de montaje. Fue buena conmigo, y creo que lo hice genial. Al pobre jefe, Jordi, que era un señor gordito, bajito y con gafas, Paqui lo cogía por el cuello y no le pasaba los nudillos por la calva porque mira. Creo que Jordi temía asomarse a la piscina de estaño. No descubrí como funcionaban los chips, pero ahora tecleo bastante rápido".

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