Historias

Giro radical en Sicilia: refugiados trabajan la tierra confiscada a Cosa Nostra

Procedentes de Gambia o Mali, ahora tienen una nueva vida gracias a los aceites, pastas y vinos que antes controlaba la mafia


Ni en sus peores pesadillas podía imaginarse la Cosa Nostra que parte de sus bienes serían usados para extender la solidaridad.

Es en el icónico pueblo de Corleone (la referencia a El Padrino se hace innecesaria por obvia) 11 refugiados de países como Gambia o Mali cultivan campos confiscados por el Estado a la mafia siciliana.

Además de comida, ropa y techo, estas personas, procedentes de centros de acogida de la isla, reciben un sueldo de 600 euros a través de fondos de la Unión Europea que gestiona el proyecto Drago. Trabajan unos campos de los que se extraen valiosos aceites, pasta, verduras y vino.

11 refugiados cultivan campos confiscados por el Estado a la mafia siciliana. Además de comida ropa y techo, reciben 600 euros

Fotografía de Valentino Bellini / The Guardian

Participan incluso en el procesado y envasado, que en una tierra como esta cuenta con una curiosa etiqueta legal: "pizzo free". Se trata de productos elaborados fuera de las garras del pizzo o dinero de protección que exige la mafia.

Entre viñedos, campos de trigo y olivos tradicionalmente controlados por la Cosa Nostra, no es poco. El giro ético es radical.

La tierra que trabajan personas en busca de una vida segura como Seydou, Salif o Zafir era hasta hace no mucho propiedad de la familia de Totò Riina, La Bestia. El capo dei capi de Cosa Nostra es hoy un anciano de 85 años que pena en la cárcel de Parma 13 cadenas perpetuas relacionadas con asesinatos como los de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino o el exalcalde de Palermo Salvo Lima.

El giro ético es radical. Hasta hace poco, esta tierra era propiedad de la familia del máximo jefe de Cosa Nostra, Totò Riina, que con 85 años cumple 13 cadenas perpetuas

"Se hizo extraño trabajar aquí al principio", ha reconocido el gambiano Badu a The Guardian. "Cuando supe que eran tierras de la mafia, no puedo negar que me preocupé. Conocía la mafia siciliana por las películas y me entró miedo de que nos matasen".

Badu y sus compañeros se han relajado, pero no han podido hacerlo del todo. A pesar de tener a los grandes jefes entre rejas a kilómetros de la isla, sus familias han llegado a invadir con sus ovejas los campos cultivados por los subsaharianos. Es su manera de marcar territorio.

Las familias de los capos invaden con sus ovejas los campos cultivados por los refugiados. Así marcan territorio

Fotografía de Valentino Bellini / The Guardian

El viraje sociopolítico es notable. La génesis de Cosa Nostra habla de una guardia armada de los grandes terratenientes de fincas del siglo XIX. Allá donde el Estado no llegaba para protegerles de las revueltas de los braceros, se hizo fuerte la mafia, que se erigió como un potente aliado anticomunista a lo largo del siglo XX.

Hoy refugiados como Badu muestran orgullosos botellas del vino que se elabora con las uvas que recogen. Lleva el nombre de Placido Rizzotto, el sindicalista secuestrado, asesinado y desmembrado por Cosa Nostra en 1948. En su etiqueta se lee que su origen está en "las tierras liberadas de la mafia".

En los productos que elaboran se leen etiquetas como "tierras liberadas de la mafia"

Unas fértiles tierras que ahora han vuelto a quienes más las necesitan. A quienes puede servir de base para una nueva vida.

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