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Historias

El trabajo de este hombre consiste en reírse de la muerte

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Alex Honnold sube cientos de metros en camisa y sin cuerda

Guiem Alba

18 Marzo 2015 06:00

Para alcanzar algunas metas no hay que ser muy valiente ni muy fuerte; simplemente, hay que estar un poco loco.

Alex Honnold es una de las pocas personas en el mundo suficientemente chaladas como para practicar free solo, un tipo de escalada en que se sustituyen los arneses, anclajes y cuerdas por pantalones cortos y un poco de talco. Sus manos gigantescas y callosas, sin huellas dactilares, son la única herramienta para escalar paredes verticales de más de 600 metros.

El riesgo de la escalada sin cuerda es tan intenso y constante que buena parte de los escaladores lo ven como una manera estúpida de jugarse la vida. Pero, para él, esa es la única manera de escalar.

La madre de Alex Honnold se convenció hace tiempo de que no vale la pena preocuparse por la vida de su hijo. Desde que Alex puede subirse a un sitio, lo hace: con cinco años pisó un gimnasio por primera vez y escaló los 12 metros del rocódromo antes de que su madre se diera cuenta.

Su madre cree que nació con una capacidad de concentración sobrenatural. "Alex sabía lo que quería: una cornisa en la pared, por ejemplo; pero no se acordaba de lo que había hecho ese verano", dice en un artículo a The New York Times.

Desde que era pequeño, solo ha dejado de escalar una vez: a los 20 años, cuando se golpeó la cabeza tras una caída. Mientras se recuperaba de las heridas, aprovechó para estudiar la historia de la escalada, y descubrió que las grandes hazañas de la escalada sin cuerda son cosa de muy pocas personas. Concretamente, de tres.

Así pues, en cuanto salió de la cama, Honnold superó, uno por uno, los logros de los tres grandes escaladores de free solo de la historia.

De esta manera, Honnold ha subido sin cuerda a las paredes de piedra más complicadas del mundo; como hizo con los 760 metros del Half-Dome, una cúpula gigantesca de granito.

La condición física es importante, pero el principal enemigo es psicológico. "Si tengo algún don en especial, es un don mental: la habilidad de mantener la calma donde los demás se desmoronarían", escribió en un artículo.

Ahora que ya no le quedan humanos a los que superar, el único reto es batir su propio tiempo. Lo consigue con un ascenso tranquilo y casi espiritual, midiendo cada movimiento, en situaciones donde la muerte depende de una mala cornisa o de un resbalón.

Precisamente por ese riesgo, algunos patrocinadores decidieron desvincularse de Honnold: no querían asociar la imagen de su marca a alguien que, con el más mínimo error, encontraría una muerte segura.

Pese a todo, cuando la marca Clif Bar le despidió, Honnold dijo: "Con patrocinadores o sin ellos, las montañas nos llaman. Debemos ir".



El ascenso espiritual del hombre que no conoce el miedo




[Vía The New York Times]








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