Historias

"Me he acostado con todas sus amigas, ¿por qué ella no para de rechazarme?"

Nunca antes tuve que esforzarme con una chica

Yo no ligo nunca, porque no me hace falta: cuando quiero algo, simplemente lo cojo y punto. Así he funcionado siempre, y siempre me ha dado resultado... excepto ahora.

Son las cuatro de la mañana y, una vez más, estoy yendo a verla. Nunca pensé que tendría que esforzarme por una chica, pero está claro que me equivocaba.

Una vez más, pasará de mí, lo tengo claro, pero hoy no le voy a dar esa oportunidad.

Ese par de tetas esconde algo más allá de un buen físico

Se llama Samantha, o eso pone en la chapa que lleva en el uniforme, y trabaja en el turno de noche de la gasolinera de mi barrio.

La veo siempre a través de una ventanilla de metacrilato, le pido un producto y ella me lo pasa a través de una bandeja metálica. Luego, inexplicablemente, no parece interesada en tener mete-saca conmigo; así que me voy a casa.

He intentado acercarme a ella de la mejor manera posible: me he tirado a todas sus amigas. Se podría decir que habría completado la colección si ella no se resistiera a mí.

Le digo que hoy no quiero comprar nada, solo llevármela a casa para la mejor sesión de mete-saca

Siempre suelo hacer lo mismo: después de hacerlo con alguna de sus amigas, voy a la gasolinera de madrugada para ver si consigo hacérselo también a ella. Pero, por algún motivo, ella nunca parece dispuesta.

Esa es una de las cosas que me hacen pensar que ella no es una más. Lo que me mueve hacia la gasolinera es un impulso que no sabría describir: ese par de tetas esconde algo más allá de un buen físico. 

Hoy no voy a jugar al mismo juego, hoy volveré a mi filosofía original: si algo me gusta, lo cojo.

Ahí está la gasolinera.

En otra situación, yo simplemente habría destrozado la ventanilla de un puñetazo

Llego a la ventanilla, y le pregunto que cómo está. Igual de cortante que siempre, me dice que bien, gracias, pero que si quiero algo.

Le contesto que hoy no quiero comprar nada; que lo único que quiero es saber a qué hora termina para llevármela a casa y someterla a la mejor sesión de mete-saca que se pueda imaginar.

Y entonces se pone a temblar por algún motivo extraño, como a punto de sufrir un cortocircuito. Medio tartamuda, me dice que estoy equivocado, que ella es muy diferente a todas sus amigas y también muy diferente a mí.

En otra situación, yo simplemente habría destrozado la ventanilla de un puñetazo (cuando algo me gusta, lo cojo); pero le voy a conceder una explicación. Quiero resolver el misterio de una vez y saber por qué, durante tanto tiempo, se ha resistido a juntar sus fluidos con los míos.

—Explícame por qué somos tan diferentes.

—Yo no estoy hecha de piezas, sino de carne; no tengo circuitos, sino entrañas; yo funciono con sangre y no con carburante. ¡Tú eres un robot, pero yo aún tengo corazón!

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