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Historias

Los 12 tipos de vecinos más odiosos

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¿Cuales son los tuyos?

Franc Sayol

03 Octubre 2014 12:07

1. Los estudiantes

Vivir en un piso de estudiantes es una de las cosas más divertidas que te puede pasar. Pero esta percepción cambia de manera radical cuando te toca vivirlo desde la puerta de al lado. Los vecinos universitarios suelen venir con el pack completo: ruido constante, suciedad extrema y continuas visitas de extraños. Puedes hacerte el enrollado y justificarles con comentarios del tipo “nosotros éramos peores”. Pero el día que uno de ellos vomita en tu felpudo se te quitan las ganas de bromear de golpe.

2. Los tiquis-miquis

Hagas lo que hagas, se van a quejar. Suelen ser una pareja de mediana edad sin hijos, aunque pueden adquirir distintas formas: los solteros amargados, los padres de familia repelentes, los abuelos cebolletas... En todo caso, su objetivo siempre es el mismo: impedir que los demás se lo pasen bien. O tengan amigos. O escuchen música. O vean la tele. O vivan. Están siempre al acecho. Por mucho que vigiles el volumen, que avises a tus invitados de que hablen bajito o que procures quedarte inmóvil a partir de las diez de la noche, siempre encontrarán alguna excusa para golpear la pared. Son los mismos que escriben notitas en el ascensor y los únicos que hablan en el turno de preguntas de las reuniones de la comunidad.

3. Los papás

Hay quien puede llegar a creer que tener un hijo te concede inmunidad diplomática. Los vecinos con hijos pequeños son una de las peores cruces que te pueden caer encima. Y no porque los niños sean semi-salvajes y se pasen el día pateando paredes. Ni siquiera porque lloren cono energúmenos de madrugada. No. Lo peor de todo es que, ante cualquier mínimo amago de queja, la respuesta siempre será la misma: “ay, perdona, es que tengo un hijo pequeño, ¿sabes?”.

4. Los dioses del sexo

La primera vez hace gracia. Y si vives en pareja incluso puede ser la chispa que encienda la mecha. Pero cuando llevas 33 noches seguidas escuchando gemidos desmedidos y el constante zarandeo de la cama puede acabar resultando una amenaza para tu salud mental. Por si fuera poco, el mal rato no solo lo pasas intentando obviar el ruido, sino cuando te los encuentras la mañana siguiente en el ascensor. Sin lugar a dudas, ellos son la clase de vecinos ante los cuales quejarse cuesta más.

5. Los fumetas

Si te gusta la marihuana es una bendición porque podrás colocarte sin tener que pagar: basta con pasar por delante de su puerta y respirar profundamente un par de veces. Para todos los demás, en cambio, el hecho de que el olor a hierba llegue hasta el portal no es especialmente agradable. Sobre todo cuando tus padres vienen de visita. Paralelamente, las posibilidades de que uno de ellos sea camello siempre están ahí, por lo que no es raro que a menudo te despierten a las 2 de la mañana cuando uno de sus clientes se equivoque de botón en el interfono.

6. Los conversacionales

No suelen faltar en ningún edificio. El hecho de coincidir con ellos en el ascensor te obliga a una conversación de treinta segundos que siempre te parece eterna, y en la cual tendréis que debatir sobre tu vida, la de tu pareja y la de los dos en común. Si ven que no contestas es posible que pasen al plan B: hablarte de otros vecinos. Si ni siquiera entonces dices nada te tacharán de rarito y hablarán mal de ti a tus espaldas. Hagas lo que hagas: pierdes. Mención aparte merecen los que husmean en tu buzón o los que pican a tu puerta con cualquier excusa absurda solo para meter la cabeza en tu recibidor.

7. La chica de los tacones

Nada en contra de los zapatos de tacón pero, en serio, ¿a qué vienen esas caminatas a las 2 de la madrugada?

8. Los manitas

Ah, el vecino manitas. Te pasas toda la semana deseando que llegue el sábado para poder dormir hasta tarde y a las ocho aparece ese taladro infernal. Y luego  el martillo. Y luego lijar esa mesa recogida en la calle. Y luego acabas deseando de que llegue el lunes para que tenga que largarse de una vez a su trabajo de verdad.

9. La pareja gritona

Él nunca lava los platos. Ella debería dejar de jugar al Candy Crush. Él no puede invitar a amigos a ver el fútbol sin avisar. Ella apaga el ordenador con un capítulo a medio descargar. Él tendría que madurar. Ella llora con demasiada facilidad. Tú no deberías saber nada de esto, pero ellos no pueden dejar de discutir a grito pelado las 24 horas del día.

10. El DJ

Por mucho que te guste la música, nada puede prepararte para enfrentarte a un bombo a negras perpetuo. Respetas que practique con tanta diligencia pero lo último que te apetece escuchar cuando llegas de trabajar un martes por la noche es el último remix de Boys Noize a todo volumen. Cuando consigue un bolo respiras aliviado ya que significa una noche de sábado en silencio. Pero entonces llega la venganza: el after con sus colegas hasta la tarde del domingo. Y ahora ya no hay un DJ, sino 5.

11. Los amantes de los animales

“Nunca te fíes de alguien a quién no le gusten los perros” dice el dicho. Muy bien. Pero tampoco te fíes de alguien que vive con cuatro perros, siete gatos, dos tortugas y un loro en un piso de 65 metros cuadrados. La combinación de ruidos y olores que salen de eso debería prohibirse.

12. El raro

Dícese de aquel tipo que solo ves esporádicamente, siempre vestido igual y que baja la mirada cuando coincidís en el ascensor. Circulan todo tipo de leyendas escabrosas sobre su ocupación, su alimentación o sus hábitos de higiene. Pero si fueras a su casa probablemente le descubrirías riéndose mientras escribe un blog sobre los raros que son sus vecinos.

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