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Historias

Así actuaron 7 de los mayores estafadores de la historia

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Ellos no necesitaron Internet para trolear

Franc Sayol

28 Julio 2015 12:46

El trol de Internet se ha convertido en una figura ubicua de nuestros tiempos. Pero mucho antes de la aparición de la red ya existieron verdaderos maestros en el arte de tocar los huevos. Aquí te traemos a siete de nuestros favoritos.

1. Diógenes



Diógenes de Sinope fue algo así como una versión arcaica del trol de Internet. Cada una de sus acciones parecían pensadas con el único propósito de molestar, criticar, ridiculizar o cabrear a la gente.

Entre sus actividades favoritas se contaba masturbarse en público para demostrar que la felicidad correspondía al hombre que no seguía las normas, o congregar a grandes audiencias a su alrededor gracias a su elocuencia para, de pronto, detenerse abruptamente y proceder a aliviar sus necesidades corporales.


Diógenes se masturbaba en público para demostrar que la felicidad consistía en no seguir las normas



Otros de sus pasatiempos era cabrear a sus colegas de profesión. Por ejemplo, cuando Platón definió al humano como un “animal bípedo sin plumas” y recibió grandes alabanzas por ello, Diógenes procedió a desplumar un pollo y entró en su academia al grito de “He aquí, te he traído un hombre”. Tras el incidente, Platón decidió incluir “con uñas anchas y planas” a su definición.

Pero, quizá, la anécdota más célebre que protagonizó fue la que tuvo lugar durante su encuentro con Alejandro Magno. En el cénit de su imperio, el emperador conquistó la ciudad donde Diógenes se encontraba en ese momento. Habiendo oído hablar de las hazañas del famoso filósofo, Alejandro quiso conocerle. Para demostrar su admiración, el emperador le ofreció cualquier cosa que desease, a lo que Diógenes contestó: “Sí, fantástico. Muévase a la izquierda. Me está tapando el sol”.

Y así podríamos seguir hasta dedicarle este artículo enteramente a él.

2. Victor Lustig



Victor Lustig era un timador checo que se ganaba la vida con el contrabando de dinero y vendiendo una máquina que, supuestamente, imprimía billetes.

Pero en 1925 tuvo la mejor idea de su vida.

Aprovechando que la Torre Eiffel estaba siendo objeto de diversas controversias, se hizo pasar por un oficial del gobierno y convenció a unos mercaderes de que el ayuntamiento de la ciudad la quería vender el monumento como chatarra.

Por si fuera poco, en el momento de cerrar el trato, Lustwig les dio a entender que se trataba de una operación corrupta y que debía cobrar un soborno. Los clientes accedieron, por lo que el timador no solo se llevó el dinero de la supuesta venta de la torre, sino también el correspondiente a un soborno imaginario.


Victor Lustig consiguió "vender" la torre Eiffel como chatarra en un momento en que la obra era objeto de controversias



Cuando las víctimas descubrieron el engaño, estaban tan avergonzadas que no lo denunciaron.

Un mes después de esa primera venta, Lustig intentó volver a venderla. Esta vez, sin embargo, no tuvo tanto éxito, y sus víctimas le acabaron denunciando a la policía.

Aún así, logró evadir el arresto y acabó estafándole 50.000 dólares al mismísimo Al Capone.

3. Alan Sokal



Una mañana, el físico estadounidense Alan Sokal se despertó y decidió que estaba harto del postmodernismo.

Se sentó en su silla y escribió un artículo con la intención de mandarlo a Social Text, una revista académica de estudios culturales.

El artículo se titulaba Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity (La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica) y en él sostenía la sorprendente tesis de que la realidad física era un constructo social, y que, por lo tanto, si no creyéramos en ella, no nos afectaría.


Alan Sokal publicó un artículo donde sostenía que la realidad física es un constructo social



En realidad, el texto no era más que una sucesión de sandeces en las que se mezclaban afirmaciones falsas, conjeturas científicas sin fundamento, clichés izquierdosos, citas pretenciosas y toda clase de ideas absurdas.

Pues bien, el artículo fue publicado y Sokal logró su cometido: demostrar que una revista de humanidades posmoderna publicaría un texto plagado de sinsentidos siempre y cuando sonase bien y apoyase los prejuicios ideológicos de los editores.

4. Oliver "Porky" Bickar



La mañana del 1 de abril de 1974, los residentes de Sitka, Alaska, alzaron su vista al cielo con preocupación.

Una amenazante columna de humo negro estaba emergiendo del cráter del monte Edgecumbe. Tras 400 años dormido, parecía como si el volcán estuviese a punto de entrar en erupción.

Preocupados, los habitantes de la localidad avisaron a las autoridades. La Guardia Costera entró en acción y mandó un helicóptero para que investigara la zona.

A medida que el piloto se acercaba a la montaña, la columna de humo se hizo más grande. Cuando finalmente pudo situarse justo en el centro para observar el cráter no podía creer lo que veía. Miró más fijamente y soltó una carcajada.


Oliver Bickar quemó una montaña de neumáticos en un cono volcánico para hacer creer a los habitantes de la población que el volcán había despertado



Apilados en el cono volcánico, vio una enorme montaña de viejos neumáticos ardiendo. Justo al lado, había un mensaje pintado con spray: APRIL FOOL (April Fool's es el equivalente anglosajón a nuestro día de los inocentes).

El autor de la inocentada había sido Oliver "Porky" Bickar, un bromista local que llevaba tres años esperando a que las condiciones del cielo fuesen las adecuadas para llevar a cabo su plan.

Su hazaña acabó dando la vuelta al mundo. Afortunadamente para él, la inmensa de mayoría de sus paisanos se lo tomaron con humor.

5. George Parker



—Oiga señor, ¿quiere comprar el puente de Brooklyn?, esta semana está en venta.

—¿Para qué iba a comprarlo?

—¿Ha pensado usted en el dinero que podría sacar si hiciera pagar un peaje?

—Ah bueno... sí … pero, ¿está seguro que está en venta?

—¿Qué necesita, ver una pegatina de “en venta” en el puente?


George Parker "vendió" el puente de Brooklyn durante 30 años a ciudadanos ingenios, invitándoles a que pusieran un peaje



Durante 30 años, George Parker mantuvo conversaciones como esta dos veces a la semana. Y la gran mayoría de ellas logró su cometido: vender el puente de Brooklyn a ciudadanos ingenuos.

A menudo, los nuevos “propietarios” procedían a instalar cabinas de peaje, hasta que aparecía la policía y les informaba que había sido víctimas de una estafa.

El puente era su monumento favorito, pero también vendió el Madison Square Garden, la Estatua de la Libertad y el Metropolitan Museum of Art.

Finalmente, Parker fue sentenciado a cadena perpetua en 1928. Murió en la cárcel ocho años después.

6. Nevil Maskelyne



Era una tarde de junio de 1903 y la audiencia del teatro londinense donde se celebraba la conferencia de la Royal Institution estaba expectante.

El propósito del acto era hacer una demostración de las posibilidades de una emergente maravilla tecnológica: un sistema de comunicación inalámbrica de largo alcance que había desarrollado un ingeniero italiano llamado Guillermo Marconi. El objetivo era enseñar, por primera vez en público, que un mensaje en código Morse podía ser enviado a larga distancia de forma inalámbrica. Concretamente, la señal iba a recorrer los 500 kilómetros que separaban Cornuales de Londres.

Nevil Maskelyne es considerado uno de los primeros predecesores de los hackers informáticos



De pronto, cuando la demostración todavía no había empezado, el aparato situado en el teatro empezó a emitir un mensaje. Al principio eran palabras que se repetían una y otra vez, pero pronto se convirtieron en un poema sarcástico que acusaba a Marconi de estar timando al público. El acto había sido hackeado.

El autor del sabotaje había sido Nevil Maskelyne, un mago e inventor británico que quería demostrar las enormes fallas de seguridad que tenía la joven tecnología. No es extraño, pues, que se le considere uno de los primeros predecesores de los hackers informáticos.

7. Mark Gubin



Mark Gubin vive cerca del aeropuerto.

Un día de 1978 decidió que quería dar una bienvenida especial a los pasajeros que llegasen a su ciudad. Cogió un bote de pintura blanca y pintó “WELCOME TO CLEVELAND” con letras enormes en el tejado de su casa.

¿Que por qué es un trol?

Gubin no vive en Cleveland, sino en Milwaukee.


Mark Gubin vive cerca del aeropuerto y un día cogió un bote de pintura blanca con el que pintó en su tejado "WELCOME TO CLEVELAND". ¿El problema? Gubin no vive en Cleveland



No es difícil imaginarse la cantidad de viajeros que, a lo largo de los últimos cuarenta años, habrán mirado por la ventana y habrán pensado un sonoro “mierda” al pensar que se han equivocado de avión.

“No hay ninguno propósito real para tener la señal excepto la locura, que es algo que tiende a ser bastante bueno”, dijo Gubin a un periódico local en 2005.

Una afirmación que, probablemente, podrían suscribir la mayoría de protagonistas de este lista.


El trol no lo inventó Internet



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