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Historias

Unabomber: el genio matemático que puso en jaque al FBI

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¿Genio visionario o perturbado? Su manifiesto cumple 20 años

Luis M. Rodríguez

23 Abril 2015 06:00

Primavera de 1978. Un vigilante pasea por las instalaciones de la Universidad de Illinois. En mitad del aparcamiento encuentra un paquete abandonado. Sin un destinatario claro, la universidad decide enviar aquel bulto de vuelta a quien figura en el remite, un profesor de la Universidad de Northwestern. No podían imaginar que lo que estaban enviando era un paquete bomba.

¿Quién podría tener razones para atentar de aquella manera tan retorcida contra un modesto profesor de ingeniería?

Algo no cuadraba.

Avanzamos un año en nuestra máquina del tiempo. Un vuelo de American Airlines se ve obligado a realizar un aterrizaje de emergencia por culpa de un artefacto explosivo que no llega a estallar. De haber detonado en pleno vuelo, las víctimas se habrían contado por cientos.


Cuesta atreverse a justificar las acciones violentas de Unabomber, pero sus ideas están más vigentes que nunca


Ante la gravedad del suceso, el FBI toma cartas en el asunto. Al intuir que hay conexión entre esos eventos, bautiza el caso como 'UNABOM' (University and Airline Bomber).

Una línea directa para la colaboración ciudadana (el número 1-800-701-BOMB) y una recompensa de un millón de dólares dan una nueva dimensión mediática al asunto.

Había nacido la leyenda de Unabomber, uno de los terroristas más virales de la historia.

El matemático que odiaba la tecnología


Entre mayo de 1978 y abril de 1995, Ted Kaczynski envió más de decena y media de paquetes bomba dentro de Estados Unidos. Tres de aquellas bombas acabaron en muertes.

Sus rudimentarios explosivos de fabricación casera fueron dirigidos primero contra universidades y compañías aéreas. Más adelante, sus objetivos serían científicos, empresarios de ordenadores, responsables de industrias madereras... ¿Qué le llevó a actuar así?

Kaczynski no era un tipo común. Un cociente intelectual de 167 puntos le situaba en la franja de la genialidad.


                                                                               Ted Kaczynski de niño

Desde una edad temprana demostró una capacidad intelectual especial. Su progreso académico en el campo de la matemática parecía imparable, pero su personalidad encerraba sombras que poco a poco fueron magnificándose.

A finales de los 60, Kaczynski dejó su puesto como profesor de la Universidad de Berkeley sin causa aparente. Dos años después se instaló en una remota cabaña sin luz ni agua corriente en mitad de los bosques de Lincoln, en el estado de Montana.

El matemático genial había elegido vivir como un 'outsider'. Aquello era un primer síntoma.


                                                                Ted Kaczynski junto a su cabaña

En aquella cabaña Kaczynski lee, piensa y escribe. Es durante aquel tiempo cuando empieza a madurar las ideas que años después le llevarían a tomar la vía de la acción directa.

Una acción motivada por un odio manifiesto hacia el desarrollo tecnológico y sus consecuencias a nivel social.

Kaczynski dirige su rabia contra la máquina, contra la gran sombra tecnológica. Contra ese mismo poder blando que hoy nos mantiene esposados cada día a una multitud de pantallas. 

Sus atentados partían de un odio manifiesto hacia el desarrollo tecnológico y sus consecuencias a nivel social



El manifiesto neoludita que asombró al mundo

"La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana (...). El continuo desarrollo de la tecnología sólo empeorará la situación".

Con esas líneas se abre La sociedad industrial y su futuro, el Manifiesto de Unabomber. Un escrito que no está de más recordar ahora que se cumplen dos décadas desde su redacción.


                                                         Carta bomba enviada por Unabomber

La opinión pública devoró el manifiesto de Kaczynski con fruición y sorpresa. Nadie se esperaba aquella articulación de ideas.

Aquello no era una exhibición de fanatismo político o religioso al uso. Era una enmienda razonada a la totalidad del sistema. Una llamada a la revolución global alentada por una visión anarcoprimitivista del mundo con la que, sorprendentemente, no costaba empatizar:

"El código moral de nuestra sociedad es tan exigente que nadie puede pensar, sentir y actuar de una forma completamente moral", escribe Kaczynski.

"La sobresocialización puede conducir a una baja autoestima, a sentimientos de impotencia, al derrotismo, a la culpa".

"La descomposición de los valores tradicionales implica la descomposición de los huesos que sujetan juntos los grupos sociales de pequeña escala".

"El hacinamiento incrementa la tensión y la agresión".


                                                                  Ted Kaczynski de joven

Aunque escrito hace 20 años, el manifiesto aún funciona como un interesante análisis de la sociedad actual. Un pormenorizado despiece del proceso de alienación al que se ha visto sometido el hombre moderno en el contexto de un 'sistema industrial-tecnológico' que nos ha robado la autonomía, desconectado de la naturaleza y empujado a la sobresocialización.

Piensa en Google cuando te espía. Piensa en Facebook robándote la intimidad y la vida. Piensa en los móviles como apéndice del cuerpo y en esa forma de capital social que depende del número de likes que cosechas. Piensa en la NSA pichando tu router y en la publicidad predictiva que aspira a saber lo que quieres incluso antes que tú. Ahora piensa en Kaczynski. Más actual, imposible.


No era un tipo común: un cociente intelectual de 167 puntos le situaba en la franja de la genialidad



Cuesta atreverse a justificar las acciones violentas de Unabomber, pero el escenario contra el que se rebelaba está más vigente que nunca.

En el fondo, la posición teórica de Kaczynski no difiere tanto de la de autores contemporáneos como Jaron Lanier o Nicholas Carr en relación a la sociedad hiperconectada. Sus visiones críticas del utopismo tecnológico son parientes. Son estadios diferentes, dentro de una misma historia.

A su manera, todos comparten un mismo miedo: la progresiva pérdida de la libertad personal asociada al desarrollo tecnológico. Y eso es algo que nos afecta a todos. Cada día.


                                               Unabomber en el momento de su detención

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