Historias

"Mi primer abuso lo sufrí a los 7 años. Era mi padre"

Quiero que esto sirva para que otras personas no dejen avanzar los problemas. Ante la primera señal de que algo no anda bien, pongamos un alto en ese camino #StopAgresiones

*Ilustración de portada de Anastasia Belous

**ADVERTENCIA. Recientemente, una lectora de PlayGround nos hizo llegar el testimonio que usted está a punto de leer. Se trataba de un relato particularmente duro en el que describía los distintos abusos que había sufrido a lo largo de su vida. ¿Su objetivo? Impedir que el silencio siga permitiendo que mujeres de todo el mundo sufran agresiones diarias, mientras sus agresores permanecen libres de cualquier castigo. Con este mismo propósito les presentamos una versión editada de su historia. #StopAgresiones

« Todo empezó cuando tenía 7 años. Mi madre estaba de viaje, así que mi hermano y yo estábamos en casa con mi padre. 

»Aquel día jugué con mi tortuguita hasta la hora de dormir. Fui a su habitación y me puse a ver la televisión con mi padre. Mi hermano dormía en su cuarto. Mis padres tenían unos libros de educación sexual muy explícitos y esa noche tuve curiosidad y le pregunté 'papi, ¿qué es lo que le sale a los hombres por el pene?'. Justo apareció en pantalla un anuncio de la crema Lubriderm, y esa fue su respuesta.

»Sé que va a ser incómodo pero lo contaré.

»Me dijo que sabía muy rico. Que probara. Se bajó los pantalones y me hizo practicarle sexo oral una y otra vez. Al día siguiente lo hizo de nuevo, pero esta vez yo estaba dormida. Aun así se aprovechó, y, aunque no llegó a penetrarme, me tocó y besó por todas partes.

»Mi mamá llegó del viaje y él me dijo que no contara nada, pues él se metería en problemas, nosotros dejaríamos de verlo e íbamos a pasarlo mal sin su dinero. Con eso me manipuló.

»Callé durante casi 11 años de mi vida. Nadie sabía que me moría por dentro, que cada noche tenía pesadillas, que vivía deprimida por una niñez e inocencia robadas y que prefería no dormir para no soñar cosas horribles.

»Tuve problemas de anorexia, en mi cabeza tenía la idea de que acabaría siendo prostituta.

»Mi madre le dio nuestra custodia a mi padre porque se quedó sin empleo y no podía sostenernos. Vivía con miedo constante de que quisiera hacerme daño de nuevo, hasta que un día mi novio de entonces me dio fuerza para contárselo a mi madre. Casi se muere. No podía con un dolor que hasta ahora no ha superado, pues ese hombre era a la vez su esposo y mi padre.

»Tiempo después conocí al que iba a ser mi otra pesadilla. Empezamos a hablar por Facebook porque teníamos de amiga en común a mi hermana y nos gustamos casi de inmediato. Tenía 12 años más que yo, pero compartíamos gustos y formas de pensar, era inteligente y hablábamos horas sin cansarnos. Nos conocimos en persona y todo fue muy bonito, compartimos un vino a la luz de la luna y amanecimos juntos. Estaba súper enamorada, sentía que era perfecto, supo de mi problema y me ayudó a recuperar mi autoestima como mujer.

»Mi papá cada vez tenía peores comportamientos conmigo, hasta que me dejó sin poder ir a la universidad. Entonces lo denuncié por incumplimiento alimentario y abuso sexual.

»Mientras tanto, mi pareja pasó de ser un lindo hombre a un ogro. Para él todo lo que yo hacía estaba mal, quería hacer una mujer perfecta a su manera, sus tratos groseros y humillantes eran siempre justificables ‘porque me amaba’ y nunca me pedía disculpas por nada. Me anulaba como persona y no podía hacer nada sin su aprobación. No le gustaba que llorara pero su trato me provocaba tristeza.

»Una noche él se enojó por una insignificancia, estábamos en la parada del bus y cuando lo vi así, me paré y me fui caminando a casa. Él se fue detrás como un loco, me escupía, me insultaba, hasta que me agarró bruscamente un brazo y lo sacudí violentamente para que me soltara y empecé a gritar para que llamaran la policía. Cuando llegué a casa él ya estaba más calmado y me invitó a cenar. Era extraño. Y yo como una boba acepté, era un experto en manipular. Yo en la universidad conocía a muchas personas, una de ellas me atraía mucho y me escuchaba cuando estaba triste. Terminamos enredados en uno de los periodos en que me mi pareja daba por rota la relación unilateralmente.

»Cuando supo de la aventura, mi —digamos— pareja me golpeó la cara. Me hacía explicarle más de 100 veces lo que había pasado, y una noche que fui grosera con él porque me tenía cansada ya de repetir lo mismo —recuerdo que cuando sucedió no éramos novios, él lo había dejado—, me reventó la nariz y me dio puñetazos en estómago, costillas y brazos. Me desnudó para lavar la sangre de mi ropa y borrar la evidencia. También me fracturó un dedo al tratar de quitarme el celular.

»Días más tarde me violó en su apartamento.

»Me convertí en zombi. Ni comía ni me bañaba, y él seguía llamando para decir que me amaba. Hasta que llegué al tope. Cogí el botiquín de medicamentos y tomé más de 50 pastillas. Salí al patio con mi perrita, me acosté boca arriba mirando el cielo. Sentía que mi cuerpo iba desconectándose, pero los ladridos alertaron a mi hermana. Pasé la noche en urgencias y me internaron un mes en un hospital mental. Hasta allí ese desgraciado seguía llamándome.

»Estuve con mi familia, las ideas suicidas se fueron y cambié de ciudad. Conocí a mi esposo, al que amo. Mi padre paga sus delitos en la cárcel.

»Es importante no guardarse estas experiencias. Te van ahogando poco a poco y, cuando explotas, quien te ama también sufre. Quiero que esto sirva para que otras personas no dejen avanzar los problemas. Ante la primera señal de que algo no anda bien, pongamos un alto en ese camino. Yo vivo con ello pero he logrado curar muchas heridas.

»Aprendí por las malas, pero no nacemos para sufrir ni resignarnos ante el sufrimiento, sino para estar sanas. Para vivir felices ».

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