Historias

'Inmólate como puedas' o la grandeza de convertir el terrorismo islamista en un chiste

Channel Four rinde homenaje a la película 'Four Lions', un brillante ejercicio sobre los límites del humor

Waj es un cabeza de chorlito nacido en un suburbio del norte de Londres que tiene a toda Gran Bretaña en vilo. Ha difundido un vídeo de sí mismo disparando con torpeza una ametralladora desde un campo de entrenamiento pakistaní, y en el que anuncia su nuevo alias: Paki Rambo. 

Waj sólo es uno de los cuatro hilarantes protagonistas de Four Lions, la sátira que el humorista Chris Morris estrenó hace cuatro años en el festival Sundance y que levantó una abundante polvareda sobre los límites del humor.

Corría 2010, el terrorismo islamista estaba representado por Al Qaeda y Chris Morris era muy conocido por sus papeles como actor en shows humorísticos y en la serie IT Crowd. Habían pasado tan sólo cinco años del atentado en el metro de Londres cuando decidión dirigir la primera película altamente corrosiva sobre yihadismo, que estalló para llegar hasta nuestros días.

En un momento en que ya son más de 500 los ciudadanos británicos que se han enrolado en las filas del Estado Islámico, el canal Channel Four rinde homenaje a Four Lions y la ensalza como una de las mejores piezas que el cine ha dado sobre algo tan complejo y delicado como la expansión del terrorismo islamista.

No es para menos. La cinta de Morris no sólo se adelanta a cómo los jóvenes británicos desencantados (musulmanes y no musulmanes) empiezan a sentirse llamados por algo tan ajeno como la yihad, sino que aborda qué es eso que atrae wannabes totalmente ineptos, como un pase para la “dulce sala vip” (el harén prometido en el Corán), sentirse rambos o acabar con las franquicias de pollo frito barato de Inglaterra.

Four Lions surge de la combinación explosiva de ISIS, Borat y los Monty Python. La cuadrilla está representa por un grupo poco fanático de Alá: Omar, un musulmán británico que forma una célula terrorista con el bobo de su hermano Waj; Barry, un inglés violento que odia a los blancos y Fessal, un fabricante de bombas muy aprensivo.

Los terroristas novatos que retrata Morris son ciudadanos hartos de la cultura británica que intentan ser despiadados para alcanzar la gloria, pero algo falla: son británicos, y acaban haciendo el ridículo en el manejo de armas en un campo de entrenamiento de Afganistán. Barry se equivoca y sugiere atacar una mezquita, Omar se inspira a partes iguales en el Corán y El Rey León. Al principio, éste propone utilizar el Big Mac como símbolo de la decadencia del imperialismo occidental en sus vídeos de propaganda, pero Waj disiente: “Idiotas flipados. Para eso lo hacemos con un buen cubo de pollo halal por 6,99 libras”.

Charles Chaplin como inspiración

¿Por qué rescatar esta película en un momento tan dramático como el actual? Cuatro años después de su estreno, se ha comprobado que Four Lions tiene valor más allá de ser una radiografía del islamismo como fenómeno popular de masas: relata acontecimientos que acabaron siendo realidad. Uno de los fichajes de la cómica célula islamista es un aspirante a rapero llamado Hassan, como lo es el joven de 23 años Abdel Majed, identificado como el ejecutor del periodista James Foley.

Pero hay más. Si bien en la película de Morris los terroristas de pacotilla quieren acabar con las cadenas de pollo frito más caras de Inglaterra, uno de los últimos fichajes del Estado Islámico, el joven de 21 años Hamzah Parvez, dijo en su un vídeo de propaganda: “¿Estáis satisfechos de comer en Nando’s cada semana? Venid a la tierra de la yihad y llamad a Alá”. Nando’s, sí, es una cadena portuguesa de pollo barato.

"La vida es una tragedia cuando se la mira en primer plano y una comedia cuando se la mira desde lejos". Esta frase de Charles Chaplin es una máxima para el director inglés. "No se trataba de conseguir un tema poco habitual para una comedia y luego hacer una película sobre él, fue al revés", explicó Morris a The New York Times. "Quería entender lo que estaba pasando, y cuando empecé a leer me encontré con cosas que me hicieron reír".

Por ejemplo, cuando Khalid Sheikh Mohammed, uno de los ideólogos del 11S, retrasó una hora una entrevista con Al Jazeera porque estaba buscando una prenda que le hiciera menos gordo. O, más recientemente, los yihadistas británicos que antes de viajar a Siria compraron en Amazon Islam for Dummies.

Habrá quien piense que Chris Morris frivoliza con un tema tan cruento como el terrorismo, pero una vez más demuestra que, para reírse de algo, hace falta comprenderlo. Morris intuyó que muchos de los británicos atraídos por la yihad son torpes en el arte de matar y, más que sed de venganza, tienen sed de reconocimiento. Es cierto que las escenas de humor permiten al espectador empatizar con personajes que han querido servir a una causa extremista y devastadora, pero permite considerar la posibilidad de que estos "monstruos" no son mitos imponentes, tan aterradores y poderosos como los pintan.

Sin intención de frivolizar el terror, Morris desacraliza el mal y enfrenta a grupo de torpes yihadistas con una audiencia que los teme y rechaza. A través de la carcajada consigue que el público descodifique lo incomprensible, aunque sea por un rato, que es ya es mucho. También señala lo ridículo de la misión yihadista y juega con el poder de algunas escenas: un chaval disparando un misil al revés en medio del desierto hace reír en Londres y en Mosul.

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