Historias

El suicidio de un astronauta en 6 confesiones cósmicas

Me pregunto si contarán esta historia en las noticias

 (Foto de cabecera: Astronaut Suicides, Neil Dacosta // Fotos interiores: Instagram NASA - ISS)

Martes, 10 de septiembre. 08:03H. "Amanecer".

No me puedo creer que después de tanto tiempo metido en esta cápsula, todavía me pase lo mismo cada mañana. Te lo cuento porque ahora ya no me da vergüenza admitirlo: hay un momento, antes de abrir los ojos, en el que me parece que estás a mi lado, enroscada entre las sábanas y respirando lento, en silencio, cerca de mi cuerpo, dándome calor. Entonces recuerdo que hace ya mucho que te cambié por el sol, y que él también es silencio y es calor.

Sábado, 14 de septiembre. 16:24H. "Islandia".

¿Recuerdas la de veces que te conté lo difícil que es observar Islandia desde el espacio? Esa tierra salvaje es tímida, siempre se esconde bajo las nubes. Pero mira con lo que me acabo de encontrar. Sus entrañas se han abierto, vomitan fuego. Como aquella vez que llegué a casa después de una de mis misiones y te encontré en el baño, aturdida, con sangre en las manos y entre los muslos. No me lo habías dicho pero estabas embarazada. “Estabas”; ya no. Tus entrañas también se habían abierto. Me asusté pero reconozco que no me pareció tan grave. Ya sucedería otra vez. Teníamos tiempo. Tú también eras tímida y salvaje, como Islandia. Pero eras fuerte. O eso quise creer yo.  

Miércoles, 18 de septiembre. 23:07H. "Madrid".

Tengo que decirte una cosa. Cada vez que sobrevuelo Madrid me dan ganas de abrir la escotilla de esta jaula espacial y saltar al vacío, a ver si con suerte y un milagro aterrizo en nuestro salón y seguimos con nuestra vida como si nada. Luego pasan unos segundos y las líneas que dibujan el litoral, la concentración de luces en las ciudades grandes, la negrura de las zonas rurales... todo lo que veo a través de este minúsculo ventanuco me deja como drogado, me arrastra a un abismo en el que mi mente flota y es feliz. Y Madrid, nuestro salón y tú os diluís y desaparecéis. Y me quedo con la frente pegada al cristal contando lucecitas, asimilando torpemente tantísima belleza.

Lunes, 23 de septiembre. 13:37H. "La isla".

A menudo me acusabas de haberte abandonado como a una náufraga en una isla desierta, de haberte dejado sola mirando al cielo en una ciudad que no era la tuya, en un país que no era el tuyo, esperando día y noche a que yo regresara. Me contabas que sentías el agua invadiendo tu pequeña porción de tierra, mojándote los tobillos, que tenías miedo de acabar desapareciendo y que nadie se diera cuenta. Yo creía que era cuestión de tiempo, que te acabarías acostumbrando a la soledad y a mis largas ausencias. Que comprendías que os necesitaba a los dos: a ti y al espacio exterior. Ahora miro esta pequeña isla cercana a Madagascar y me parece verte en su arena, con los pies descalzos y las manos apuntando al cielo, pidiéndome ayuda.

Ya no puedo ayudarte. Por fin te veo, por fin te oigo, pero ya es tarde.

Martes, 1 de octubre. 21.08H. "Supernova".

Una estrella que explota es como una flor cósmica. Destruye todo a su alrededor, pero el espectáculo es incomparable. Nunca hubiera dicho que querías un final así: tan violento y tan bello como un remanente de supernova.

Yo seguía aquí arriba, flotando tranquilo en este útero de materiales imposibles. Y entonces, me contactaron de urgencia: te habían encontrado, blanquísima, en la bañera, vestida y con el vientre abierto de par en par. Ya no querías un bebé. Ya no querías esperarme. Ya no querías mirar al cielo, sola, nunca más. 

* Fecha desconocida. Hora desconocida. "La bañera".

Tengo los ojos cerrados. Estoy flotando. Sigo aquí arriba pero me imagino que estoy en esa misma bañera, la de nuestra casa. No ha sido difícil encontrar un objeto afilado. Es raro que la sangre no resbale por las muñecas. Sé que es debido a la falta de gravedad, pero de todos modos, me desconcierta. Empiezo a perder el conocimiento. Siento que, por fin, me desvanezco.

Os necesitaba a ambos. Al espacio y a ti. Pero tú sentiste que yo había elegido a uno de los dos. Y tenías razón.

Me pregunto si contarán nuestra historia en las noticias.

La culpa pesa, incluso cuando no hay gravedad

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