Historias

La stripper que inspiró a James Franco con una increíble historia de Twitter

Como Spring Breakers, pero mejor... y real

Hace unos días, James Franco anunció que su próximo proyecto como director sería un thriller sobre las desventuras de dos strippers en Florida.

Suena a secuela de Spring Breakers. Y podría serlo. Pero, esta vez, basada en una historia real.

Una historia que el mundo conoció a través de Twitter el pasado mes de octubre.

El 27 de octubre de 2015, una mujer de 19 años de Detroit llamada Aziah “Zola” Wells escribió el siguiente tuit:

“¿Queréis que os cuente la historia de cómo esta perra y yo acabamos reñidas???? es un poco larga pero está llena de suspense”.

Lo que siguió fue un épico recuento en 148 tuits de un viaje de fin de semana a Florida con dicha “perra”, Jessica, a la que prácticamente no conocía, el llorica novio maníaco-depresivo de Jessica, Jarrett, y el violento proxeneta de Jessica, un nigeriano llamado “Z”.

La historia empieza con Wells viajando a Tampa con su nueva amiga, supuestamente con la intención de trabajar como bailarinas en clubes de striptease. Pronto, sin embargo, descubre que lo que quiere Jessica en realidad es prostituirse. A partir de ahí, se desencadenan los engaños, hay un secuestro, Jarrett intenta tirarse de un cuarto piso y un proxeneta es asesinado. Todo escrito con jerga propia del trap. “Es como un cruce de Spring Breakers y Pulp Fiction narrado por Nicki Minaj”, escribió David Kushner en Rolling Stone. No hay mejor definición posible.

Bajo el hastag #TheStory, la historia se hizo viral en todo el mundo. A los pocos días de ser compartida, había sido leída por millones de personas, entre ellas diversas celebridades. Ava DuVernay, directora de Selma, tuiteó:

“En India leyendo #Zola. Drama, humor, acción, suspense, desarrollo de personaje. ¡La chica sabe escribir! Hay tanto talento sin explorar en el gueto”.

Hubo disfraces de Zola, camisetas de Zola, artículos feministas sobre Zola y un cómic sobre Zola. ¿Empoderadora o, simplemente, desagradable? Se preguntaron algunos. ¿Demasiado bueno para ser real? Cuestionaron otros.

Todo se aclaró el pasado 17 de noviembre, cuando Rolling Stone publicó una extensa pieza de David Kushner titulada Zola lo cuenta todo: La verdadera historia detrás de la mayor epopeya stripper jamás tuiteada. En ella, Zola aclaraba qué partes tenía de ciertas su historia y cuáles se había inventado. Y este artículo será en el que se basará la película de Franco.

En el artículo, Zola admite haber adornado algunos de los detalles más chocantes —como el intento de suicidio de Jarrett o el asesinato del proxeneta por parte de Z— con fines dramáticos. La versión de Jessica también difiere en algunos detalles importantes —ella dice que era Zola la que quería prostituirse.

Pero las claves principales concuerdan y tanto Rolling Stone como otros medios las han podido contrastar con los otros protagonistas y la Policía. A principios de noviembre, por ejemplo, trascendió que Z, el proxeneta, había sido, efectivamente, detenido por asalto sexual y tráfico de mujeres, entre otros cargos. Es decir, de broma no tiene nada.

Por muy sórdida y estrambótica que pueda parecer la historia, la realidad que esconde es mucha más jodida que el típico thriller sangriento que vemos en la pantalla: la de cómo chicas jóvenes son obligadas a prostituirse en contra de su voluntad por traficantes sexuales. Y no es algo que ocurra en lugares remotos. Sino a nuestro alrededor. A chicas que también tienen Twitter.

“Hice que gente que probablemente no quisiera escuchar una historia sobre tráfico sexual quisiera formar parte de ella, porque era entretenida”, dice Zola a Rolling Stone.

Pero, entonces, ¿qué pasó exactamente ese fin de semana en Tampa?

Una tarde de marzo de 2015, una joven rubia llamada Jessica Rae Swiatkowski entró en el restaurante de la cadena Hooters donde Zola trabajaba. Jessica tenía 21 años y era una madre soltera que acababa de perder la custodia de su hija. Ambas entablaron conversación y conectaron. Las dos eran strippers, y compartieron anécdotas sobre los clubes de la zona en los que habían bailado. Acabaron intercambiándose los números.

Unos días más tarde, Zola estaba viendo Netflix cuando recibió una llamada de Jessica. Le preguntaba si quería ir a Florida con ella. El plan era ir a bailar algunos clubs de alto standing para sacarse un buen dinero. El novio de Jessica iría con ellas.

El novio de Zola intentó disuadirla. No porque estuviera en contra de que se desnudara por dinero, sino porque no conocía a Jessica de nada.

“Es una chica blanca delgaducha, ¿qué puede pasar?”, recuerda Zola que le dijo a su novio.

El 26 marzo, un todo terreno negro se detuvo delante de la casa de Zola. Dentro estaban Jessica y su novio, Jarret Scott, de 22 años. Pero había otro hombre: el compañero de piso de Jessica y Jarret, un nigeriano alto y corpulento llamado Rudy (al que Zola llamó “Z” en su historia de Twitter y cuyo verdadero nombre es Akporode Uwedjojevwe). Los cuatro pusieron rumbo a Tampa “escuchando a Lil Wayne y Gucci Mane en la radio”.

Su primera parada fue un local de striptease llamado Tampa Gold Club. Ahí fue donde Zola y Jessica se hicieron la selfie que más tarde adornaría el primer tuit de #TheStory. No fue una noche especialmente lucrativa, pero Jessica le dijo a Zola que se escondiera el dinero puesto que Rudy iba a preguntarle cuánto había ganado. En ese momento Zola empezó a sospechar que ese arrogante nigeriano era algo más que el compañero de piso de Jessica.

Fueron a otro local, pero tampoco lograron ganar lo esperado. A partir de este momento, las versiones de las dos protagonistas difieren. Según Zola, Rudy le preguntó a Jessica si quería buscar clientes. Zola ya no tenía ninguna duda de lo que realmente estaban haciendo ahí.

Rudy le pidió a Zola que le mandase a Jessica las fotos que se habían hecho en el club. Poco después comprendió para qué era: Rudy las había utilizado para poner un anuncio en Backpage, una web de anuncios clasificados popular entre trabajadoras sexuales y escorts, ofreciendo los servicios de ambas.

“Habéis recibido muchas llamadas las dos, preparaos”, les dijo Rudy.

Zola le echó en cara a Jessica que la hubiese engañado, y le dijo que se marchaba. Pero esta le pidió, llorando, que no la dejase sola. En ese punto, Zola no sabía si Jessica era realmente una víctima o si todo aquello era un número para engañarla a ella.

“No quería dejarla ahí sola. Me sentía mal por ella. Además, Rudy sabía dónde trabajaba y vivía, no sabía lo que podía hacerme si me iba”, decía Zola a Rolling Stone.

Zola se quedó. Pero en vez de caer en la trampa de Rudy, lo que hizo fue hacerle ganar más dinero a Jessica a sus espaldas. Cuando vio que Jessica cobraba 100 dólares por su servicio, se indignó. “Tu coño no vale 100 dólares, sino miles”, le dijo. Le hizo mejores fotos y puso un nuevo anuncio en la página, solo que esta vez pidiendo 500 dólares por servicio. Según Zola, el teléfono empezó a sacar humo. Pasaron media docena de hombres.

Paralelamente, Jarrett había estando intentando localizar a Jessica durante horas sin éxito. Conoció a unos tipos en una gasolinera, y estuvo fumando hierba y bebiendo con ellos. En un punto, desesperado por no tener noticias de su novia, perdió la cabeza y posteó un mensaje en el muro de Facebook de Jessica: “Hey, ¿chupándole la polla a viejos por unos dólares? ¿Eres la verdadera MVP? ¡Vamos Jessica!”.

Cuando volvió al motel, Jarret se encontró a Jessica llorando en la cama, a Zola sentada en un rincón y a Rudy muy cabreado. Este le cogió el teléfono y borró el post de Facebook. Entonces le amenazó con matarle. No lo hizo. En cambio, le dijo que iba “a matarle su hombría”: le obligó a que fuera él quién llevara a su novia a visitar al resto de clientes que tuviera ese fin de semana.

A partir de este punto, las versiones de Zola, Jessica y Jarrett vuelven a divergir.

Si en algo coinciden los tres, sin embargo, es que, durante su segundo día en Tampa, uno de los clientes se puso violento con Jessica, reteniéndola en su habitación de hotel. Zola y Jarrett llamaron a Rudy, quién aporreó la puerta de la habitación, amenazando con disparar, hasta que le abrieron.

Según Zola, el tipo que retenía a Jessica era uno de los hombres con los que había estado fumando Jarrett, quien les había contado que su novia y una amiga “andaban por ahí ganando mucha pasta”. En realidad, el hombre que le había invitado a fumar hierba era otro proxeneta. Ahí mismo le ofreció 20.000 dólares a Rudy para comprar a Jessica, a lo que este se negó.

En la historia original, este es el momento en el que Rudy supuestamente disparó al proxeneta rival. Pero Zola reconoce que eso no sucedió. Jarrett, por su parte, afirma que cuando llegaron al motel Jessica ya estaba esperándoles en recepción y que nadie ofreció 20.000 dólares por ella.

Sea como sea, Rudy compró billetes de avión para Zola y Jarrett para que volvieran a casa la mañana siguiente. Jessica, sin embargo, iba a quedarse con él.

Jarrett empezó a suplicarle a Jessica que volviera a casa con él. Cada vez más alterado, Jarrett lloró, se autolesionó y amenazó con saltar por el balcón si su novia no se iba con él (a diferencia de lo que ocurría en la historia que tuiteó Zola, nunca llegó a hacerlo). Pero sus suplicas no surtieron efecto.

“Le rogué que dejara eso”, recordaba Jarrett al Washington Post en noviembre, “pero era como si Rudy le controlara la mente o algo. Constantemente le decía, 'mira todo este dinero', o 'voy a conseguir que te devuelvan a tu hija'”.

Jarrett se dio cuenta de que no había nada que hacer y decidió marcharse con Zola. Según esta, antes de irse, Jessica le agarró el brazo. “Me dijo que esperaba que no tuviera la sensación de que le había tendido una trampa. Que esperaba que pudiésemos ser amigas”.

Zola le miró a los ojos y le dijo: “Nunca más voy a volver a verte”.

Jarrett y Zola regresaron a Detroit y unos días más tarde se enteraron de que Rudy estaba en una cárcel de Nevada. Según descubrieron más tarde, Jessica y su chulo habían secuestrado a otras dos jóvenes en Florida y se las habían llevado a Reno a prostituirse, hasta que la policía les había pillado. Rudy se enfrentaba a seis cargos: asalto sexual, agresión, tráfico sexual e intento de proxenetismo con amenaza de fuerza física. De ser declarado culpable, podría pasar el resto de su vida en prisión.

Tal y como explicó a Rolling Stone, Zola no ha vuelto a hablar con Jessica desde aquel fin de semana en Tampa, pero espera que su historia sirva para concienciar a la gente sobre el tráfico sexual en los Estados Unidos. Por su parte, se ha abierto una web, planea lanzar una línea de camisetas y dice que el éxito de su historia le ha dado confianza como autora.

No es para menos. Si su historia se hizo tan viral no fue únicamente por el morbo de su temática, sino porque estaba extremadamente bien construida.

Se iniciaba con una promesa (que luego cumplía con creces), estaba escrita con un estilo muy cinematográfico, con profusión de diálogos, y en cada uno de sus tuits ocurría algo que hacía avanzar la historia. Es decir, lo tenía todo para mantener enganchados a los lectores digitales.

Es una historia oscura, en la que ninguno de los personajes es bueno. Te expone a los bajos fondos de la sociedad, y te deja con mal cuerpo. La historia en sí misma no es especialmente original. Pero lo que la hace distinta es que está contada con una voz muy personal. Zola utilizó un lenguaje ágil, profano e instantáneamente “memeable”, que encajaba a la perfección con la historia que estaba contando. Es narrativa criminal para la era de las redes sociales.

Y para aquellos que han alzado la voz criticando que James Franco vaya a basarse en el artículo de Rolling Stone para su película (y qué, por tanto, quién vaya a sacar provecho económico de ello sea el periodista, hombre y blanco, que lo escribió), Zola tiene un mensaje:

“¿De verdad le estáis preguntando a la misma perra que dijo 'Tu coño vale miles de dólares' si va a hacer algo gratis?”.

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