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Historias

El soldado que no mató a nadie e inspiró la última cinta de Mel Gibson

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Desmond Doss fue objeto de burla y palizas durante la Segunda Guerra Mundial, pero demostró que sin empuñar ningún arma se puede ser un gran héroe de guerra

Juan Carlos Saloz

31 Julio 2016 16:58

Hace 21 años, Mel Gibson nos enseñó una forma revolucionaria de entender la guerra. Con Braveheart, el actor y director demostró que se puede hacer una cinta bélica sin recurrir a los efectos de Michael Bay.

Ahora, después de demostrar su valía con La Pasión de Cristo y Apocalypto, vuelve por todo lo alto para mostrarnos a uno de los héroes de la Segunda Guerra Mundial que han pasado más desapercibidos.

Con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge), Gibson se mete de lleno en la película de guerra más esperada de 2016. Con el antiguo Spiderman Andrew Garfield como protagonista y la compañía de otras estrellas como Hugo Weaving o Vince Vaughn, el director parece dispuesto a darlo todo para volver a enseñarnos que la épica y la emoción no dependen de un argumento pueril.

La película llegará el 7 de diciembre a los cines españoles. Y, de momento, no podría tener mejor pinta:


“Mientras todos estén quitando vidas, yo estaré salvándolas. Esta será mi manera de servir”.



Gibson está dispuesto a volver a reventar la taquilla. De paso, también está intentando repetir el doble galardón que consiguió en los Oscars de 1995 gracias a Braveheart. Pero, como bien dijo la última vez que dirigió, no volvería a hacerlo hasta que encontrara una historia más grande de las que ha contado hasta el momento.

Así que el argumento de Hasta el último hombre ha tenido que superar al mismísimo Jesucristo para que el director se enamorara de él. Y su secreto se encuentra en el protagonista: Desmond Doss.

Nacido el 7 de febrero de 1919 en Lynchburg, Virginia, Doss comienza su historia al igual que el rival al que tuvo que batir. Hijo de un carpintero y profundo devoto, en esta ocasión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, nuestro personaje se crió con creencias que ya entonces eran consideradas “pasadas de moda”. Era un profundo seguidor de la Biblia y el mandamiento que tenía grabado a fuego era el de “No matarás”.

Doss estudió para convertirse en médico hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos estaba saliendo a tropel a combatir el Eje y el que por entonces tuviera 23 años sabía que no podía quedarse en casa.

Sin embargo, su moral no le permitía tocar un arma. Sus creencias le impedían portar un cuchillo, un rifle o cualquier otro instrumento creado para acabar con vidas. Así que lo tuvo claro:

“Mientras todos estén quitando vidas, yo estaré salvándolas. Esta será mi manera de servir”.


Objeto de burlas y palizas, el soldado sufrió un bullying sin igual al que se resistía sin oponer resistencia


Alistado en el Ejército como objetor de conciencia, repudió la violencia a la vez que se empeñó en servir a su país. Así, como parte del equipo médico de la 77ª División de Infantería, salió al campo de batalla sin ningún soporte. El resto de doctores tenía claro que necesitaban un arma con la que poder defenderse, pero Doss continuó fiel a sus ideales.

No le gustaba que le dijeran que era objetor de conciencia. Prefería el término “cooperador de conciencia”, defendiendo que así es como colaboraba con la causa. Pero sus compañeros no lo tenían tan claro. Objeto de burlas y palizas, el soldado sufrió un bullying sin igual al que se resistía sin oponer resistencia.

En ocasiones desataba su furia. En su habitación. Sin nadie que le rodeara. Mientras a sus compañeros les ponía la otra mejilla.

Pero llegó 1944 y, después de dos años, demostró por qué se había alistado al Ejército. Estaban en la isla de Guam cuando llevaron a cabo una gran batalla contra los japoneses.

Los nipones abrieron fuego por sorpresa, aprovechando la lluvia torrencial para mejorar su condición. Sabían que su mayor baza era exterminar a los médicos, así que fueron a por ellos como principal objetivo. De este modo, los doctores se armaron hasta los tobillos. Todos se defendieron de la gran amenaza a la que se enfrentaban en esa batalla…

Todos, por supuesto, menos Doss.


El hombre del que antes se reían demostró ser más valiente que cualquier otro soldado de la 77ª División.


Sin ningún apoyo a su lado y con unas condiciones climáticas nefastas, el médico se arrastró por el barro una y otra vez para salvar a sus compañeros y llevarlos a una zona segura. Ese día Desmond Doss salvó decenas de vidas.

A partir de entonces, Doss pasó a ser un héroe de guerra. El hombre del que antes se reían había demostrado ser más valiente que cualquier otro soldado de la 77ª División. Si no fuera por él, probablemente Estados Unidos hubiera salido mucho peor parado de la conquista de Guam.

Pero la guerra no había terminado.

Un año después, en mayo de 1945, su pelotón se desplazó hasta la isla de Okinawa. Aquí se libraría la llamada “Operación Iceberg”, el mayor asalto de la Guerra del Pacífico. Y Doss, de nuevo, sorprendió a todos. Se negó a buscar refugio como el resto de sus compañeros y permaneció en el área de batalla hasta que esta concluyó.

Mientras tanto, salvó hasta 75 personas de una muerte prácticamente asegurada. Una a una, las llevó al borde de la colina donde se libraba el combate hasta que fueron subidas por cuerdas hacia la salvación.


Doss salvó hasta 75 personas de una muerte prácticamente asegurada.


En un principio, quienes estaban allí estimaron que había salvado más de 100 vidas. Sin embargo, fruto de la humildad, Doss dijo que no superaría a las 50. Así que, para no desestimar la hazaña sin dejar de creer al doctor, los oficiales dejaron el número en 75. 75 personas que deben su vida a un objetor de conciencia.

Por supuesto, todo ello no podría haberlo hecho sin recibir alguna herida por el camino. El 21 de mayo de 1945, una granada explotó muy cerca de la posición del soldado, provocando que sus piernas se fracturaran. Doss iba a ser atendido rápidamente, pero en lugar de acogerse a su camilla, salió de ella para ofrecérsela a un hombre que estaba peor. Hasta cinco horas se mantuvo esperando, incluso a sabiendas de que podría perder sus extremidades.

Poco más tarde, Doss rompió su promesa.

En una batalla, un francotirador acertó en su brazo, atravesando el hueso y provocando que perdiera toda la movilidad durante varios meses. Fue entonces cuando lo hizo. Agarró un rifle y… lo utilizó como una férula improvisada. Doss hizo de un instrumento para matar una herramienta médica para sobrevivir.


Doss regresó del Pacífico con tuberculosis y, aunque fue tratado con antibióticos, perdió un pulmón y se quedó sordo.



Y llegó el final de la guerra. Con el mundo hecho una ruina, Desmond Doss recibió la Medalla de Honor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la mayor condecoración que puede recibir un veterano de guerra. Fue el primer objetor de conciencia en conseguirla.

Durante el resto de su vida, el hijo del carpintero que trajo la paz en tiempos de guerra continuó sufriendo las consecuencias de pasar más de tres años en el mayor conflicto bélico de la historia. Regresó del Pacífico con tuberculosis y, aunque fue tratado con antibióticos, perdió un pulmón y se quedó sordo.

El 23 de marzo de 2006, Desmond Doss murió. Pero gracias a Mel Gibson, podría vivir eternamente.

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