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Historias

Las botellas de agua del futuro son esferas blandas que se mastican

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La hidratación se vuelve divertida y limpia con estos globos de agua comestibles

Luis M. Rodríguez

22 Marzo 2015 06:05

El agua del futuro es redonda y se come. No es un juego de palabras. No es sentido figurado. Es un nuevo concepto. Una idea que podría revolucionar la manera en que almacenamos y consumimos el líquido elemento.

Olvídate de cargar a todas partes la botella o la garrafa que compras en el badulaque. Olvídate de desenroscar tapones que siempre acaban en el suelo. Olvídate del contenedor de basura lleno de botellas de plástico. Porque en el futuro, el agua viaja en globos. Globos que explotan en la boca.

Esa es al menos la visión que ha tenido la gente de Skipping Rock Lab, y es una visión a tener en cuenta.



Este estudio londinense, formado por tres estudiantes de diseño industrial, ha desarrollado un concepto de recipiente limpio que quiere acabar con los problemas derivados del uso de plásticos.

Problemas como las emisiones de carbono y el consumo de combustibles fósiles necesarios para su producción; su papel contaminante del agua, el aire y el suelo en su calidad de residuo sólido urbano que tarda cientos de años en descomponerse; o la toxicidad de algunos de sus componentes (bisfenol A, ftalatos, antimonio), elementos químicos que pueden actuar como disruptores endocrinos asociados con grandes epidemias de nuestra era como el cáncer, la infertilidad, la diabetes o el síndrome de hiperactividad.

Inspirados en la técnica culinaria de la esferificación, en Skipping Rock Lab han ideado las Ooho!, unas esferas blandas producidas a partir de una mezcla de alginato de sodio (un espesante natural procedente de las algas pardas) y cloruro de calcio que, usada en las proporciones adecuadas, acaba 'gelificando' alrededor del líquido, de manera que el agua queda encapsulada en una doble membrana gelatinosa.

Para consumir el contenido de la Ooho! hay que morder la ampolla y sorber la ración de líquido, aunque la idea es que, en el futuro, las esferas se puedan ingerir directamente, pues el recubrimiento es comestible. De esa manera se eliminaría por completo el problema de la generación de residuos derivados del consumo de agua envasada.



Ooho! ofrece una alternativa simple, segura e higiénica a la habitual botella de plástico. Una alternativa más sana, ecológica (es biodegradable), liviana y también barata: sus creadores calculan que la producción de cada esfera, que podría fabricarse de forma casera, no cuesta más de 2 céntimos.

Su idea ya ha resultado premiada en la segunda edición de los Lexus Design Award y se ha ganado una nominación en la competición Design to Improve Life de este año.

Una cultura de usar y tirar adicta al plástico

En la actualidad resulta difícil imaginar un mundo sin plásticos, no sólo por su utilidad en múltiples ámbitos, sino también por la importancia económica que tienen. Importancia que se refleja en los índices de crecimiento de esta industria desde principios del siglo pasado.

Pero sus ventajas tienen un reverso oscuro: la generación de toneladas de basura cada año.



Lo mejor para ver la dimensión del problema es acudir a los números.

En 2012 se produjeron en el mundo alrededor de 280 millones de toneladas de plástico. De aquí a 2030, la industria confía en producir 33.000 millones de toneladas más. Son compuestos de degradación muy lenta, que pueden permanecer en el medio ambiente, contaminándolo, por un periodo de entre 100 y 500 años.

A día de hoy los plásticos representan más del 12 por ciento del total de residuos sólidos urbanos. En 1960, ese porcentaje era inferior al 1 por ciento. Se ha demostrado que el reciclaje del plástico conlleva un ahorro de energía dos veces mayor que su incineración. Sin embargo, la realidad es que a nivel global sólo se recicla poco más del 3% del plástico que se produce.

El 80 por ciento de las botellas de agua que se producen nunca llegan a ser recicladas. Sólo en EE.UU, se desechan 500 millones de botellas de plástico por consumo de agua cada semana. Si pusiéramos todas esas botellas en fila, darían la vuelta al mundo cinco veces.

Súmale ahora el consumo de botellas del resto del globo, multiplica por las 52 semanas de un año, realiza una proyección a 30 o 40 años y obtendrás una visión espeluznante: un planeta Tierra sepultado bajo montañas en plástico, o en camino de quedar sepultado. ¿Es eso lo que queremos?

La necesidad de aprender a beber responsablemente va más allá del alcohol que tragamos los fines de semana

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