Historias

Por qué tu madre siempre te llama en el peor momento y otras verdades universales

Si vas a empezar a leer esto, ten el móvil a mano

Es una verdad universalmente reconocida que, el día que se te cae el mundo encima, es el único día del año en el que te acuerdas de llamar a tu madre. Sin embargo, ¡TRAGEDIA!, porque también resulta ser el único día del año en el que tu madre no responde al teléfono.

Pero, ¡¡¿cómo es posible?!! Si el resto del año siempre ha estado ahí para llamarte en una variada selección de los momentos más inoportunos posibles:

Ejemplo 1: Llegas a casa agotado después de una larga jornada, abres el grifo del agua caliente, pones el primer pie dentro de la ducha y...

¡¡¡RINGGGGGG!!!

Ejemplo 2: Has quedado en el centro con un amigo para tomar café y poneros al día. Llegas un poco tarde pero por fin estás allí. Acercas tus labios a su mejilla y...

¡¡¡RINGGGGGG!!!

 Ejemplo 3:  Después de tanto esperar, descubres que ya están disponibles los subtítulos de Juego de Tronos, pones el episodio y haces un poco de tiempo para que cargue bien. Te acuestas en la cama, buscas la postura perfecta, le das al play y...

¡¡¡RINGGGGGG!!

En el amplio abanico de poderes sobrenaturales que tu madre empezó a adquirir en el momento de tu concepción, el de tener el don de la inoportunidad es el más extraño y, aparentemente, inútil de todos. Científicos y antropólogos de todo el mundo llevan siglos intentando descifrar la utilidad secreta de este ancestral mecanismo sin conseguir llegar a una conclusión contundente.

El don de la inoportunidad es un superpoder exclusivo de las madres aunque nadie sabe muy bien para qué sirve

Sin embargo, creen que la aplicación que dicho don tiene a la inversa podría servir para ir preparándote, poco a poco, para la orfandad. Porque, ¿acaso hay algo más descorazonador que llamar a casa y que no haya nadie? Durante unos minutos llegas a experimentar la sensación de lo que es ser el mendigo de la puerta de la iglesia y estar solo en el mundo.

Aunque, por suerte, en tu caso aún no es cierto. Y, de hecho, conseguir que tu madre contacte contigo es bastante fácil mediante un sencillo rito chamánico:

HAZ ALGO.

Rito 1: Compra una entrada de    cine     y espera preparado con el móvil en la mano porque en cuanto apaguen las luces...

¡¡¡RING!!!

Rito 2: Siéntate a comer, preferiblemente, algo caliente. ¡Corre! Mete la cuchara en el plato porque...

¡¡¡RING!!!

Rito 3: Sal a dar un paseo. No bajes por las escaleras, usa el ascensor y haz un amago de ir a pulsar el botón porque...

¡¡¡RING!!!

Valóralo ahora porque, aunque nunca te hayas parado a pensarlo, esa manía tan insoportable que tu madre tiene de querer conocer todos los detalles y pormenores de tu vida será única y exclusiva de un único ser humano en La Tierra.

Y cuando falte nunca más a nadie volverán a importarle tanto ni las vitaminas de tus zumos de naranja, ni las partes podridas de los plátanos que te comes, ni todos los chicles supuestamente pegados a tus tripas que te has tragado, ni la longitud de tu flequillo ni el grosor de tu abrigo...

Es verdad lo que dicen de que el amor verdadero es el primero; es tu madre

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