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Historias

17 señales de que eres incapaz de ahorrar

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Cuando mirar tu cuenta bancaria te produce ansiedad

Franc Sayol

18 Junio 2015 04:38

1. Siempre compras en rebajas. Puede parecer contradictorio, pero las rebajas son una de las mayores trampas del consumismo. Piénsalo bien. ¿Cuándo te has comprado algo que realmente necesitabas en rebajas? Es más: ¿cuándo te has comprado algo que realmente te gustaba en rebajas? Esto también vale por las OFERTAS escritas con rotulador en el supermercado. ¿Para qué quieres tantos yogures si los vas a acabar tirando?

2. Eres extremadamente generoso. Invitar a la gente te hace sentir bien, y cuando llevas algún chupito de más tu tarjeta de crédito se desliza más rápido que el cuchillo de un chef de sushi. Eres especialmente generoso con aquellos amigos que sabes que no están pasando por un buen momento económico... hasta que recuerdas que tu tampoco.


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3. Eres un poco vago. Te da palo prepararte el tupper y comes cada día fuera. Te da palo cocinar en casa y pides pizza. Te da palo hacerte el café y vas a Starbucks. Y, si eres un caso extremo, te da palo poner una lavadora y vas a comprarte ropa interior nueva. Sí, ser un vago sale caro.

4. Innovas en el supermercado. Cuando finalmente vas al supermercado eres un peligro andante. Especialmente si vas con hambre. Sabes que hacerte una lista de la compra podría ahorrarte mucho dinero, pero al final acabas comprándote esas patatas fritas con sabor a piña colada o esas galletas suecas con chocolate orgánico que cuestan más que una lámpara de mesa. También es habitual que te dé por cocinar una receta exótica que requiere una docena de ingredientes rarísimos que sabes que no vas a volver a utilizar en la vida. Y aún así los compras todos.

5. Te preocupa llevar una alimentación sana. Sí, la quinoa es carísima.

6. Compras por Internet. Para los compradores compulsivos, no hay nada más peligroso que una conexión a Internet. La cosa suele ir por épocas. Una semana son libros, la otra suplementos alimenticios y la otra chubasqueros de diseño. Luego te da por abrirte una cuenta en eBay y te das cuenta que las subastas pueden ser adictivas. E, inevitablemente, llega el día en que recibes un paquete que ni siquiera recordabas haber pedido. En ese momento te das cuenta de que ha llegado el momento de recapacitar. O de bloquear Amazon en tu navegador.


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7. Tienes una vida social muy activa. ¿Quieres un buen consejo para ahorrar? No tengas amigos. No vayas a fiestas. No pases fines de semana fuera de la ciudad. No vayas a conciertos. No vayas de tapas. No te emborraches. No celebres tu cumpleaños. Tápate con una manta y llora tu soledad. Claro que, ¿quién quiere esto?

8. Buscas pareja. Si quieres dejar de ser soltero tienes que ir a lugares dónde te pedirán dinero a cambio de tener la oportunidad de interactuar con otros humanos. Si eres un tío, además, hay muchas posibilidades de que tengas que invitar a algo. A esto hay que añadirle la necesidad de verte atractivo. Ergo, tener que ir al gimnasio, comprarte ropa nueva... Ve sumando.

9. Tus mecanismos de justificación son extremadamente complejos. Cada vez que te compras algo que sabes que no es indispensable se desata una lucha dialéctica en tu interior entre tu yo responsable y tu yo impetuoso. Siempre gana este último, que es capaz de encontrar una excusa para justificar cualquier compra. Aunque sea una camisa azul y ya tengas cinco iguales en el armario.

10. Crees que tener un iPhone es NECESARIO. Si lo tiene tu sobrino de 11 años y el tipo ese con pinta de cantante de folk noruego que pide monedas a la salida del supermercado, ¿cómo no vas a tenerlo tú? No es culpa tuya que un teléfono de 600€ se haya convertido en un artículo de primera necesidad.


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11. No soportas regatear. Hay gente que tiene un don para conseguir descuentos. Pero tú no eres de ellos. Prefieres pagar el primer precio que te dicen y ahorrarte la discusión. Tu alergia a negociar llega a tal punto que, si quisieses comprar una alfombra en Marruecos, te echarían del zoco por aburrido. Pero no hace falta ir tan lejos. Cuando sales a cenar en grupo y se propone dividir la cuenta, aceptas siempre, aceptas aunque solo hayas tomado tres patatas bravas, una croqueta y una cerveza.

12. Te da palo comparar precios. Lo mismo puede decirse del ejercicio de buscar el mismo producto en distintos sitios para encontrar el mejor precio. Para ti, nunca una letra “a” había sido tan inútil en un verbo.

13. Te invitan a muchas bodas. Si estás en esa edad en la que todos tus amigos empiezan a casarse ya lo sabrás. Puede que organizar una boda sea caro, pero asistir a ellas también es una ruina. “No os caséis, no os caséis”, que dirían Astrud.



14. Mirar tu cuenta bancaria te produce ansiedad. O miedo, directamente. Cada vez que piensas en ello te entra un cosquilleo en la barriga, así que intentas posponerlo hasta que es inevitable. Y por “inevitable” entendemos que te hayan bloqueado la tarjeta.

15. Cuando finalmente consigues ahorrar es para comprarte algo muy caro. A pesar de todo lo anterior, en realidad tú también eres capaz de ahorrar. El problema es que siempre lo haces sabiendo en qué te lo vas a gastar. Es decir, para ti, ahorrar acaba siendo sinónimo de gastar a lo grande. No tienes remedio.

16. Admiras a los ahorradores... Los ves como una suerte de espíritus celestes incorruptibles.

17. … pero sabes que lo que cuentan son las experiencias. Tu filosofía está clara: disfruta del momento y cena fideos instantáneos el resto de tu vida.


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#YOLO






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