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Historias

14 señales para distinguir a un introvertido de un gilipollas

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La timidez no era esto

Franc Sayol

12 Mayo 2015 06:00

  1. Al llegar a un sitio, un introvertido bajará la cabeza porque se siente intimidado; un gilipollas girará la cara para demostrar lo poco que le importan los demás.

  2. La prueba es que, si se cruzan vuestras miradas, el introvertido te dedicará una leve sonrisa; el gilipollas pondrá los ojos en blanco.

  3. Esto es porque a los introvertidos realmente no les gusta ser el centro de atención. Cuando alguien se fija demasiado en ellos sienten como si les succionara su energía. El gilipollas, en cambio, finge desidia para lograr el efecto contrario: que todos le pregunten qué le ocurre. 

  4. Es algo que también puede comprobarse en los encuentros fortuitos por la calle. Sí, todos nos hemos escondido alguna vez al ver a alguien con el que no nos apetecía hablar. Pero solo un gilipollas seguirá andando como si nada a pesar de ser plenamente consciente de que la otra persona le ha visto y está plantada en medio de la calle con el brazo medio levantado. Un introvertido sabe que su timidez no le da carta blanca para escabullirse de hablar del tiempo.

  5. Es un hecho: los introvertidos disfrutan más encerrados en su propio mundo que interaccionando con los demás. Pero, cuando participan en una conversación, habitualmente tienen la decencia de escucharte cuando hablas. El gilipollas están tan preocupado planeando lo que dirá a continuación que el volumen de sus pensamientos es más fuerte que el de tu voz. Esto hace no retenga prácticamente nada de lo que le cuentas. Cuando alguien te hace una y otra vez las mismas preguntas que ya le has respondido millones de veces, desconfía.

  6. Y es que no hay nada mejor para desenmascarar a las personas que conversar. Cuando estés ante un introvertido, te costará sudor y lágrimas sacarle sus pensamientos y preocupaciones. El gilipollas, en cambio, procurará que todo gire alrededor de sus problemas. Y es que todo lo que le pasa es muchísimo más jodido, intenso, apasionante y, sobre todo, importante que cualquier cosa que suceda en tu vida.

  7. Ello también se refleja en la comunicación online. El gilipollas es capaz de pasarse tres días sin responderte un whatsapp y luego ponerte una excusa estrambótica del tipo que ha pasado tres días sin poder cargar el teléfono. Como si no supiese que llevas viendo cómo se conecta cada cinco minutos desde que le mandaste el mensaje. Cuando el introvertido no contesta es porque, simplemente, le da corte. Y sí, cuando ves que lleva media hora escribiendo pero no recibes nada es porque realmente no encuentra las palabras adecuadas.

  8. El modo en que actúan ante el entusiasmo ajeno es otra de las señales clave. A menudo, el introvertido no reacciona ante una noticia o acontecimiento importante porque teme no hacerlo de la forma adecuada. Pero lo del gilipollas es distinto. El gilipollas es capaz de responder con un “ah, muy bien” al anuncio de que uno de sus mejores amigos se casa. No, esto no es aceptable.

  9. Pero no hay que tomárselo como algo personal. Es fácil darse cuenta que trata igual a todo el mundo. Puede que los introvertidos odien tratar con extraños pero los gilipollas directamente odian al mundo y a todos sus habitantes. ¿El motivo? Consideran que no están a su altura. Pero despreciar a los demás no tiene nada que ver con tu personalidad: solo con tus miserias como persona.

  10. Esto último es muy sencillo de observar en lugares como las fiestas. Por lo general, a cualquier introvertido le cuesta exteriorizar la diversión del mismo modo que lo hace un extrovertido. Pero la gran mayoría sabe cómo fingir un poco de entusiasmo por el bien común. El gilipollas, en cambio, no tiene ningún problema en exteriorizar lo mucho que se aburre. Sí, es ese que se queda en una esquina mirando el móvil y nunca quiere unirse a la ronda de chupitos.                                                                                 

  11. El gilipollas cree que honrar a los demás con su presencia ya es mucho.Y por ello hacer planes con él puede ser un tormento. Todos hemos cancelado alguna cita porque nos apetecía estar solos, pero hacerlo sistemáticamente cuando quedan 10 minutos para la hora acordada solo puede significar una cosa: que crees que tu tiempo de ocio es más importante que el del resto. Feo.

  12. Pero los planes no son lo único de lo que rehúyen. Sí, todos los introvertidos odian la confrontación. Pero esto no justifica darle la espalda a todos los conflictos. Incluso las personas más tímidas saben que a veces es necesario dar el primer paso para poder solucinar un desencuentro. Lo contrario es alimentar el problema. Esperar que los problemas se solucionen solos es lo mismo que admitir que son los otros los que deben esforzarse.

  13. Lo peor del caso es que el gilipollas siempre encuentra la manera de ser aún más gilipollas. Por ejemplo, utilizando el silencio como única respuesta. A menudo, al introvertido le cuesta encontrar las palabras adecuadas para afrontar cuestiones delicadas. Pero lo intenta. El gilipollas prefiere no decir nada a admitir que necesita un tiempo para pensar en ello.

  14. En resumen: si estás constantemente rehuyendo el contacto con tus amigos, cancelando planes y eres incapaz de demostrar interés por aquellos que te importan no es que seas introvertido, es que estás siendo un gilipollas. Y lo más probable es que acabes muy solo. Y te lo habrás ganado a pulso.

    Los rasgos de tu personalidad no tienen nada que ver con tu condición como persona



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