Historias

Estos son los barberos con más 'suaj' de Europa

En Schorem, el pelo es una religión y una manera de vivir. Nada de modas pasajeras.

Sólo admiten hombres. Sólo afeitan barbas y hacen 12 peinados, todos clásicos sacados de la tradición rocker y psychobilly. Van tatuados de arriba abajo y, si no fuera por sus pintas impecables, uno los podría confundir con unos Ángeles del Infierno a la holandesa después de una sesión de circo. Son la tribu de Schorem, la barbería de Rotterdam a la que todos los hombres de Europa quieren ir. Un sitio en el que el afeitado con toallas calientes es poco menos que un sacramento.

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No hacen reservas y cada día la cola ante su local es épica. Los hombres vienen de todas partes de Holanda y el extranjero sólo para ponerse en manos de estos artesanos del pelo. ¿Sólo para eso? No, también para sentirse parte de una experiencia compartida. Para tomarse unas cervezas, disfrutar del ambiente y recuperar parte del espíritu de antaño, cuando era fácil sentir que al entrar en la barbería estabas en casa.

Eso es lo que buscaban sus fundadores, Bertus y Leen, cuando abrieron el negocio. Y la cosa no les ha ido nada mal desde entonces. Será porque se adhieren a una máxima: "Ser barbero es cuidar a la gente. Trabajas para tus clientes, no para tu ego", afirma Bertus.

Y por eso sus clientes saben que Schorem no es otra barbería hipster de esas que se han extendido por los barrios del mundo como una plaga. Allí no sólo se imitan los modelos de antaño, sino que se venera toda una manera de vivir. Es la reivindicación del maestro y del dandi. "Ver ese amor por la artesanía es también muy interesante", asegura otro de los clientes. Un trabajo que mira más a la tradición que a la novedad. Como dice Bertus, "estaremos cortando el pelo dentro de 25 años. Esto no es una moda pasajera". “Esto es estilo”, apostilla el barbudo Leen.

Schorem nos atrae porque es un lugar simple, una especie de refugio pirata donde "los hombres pueden ser hombres", fumar, beber y jurar. Donde no importa de dónde vengas –incluso de la cárcel, como pasa con Coos– uno de los barberos, si te dedicas en cuerpo y alma a tu profesión. Aunque estén patrocinados por marcas de zapatillas o alcohol, siguen siendo la definición de vieja escuela que por lo visto muchos echan de menos. Aquí no hay debates sobre nuevos feminismos, ni sobre izquierdas o derechas. Aquí mandan el pelo y el rock'n'roll.

Y si no te gusta su estilo, poco les importa. Por algo Schorem significa "cabronazo" en holandés.

No es moda, es vida. Y no necesitan nuestra aprobación para vivirla

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