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Historias

Viaje a la decadencia de Ron Jeremy, el puercoespín del porno

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Historia del rey normcore de la industria pornográfica

Alba Muñoz

07 Diciembre 2014 08:00

Más conocido como The Hedgehog (el puercospín), Ron Jeremy, una de las estrellas del porno más famosas de todos los tiempos, vive su vejez reflejado en su propio mito, recogiendo los frutos marketinianos del imperio que creó allá por los ochenta.

Nuestra generación, que bebe del porno el internet, tiene como mucho a Rocco Sifredi como referente vintage. Pero habitualmente pasamos por alto a Ron Jeremy, y ahora él se está despidiendo rodeado de un glamour trepidante y jóvenes que lo ven como un freak.

Los cineastas Ingvar Kenne y Cameron Gray tuvieron acceso a la intimidad del hombre normal, feo, peludo y bajito que vive detrás del pene. Durante 48 horas, retrataron la vigencia del “efecto Ron”: baños de masas sólo para la foto con Ron, fiestas desenfrenadas en los que todo se mueve menos Ron.

El reportaje fotográfico, que se complementa con un corto documental, muestra a un Jeremy agotado que acepta su destino: asiste a despedidas de solteras a y eventos; sigue generando ingresos sin tener que bajarse la bragueta.

Pero, más allá de su declive, Jeremy tiene una trayectoria apasionante que merece la pena ser repasada. Ha rodado más de 2.000 películas, fue el primero en practicarse una autofelación y también se le considera el pionero de la industria del sexo anal.

Lo que todo el mundo se pregunta es, en realidad, la receta de su magnetismo: ¿Cómo es posible que este hombre tan feo se convirtiera en una estrella del porno? Cuando rodó sus primeras películas, los espectadores masculinos se quedaron con una idea: si este tío puede, yo también. La fascinación del público por su figura hizo que le llovieran los contratos.

La historia de Ron Hyatt (su nombre real), tiene miga. Nacido en el seno de una familia judía de clase media-alta de Queens, Nueva York, se formó para ser maestro de educación especial. De hecho, trabajó muchos años como profesor suplente.

Ganaba tan poco que se hizo camarero y empezó estudios de teatro. Probó suerte en los circuitos secundarios de Broadway, pero apenas tenía ingresos. Era la época de los hippies, el LSD y la liberación sexual. Ron veía cómo las chicas con aptitudes físicas fuera de lo común conseguían hacerse un hueco en la industria del cine después de posar para Playboy o Penthouse.

Entonces su novia, Alice, tuvo una idea: mandar una foto de Ron desnudo a la revista Playgirl, la versión femenina de las revistas Playboy que, en realidad, consumía masivamente el público gay. Aquello cambió la vida del joven de Queens: “Mi padre me sentó y me dijo: ‘No sé qué negocio disparatado estás consiguiendo. Eres adulto, haz lo que quieras, pero vuelvas a utilizar el nombre de la familia de nuevo’. Cada noche un montón de hombres gritaban frente a nuestro edificio. Mi pobre abuela, que vivía en el bajo, tuvo que mudarse”, relató Ron en 2008 durante una entrevista para la revista Times.

Ron dejó la enseñanza, cogió sus fotos y fue a ver al único amigo relacionado con el cine que conocía, que casualmente trabajaba en producciones porno. El neoyorquino recordó sus miserias en el teatro y aceptó: aquello no podía ser peor. Las primeras veces se moría de vergüenza, hasta que empezó a rodar cada vez más películas mientras sus compañeros del teatro abandonaban los escenarios. “En aquella época aún se actuaba, tenían grandes guiones. No había internet, ni DVD, fueron los 80 de oro”, comentaba a Times.

Actualmente Ron vive de la industria que se ha generado alrededor de la pornografía: desde papel de fumar, camisetas, reality shows hasta píldoras masculinas: “Voy a clubes de topless, nudistas, hago un par de chistes mientras las chicas se desnudan. Luego unos autógrafos, saludos, igual que un embajador de buena voluntad. Eso ha añadido un buen dinero mi cuenta bancaria".

Ron no quiere ser más una estrella del porno, así lo ha declarado en diversas ocasiones. Ron Jeremy es, en definitiva, un tipo de Queens que encontró un buen trabajo y que ahora, jubilado, sigue agradeciendo esa oportunidad, sigue cumpliendo sus compromisos con su pasado.




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