Historias

Así entré en los rincones más sórdidos de la red en pantuflas y pijama

Un viaje sin complejos por el internet más oculto y libre, de la mano de una hacker amateur

"El café comenzó a hacer algo de efecto a eso de las cinco de la mañana". Así empieza a contar Lucía Litjmaer su particular recorrido por ese lugar misterioso llamado deep web. El enorme territorio de internet que queda fuera de los buscadores y la vigilancia. Su experiencia ha quedado plasmada en Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ya, un pequeño libro digital que pronto editará Capitán Swing.

"Con la primera frase queríamos hacer un guiño a Miedo y Asco en las vegas. En los años 70, la frontera del nuevo periodismo era salir afuera y hacer algo. Queríamos explorar qué pasaba con esa idea hoy. ¿Cuál es el límite al que yo puedo llegar como periodista sin salir de mi habitación?", nos cuenta.

Un plan de ataque

La autora charló con nosotros en un lugar muy poco hacker

Así que, en lugar de elegir el campo abierto, ella decidió atravesar el espejo. El primer paso no le costó darlo, un amigo le introdujo sin problemas. "Entrar a la deep web es muy fácil. Te bajas Tor (un navegador cifrado), encriptas tu router y ya está. Pero yo jugaba con todos mis miedos. ¿Qué me va a pasar?, ¿va a venir el FBI a buscarme?".

Entonces se dio cuenta de que su primer límite estaba en su cabeza: eran las imágenes amenazantes que tenía en su cerebro. Imágenes que venían en su mayoría de unos medios de comunicación empeñados en reflejar siempre el lado más turbio de ese lugar sin ley.

"Empecé a leer sobre la Silk Road, sobre la venta de drogas, y me pareció interesante. Se hablaba mucho de eso en medios, pero yo quería desmitificar ese espacio, esa idea de que te venden cosas, de que todo es oscuro. ¿Qué pasa más allá del titular?".

Así, descubrió un mundo inagotable en el que lo más depravado se mezclaba con lo más hermoso. En el que poder leer todos los tomos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos o comprar kalashnikovs. En el que sí, hay pornografía, pero también activismo, ética y, sobre todo, hay libertad.

El caos profundo

Aaron Swartz es uno de los protagonistas del libro

Para cumplir esta doble función de explorar y desmitificar, Lijtmaer utilizó un método híbrido. "Fui combinando sesiones de deep web con investigación de casos importantes de la historia del activismo tecnológico".

Así, relata episodios como el primer hackeo político, varios proyectos artísticos que atacan megacorporaciones, o el trágico caso de Aaron Swartz, el activista que se suicidó tras ser condenado a 35 años de prisión por delitos de propiedad intelectual.

Y de paso nos cuenta cómo empezó entrando en la deep web debajo de una manta, atemorizada y a oscuras, y acabó haciéndolo tranquilamente a plena luz del día, como quien mira su Pinterest.

"Me sorprendí porque aquello se parece un montón a cuando yo me empecé a conectar a internet. No había google, no había un sentido de lo estético, la información la tenías que buscar en sitios donde había listas... En ese sentido, cuando encuentras algo valioso es oro. Es como el mundo antes de eBay, y mola un montón".

Claro que, advierte, tampoco te puedes meter en cualquier sitio como si nada.

Me sobran un par de glocks, ¿alguien las quiere?

"Yo fui muy cuidadosa. No fui a buscar pornografía en ningún momento. Sólo cuando entré en Torbook (la versión protegida de Facebook) me encontré alguna cosa que dije 'ay,cuidado", confiesa.

También se topó con algún que otro personaje sacado de Matrix. Como un señor suizo de mediana edad casado y con dos hijos que le dijo: "No hay otro sitio en el que estar. Lo otro no existe".

En persona, Lijtmaer se ríe y le quita hierro al asunto. "Dicen que la Deep Web está llena de enfermos, pero bueno, es que el mundo está lleno de enfermos".

Y continúa: "Tienes lo mejor y lo peor. Puedes comprar lo que quieras. No hay moral. Pero luego está el activismo online, que tiene una ética. Veías muchos foros donde había gente discutiendo sobre cómo combatir el problema de la pedofilia, o gente que hackeaba específicamente esas webs."

Ese mundo comprometido, muy en contacto con el del activismo de calle, fuera de las redes, fue el que realmente le fascinó. El que le hizo entender el potencial de una red alejada de los radares en un mundo cada vez más vigilado.

Campo de batalla: el código

Los hackers han venido a llevarse a tus niños

Lijtmaer lo tiene claro: "Hay que denunciar radicalmente el mal uso del término deep web por parte de los medios". Su empeño en no mostrarnos nunca el lado positivo de esta red debilita su importancia como herramienta de comunicación libre y de organización política.

"Al no querer investigar, crean una separación entre activismo físico y activismo virtual que no es real. La gente que está involucrada en luchas online generalmente también está muy metida en el otro activismo. Snowden o Wikileaks no podrían haber existido sin la deep web pero participan en un conflicto mucho más amplio. Aaron Swartz militaba en la calle contra la Ley SOPA. En el 15-M, por ejemplo, ha habido mucha gente de estos entornos digitales".

Todos ellos son contendientes en una guerra que en los últimos meses se ha puesto más violenta. "Las noticias sobre espionaje son aterradoras, si realmente nos paramos a leer lo que ha pasado en los dos últimos años. Y lo más terrorífico es que Estados Unidos está empezando a castigar a los activistas con penas muy severas."

Mientras tanto, medios y corporaciones se aprovechan de la mística y la ignorancia en torno a lo hackers para manipular la opinión pública. No es la primera vez que pasa. A principios de los 90 abundaban las películas en las que internet era todavía una red misteriosa llena de amenazas.

Tirarse de cabeza

Eso fue, claro, mucho antes de las redes sociales. Antes de que, como dice la escritora Meredith Haaf, nos pasáramos el día rellenando formularios y construyendo identidad a través del gusto.

Ahora que nuestra vida gira en torno a las pantallas, el enemigo tiene que volverse a elaborar. Pero al final, toda esa paranoia en torno a la deep web no son más que palabras. Como dice Litjmaer en un momento del libro: "Un coche puede ser una máquina de matar, pero no está diseñada para eso."

La deep web es, sobre todo, un lugar donde saborear la libertad de ser anónimo, con todo lo bueno y lo malo. ¿No será entonces que en realidad lo que más nos asusta es precisamente la libertad?

"Internet es como el océano. ¿Sabes cuándo se cayó el avión en Malasia? No saben dónde está, pero es que ¿cómo cojones vas a saber dónde está, si es como buscar una aguja en un pajar?".

Litjmaer nos entiende: verse suelto en ese mar puede ser sobrecogedor, pero ella prefirió dejarse llevar por la corriente, y explorar. Aprendamos de ello.

Lo que más nos aterra de lo desconocido es la posibilidad de que nos haga libres

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar