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Historias

"Mi papá es un cyborg”: historia íntima de un biohacker extremo

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Hablamos con Rich Lee, un tipo absolutamente normal que va a instalarse un motor en el pene

Natxo Medina

12 Febrero 2015 06:00

Cae la tarde sobre Washington City. Rich termina por fin su jornada laboral y se dirige a casa. Está ansioso por ver a su familia y retomar en seguida la creación de su nuevo invento: un dispositivo humilde pero que podría cambiar por completo la manera en la que vive el sexo. Se trata del Lovetron9000, un pequeño aparato pensado para ser implantado en la base del pene y convertir a su portador en un vibrador andante. Un invento de los muchos que bullen en la cabeza de Rich, de vocación biohacker.

Hace un par de años, este treintañero ya se instaló un par de pequeños imanes en las orejas que le permitían recibir impulsos sonoros. Como unos auriculares normales, sólo que por debajo de la piel. Además de eso, también se ha injertado imanes bajo las yemas de los dedos que le permiten sentir campos magnéticos. Uno lo imaginaría salido de una novela de ciencia-ficción, pero salvo por esa calva de mad doctor que se gasta, en su vida diaria es un tipo de lo más normal.


Mi mujer se preocupa. Tiene miedo de que me haga daño o acabe en prisión


“Tengo un trabajo muy aburrido en un almacén de mercancías”, nos cuenta. “Estoy casado y tengo dos hijos. A mis niños les encantan las cosas que hago. Me presentan a sus amigos con orgullo y les dicen 'Este es mi papá, es un cyborg'. Sin embargo mi mujer se preocupa. Tiene miedo de que me haga daño o acabe en prisión. Cuanto más sabe sobre lo que hago, más se preocupa. Así que no le cuento nada, y funciona.”

El Lovetron9000, en sus primeras fases de prueba

Sabiendo que el primer sujeto de prueba del Lovetron9000 será él mismo, no nos extraña que mantenga cierto secretismo. Y es que la implantación del dispositivo, todavía en fase de desarrollo, conlleva un riesgo: su cuerpo podría rechazarlo, con consecuencias nada agradables. “En el peor de los casos, se me pudrirá el pene y entonces me tendré que poner uno protésico", contaba en un foro.

Pero su aproximación al biohacking sigue una línea muy clara de ensayo-error. Es un grinder, biohackers que prueban dispositivos en ellos mismos, de espaldas a la cirugía convencional y la legalidad.

Hasta posicionarse en esta comunidad, la historia de Rich es la de una búsqueda. Criado en una ciudad pequeña de EEUU y de familia muy religiosa, pasa toda su infancia y adolescencia convencido de que Dios va a venir a por él. Pero a los veintipocos pierde la fe, se hace ateo y se refugia en el futurismo. Si no va a morir pronto, ¿por qué no vivir hasta los 300 años? La experiencia no le llena. Todo palabrería y poca acción. De ahí al biohacking queda un sólo paso: ponerse a estudiar.

“Todo lo que he aprendido hasta ahora ha sido de forma autodidacta. Escucho conferencias, peino internet. Todo lo que quieras saber está ahí. Todavía me considero un novato y frecuentemente confío en miembros de la comunidad para ayudarme.”

Grinders: hackeando los límites del cuerpo desde el salón de casa

Una comunidad que se caracteriza por ser heterogénea y abrazar la experimentación. "Vienen de orígenes muy diversos. Algunos tienen cresta, algunos bata de laboratorio, otros corbata. Los hay gordos, delgados, jóvenes, viejos... Atraemos a gente de la escena maker, aficionados a la modificación corporal, al piercing, así como a muchos del mundo BDSM. Todos llegan por distintas razones y nunca preguntamos por qué. Me recuerda un poco a El Club de la Lucha.

Cuando nos juntamos, solemos hablar sin parar de cómo hacer algún proyecto, obtener cierto componente, o hacer ingeniería inversa de alguna tecnología. Incluso llegamos a sacar nuestros kits quirúrgicos allí mismo, donde estemos, para poner implantes a la gente sobre la marcha, o nos ponemos a soldar circuitos en la acera. También nos vamos de fiesta, claro.”


Es un grinder, biohackers que prueban dispositivos en ellos mismos, de espaldas a la cirugía convencional y la legalidad



Resumiendo: gente corriente con pasiones muy poco convencionales. Una impresión que dista mucho de la imagen del hacker como sujeto peligroso que se vende desde ciertos medios. Al fin y al cabo, muchos de estos grinders sólo quieren mejorar la experiencia de ser humano mediante métodos que se salen de la norma.

¿Y qué hay más humano que el sexo? Por eso Rich mantiene una confianza sin fisuras sobre su trabajo con el Lovetron9000, que en el fondo funciona como un anillo vibrador, pero que, como sus auriculare,s va por dentro del pene y no por fuera. Con su proyecto, como mucho podría hacerse daño a sí mismo. Nunca a los demás.

“Cuando hablas de biohackers, muchos imaginan a un loco que quiere matar a todo el mundo con un virus modificado genéticamente. Esto es muy improbable. La verdad es que cuanto más sabes sobre biología, menos miedo tienes de algo así. Sin embargo los gobiernos, las corporaciones y los medios se ceban en la ignorancia del público y muchas veces equiparan biohacker con bioterrorista.”

Ojos biónicos para un mundo más justo

La gran preocupación de Rich y de muchos otros grinders no es destruir la civilización sino todo lo contrario. Quieren asegurar que todos los avances biotecnológicos que puedan mejorar nuestras vidas en los próximos años estén al alcance del mayor número de personas posibles.

“Muchos compartimos ciertos sentimientos anarquistas y sobre todo una cierta ética. Si se inventa una cura para la edad sólo asequible para el 5% más rico, entonces la piratearemos y publicaremos métodos DIY para que todo el mundo pueda hacerlos por sí mismos a una fracción del coste. Puedo respetar los argumentos sobre la propiedad y el mercado libre hasta cierto punto, pero el valor humanitario les pasa por encima en la mayoría de casos.”

De todos modos, esto no es algo que vaya a ocurrir en breve. “El biohacking está en su infancia y normalmente nos cuesta horrores conseguir incluso la cosa más simple, como hacer que las bacterias huelan a plátano. Para establecer comparaciones con la historia de los ordenadores, nosotros estaríamos en la fase en la que estaban los primeros phreakers, que hackeaban teléfonos.”


Imagina que eres una mujer cuyo novio tenía un implante. ¿Y si no quisieras volver a un novio 'normal'?



Pero entonces, ¿cuándo podremos comprobar si el Lovetron9000 funciona?, ¿tendremos que esperar una eternidad a que la tecnología evolucione? Parece que no.

“Hay toda una lista de cosas en las que estoy trabajando y, de hecho, he recibido ya bastantes consultas sobre él. Cuando haya desarrollado más el proyecto lo pondré a disposición del público.”

El hombre-máquina: ¿cosa del futuro?

Pero aún en el caso de que todo vaya bien, ¿cree realmente que arriesgar el pene será algo que pueda llegar al mainstream? Rich se muestra confiado en ese sentido, sobre todo si se consigue llevar la tecnología hasta un punto en que resulte cien por cien segura.

"Imagina que eres una mujer cuyo novio tenía un implante. ¿Y si no quisieras volver a un novio “normal”? Me imagino llevando a tu nuevo novio a instalarse un Lovetron9000 por unos cientos de dólares.” El inventor no va tan desencaminado. Teniendo en cuenta que la industria de los juguetes sexuales movió catorce mil millones de euros el año pasado, y que recientes encuestas señalan que el 25 por ciento de los millenials usarían wearables sexuales si mejorasen la experiencia, parece cada vez más claro que la frontera entre sexo y tecnología se está borrando a marchas forzadas.

Mientras ese momento llega, Rich seguirá gestando ideas que algunos verán peligrosas y otros geniales. Incluídos otros ingenios sexuales.

"El campo de exploración sigue siendo muy amplio. Yo mismo propuse un modelo para un estimulador espinal. Se podría hacer mediante un químico que elimina el tiempo de recuperación después del orgasmo, permitiéndote tener clímax contínuos. No tengo ni idea de si eso tendría algún impacto en la eyaculación. Hablando de esto, hay gente que está intentando conseguir semen de sabores. Y por cierto, he oído que necesitan testers."

¿Alguien se anima?


La próxima revolución sexual ocurrirá debajo de la piel y tendrá forma de microchip



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