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Historias

Antes de Martin Luther King, ellas ya estaban haciendo la revolución

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Mujeres y negras, pero sobre todo libres y valientes: 6 rostros imprescindibles de la lucha por los derechos civiles

Natxo Medina

24 Febrero 2015 06:00

ilustración de Loris Lora

El sábado pasado se cumplieron 50 años del asesinato a sangre fría de Malcolm X. El domingo, Selma competía como mejor película en los Oscar, recordando al mundo aquellas importantes marchas ciudadanas lideradas por Martin Luther King ese mismo año, 1965. De pronto Estados Unidos parece que Estados Unidos se despierta y recuerda la importancia de sus líderes negros y del movimiento que ayudaron a cimentar.

Pero no olvidemos que no hicieron todo su trabajo solos. Antes de que ellos llegaran, hubo muchos otros revolucionarios. Y también muchas revolucionarias. Mujeres fuertes y decididas, involucradas en los eventos de su tiempo, que se negaron a aceptar las duras condiciones en las que les tocó vivir. Y gracias a cuyo trabajo infatigable comprendemos que un mundo mejor debe ser siempre conquistado en igualdad. Recordémoslas.

Harriet Tubman (1822-1913)

Araminta Ross nació en Maryland, Nueva Inglaterra, siendo ya una esclava. Sus padres y sus ocho hermanos también lo eran. En 1844 se casó con un hombre libre, del que tomó su apellido. Cinco años después, muerto su amo de entonces, escapó. Recorrió a pie 150 kilómetros hasta llegar a Pennsylvania, a través de una red clandestina de casas y caminos conocida como la Underground Railroad. Era la misma red que ella y otros activistas utilizarían durante años para ayudar a escapar hacia el norte a más de un centenar de esclavos. Como mujer libre, Harriet luchó en la Guerra Civil Americana del lado de los abolicionistas y en sus últimos días todavía aún tuvo tiempo de participar en el movimiento por el voto de la mujer.

Tenía derecho a una de dos cosas, la libertad o la muerte; si no podía tener una tendría la otra”.

Lucy Parsons (1853-1942)

Dijeron de ella que era “más peligrosa que mil manifestantes”. Y es que Lucy Parsons lo tenía todo para asustar al poder: era mujer, negra, sindicalista y anarquista. También se la recuerda como una poderosa oradora. Junto a su marido Albert Parsons fundaron el periódico The Alarm. La ejecución de él, acusado de haber conspirado en la famosa matanza de Haymarket, sólo la convenció para radicalizar aún más su discurso a favor de los derechos obreros. Participó en la fundación del sindicato Industrial Workers of the World y hasta su muerte fue arrestada muchas veces por dar discursos públicos o repartir literatura anarquista.

Oh miseria, he bebido de tu copa de pena hasta los posos. Pero sigo siendo una rebelde”.

Rosa Parks (1913-2005)

A veces, un gesto muy pequeño puede inflamar las conciencias de todo un país. El 1 de diciembre de 1955 Rosa Parks hizo uno de esos gestos. No se levantó de su asiento del autobús cuando un pasajero blanco se lo requirió. Estaba violando la ley de segregación racial del estado de Alabama, y fue llevada a juicio por ello junto con otras mujeres que por aquel entonces habían empezado a rebelarse. Por el camino se convirtió en uno de los grandes símbolos de la lucha por los Derechos Civiles, colaborando con líderes del movimiento como Edgard Nixon o Martin Luther King, y trabajando durante años tanto para la NAACP como para los Panteras Negras.

“La gente dice que no me levanté del asiento sólo porque estaba cansada. Eso no es cierto, si estaba cansada de algo, era de rendirme”.

Maya Angelou (1928-2014)

La vida de Marguerite Annie Johnson fue un tumulto. En los 86 años que pisó la tierra le dio tiempo de ser poeta, cantante, bailarina, activista y actriz, publicar discos, escribir tres libros de ensayos, vivir en California, Nueva York, El Cairo o Accra y hacerse amiga íntima de Malcolm X, Martin Luther King y Oprah Winfrey. No nos extraña que acabara escribiendo hasta 7 autobiografías. En sus obras literarias trató temas como la desigualdad racial, la libertad,el amor, la identidad o la familia.

“Me encanta ver cómo una chica joven coge el mundo por las solapas. La vida es una perra. Tienes que salir ahí fuera y patearle bien el culo”.

Assata Shakur (1947)

Nació Joanne Chesimard, pero cuando se afilió al Black Panther Liberation Army cambió su nombre por el de Assata Olugbala Shakur. Ha sido una importante activista por los derechos humanos la mayor parte de su vida. En 1973 fue acusada del asesinato de un policía de Nueva Jersey y condenada a 26 años de prisión. Después de fugarse, acabó en Cuba donde reside desde 1984. En 2013 el FBI la situó en la lista de los terroristas más buscados y puso precio a su cabeza: 1 millón de dólares. Aunque ella ha reclamado infatigablemente su inocencia, y ya tiene 67 años, su condición legal actual es dudosa. Se declara “una esclava fugitiva del siglo XX”. Y sí, era medio tía del fallecido rapero Tupac Shakur.

“He declarado la guerra a los ricos que prosperan en nuestra pobreza, los políticos que nos mienten con una sonrisa en la cara, y todos los robots sin mente ni corazón que los protegen a ellos y a su propiedad”.

Angela Davis (1944)

Como Rosa Parks, Angela también nació en Alabama. Creció en un barrio llamado Dynamite Hill, conocido por sus conflictos raciales. Aquel nombre explosivo fue premonitorio. Tras formarse en filosofía en Nueva York, Frankfurt y París, volvió a Estados Unidos para ser profesora en la UCLA, miembro del Partido Comunista y colaboradora de los Panteras Negras. Tan peligrosas amistades le llevaron a ser involucrada en un asesinato que no cometió y a pasar más de un año en la cárcel en 1970, hasta que la presión popular obligó a cambiar el veredicto. Desde entonces no ha parado de viajar, escribir, dar clases, y ofrecer conferencias, siempre desde el apoyo a la izquierda radical.

“La revolución es una cosa seria. Lo más serio en la vida de un revolucionario. Cuando uno se compromete, debe ser para toda la vida”.


Hasta sus compañeros de revolución quisieron silenciarlas. Pero su grito era demasiado fuerte y llega hasta nosotros



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