Historias

7 razones por las que mudarse NO es un infierno

… y otras 7 por las que odiarás aún más mudarte

La mudanza, ese rito de paso. Quien más quien menos lo ha hecho alguna vez. Y todos sabemos que aunque lo hagas por una buena razón y no porque te persigue el casero, mudarse es como que te saquen una muela, pero peor. Incluso si tienes ganas, porque finalmente puedes emanciparte, porque has encontrado la pareja de tu vida o porque necesitas cambiar de aires, una mudanza significa gastar dinero, organizar mil cosas y dejarte el físico. Eso si no tienes problemas con la ley y por el camino nada explota. Esto lo sabemos todo, pero... ¿no hay ninguna razón para que alguien pueda disfrutar de una mudanza? En Playground tenemos espíritu positivo, y hemos conseguido dar con unas cuantas. A cada cara, su cruz.

1. Te dan fiesta en el curro...

La razón fundamental que explica todas las demás: una mudanza es salir de la rutina y perder de vista a tu jefe por un rato.

2. … Pero tienes que volver

Al día siguiente, sin casi dormir y con el cuerpo dolorido, estarás en el trabajo totalmente zombie preguntándote si todo el jaleo mereció la pena.

3. Puedes tirar mucha basura inútil...

No te das cuenta de toda la chatarra absurda que acumulamos día a día hasta que tienes que meterla en cajas. ¿Un consejo? No tengas piedad, tira todo lo que puedas.

4. … Pero seguro que pierdes algo de valor

En toda mudanza acabas perdiendo algo sin querer. Nunca sabrás qué fue de tu jersey favorito pero sospechas que ahora lo estará mordisqueando alguna rata.

5. Tus padres sueltan guita...

Cuando el polluelo sale del nido, a los padres les pilla la congoja y suelen volverse generosos de pronto. Y tú de pronto te acuerdas de que tienes padres.

6. …Pero no te llega ni para vasos del IKEA

Tus padres, afortunados, se hicieron adultos en un mundo de seguridades económicas en el que todo era más barato y mejor. A ver quién les explica lo que cuesta alquilar tu cuchitril.

7. Haces ejercicio...

Carga sofá, deja sofá, desmonta armario, mete cajones, conduce coche, sube escaleras... Y todo en pleno calorazo veraniego. Nada como sudar la gota gorda para bajar la panza.

8. … Pero te sientes viejo

Después de tanto ir y venir, descubrirás que ya no tienes la fuerza de antes, ni las ganas de antes, y de que alguien ha cambiado tu espina dorsal por una tabla de planchar.

9. Vives aventuras

Por ejemplo conocer a tus vecinos, a los que has estado ignorando vilmente durante años y que de pronto se cruzan contigo en el rellano. Resulta que son bastante majos, y tú una mala persona.

10. … Pero a veces se te va de las manos

Perder un colchón que llevas atado al coche en plena autopista puede ser algo de lo que te rías con el tiempo, pero en el momento el ataque de pánico está asegurado.

11. Descubres el mundo real...

Saber cuanto cuesta alquilar una furgoneta, cómo se desmonta un armario o cuál es la mejor manera de encajar diecisiete sillas y un sofá en un Smart son todo conocimientos útiles.

12. … Pero el mundo real también te descubre a ti

Descubrir el asco que dan las agencias inmobiliarias, los teleoperadores y ese policía que ha decidido pararte porque viajas como si te fueras al lejano oeste son recordatorios del mundo loco en el que vives.

13. Ves a los colegas...

Unos amigos se cambian de casa y te tientan a ir para allá con cerveza y patatuelas. Hace mucho que no los ves y te alegras por la invitación. Y por la borrachera final que visualizas.

14. … Y ves a los colegas

De pronto te encuentras con un rodillo en la mano pintando paredes. Pero no te quejes, todo se lleva mejor en compañía. ¿De qué nos servirían todas estas historias si no pudiéramos contarlas?

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